18 Mayo 2004 Seguir en 
A principios del siglo XVI el escritor italiano Ludovico Ariosto imaginó a un paladín que descubría en la Luna todo lo que se perdía en la Tierra: las lágrimas, los suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos. Tal vez los adolescentes tucumanos deban hoy buscar en la Luna esas escenas de la vida que se han perdido por gastar las horas en actividades poco académicas, como navegar sin timón por el vasto mar de la internet. El caso de las alumnas de un respetable colegio privado de Tafí Viejo, que fueron sorprendidas en un cibercafé mirando pornografía y chateando en plena hora de clase, es sólo un ejemplo de lo que sucede con una gran parte de los estudiantes argentinos.
Hoy, el 80% de los chicos accede directamente a internet sin control de los padres. Más aún: según un estudio realizado por la consultora Prince & Cooke, el 45% de los padres ni siquiera conoce cuánto tiempo pasa su hijo frente a la PC. Esta desatención del asunto por parte de los adultos fue tema de debate en la mayoría de las provincias del país, donde el problema se ha vuelto realmente alarmante. La encuesta reveló también que el 18% de los chicos concurre a cibercafés, pero sólo uno de cada 10 chicos lo hace acompañado por sus padres. Los datos son reveladores, sobre todo si se tiene en cuenta que las horas dedicadas a la red de redes son restadas de sus horas de estudio. En vez de ejercitar el diálogo, chatean; en lugar de leer un buen libro, juegan.
En la mayoría de las ciudades (incluyendo Tafí Viejo, cuyo Concejo Deliberante ya sancionó la ordenanza), los cibercafés están obligados a instalar filtros y a dividir con paneles el sector para los mayores de 18 años. Y la gran mayoría de los establecimientos cumple con la ley. Sin embargo, los filtros distan de ser infalibles y los sectores suelen ser burlados. Hay sitios pornográficos camuflados con direcciones que incluyen palabras que buscan los chicos. Por eso, los propietarios de cibercafés a veces deben transformarse en vigilantes de los adolescentes que en ocasiones pasan más de seis horas frente a la computadora.
Pero la responsabilidad de lo que ven los chicos no les cabe a los empresarios, sino a los padres. Un chico que se sitúa, en soledad, frente a la computadora conectada en internet, puede hacer cosas que jamás haría frente a otra persona. Las adolescentes taficeñas admirando las virtudes físicas de un modelo masculino desnudo, es sólo una anécdota si se tiene en cuenta el peligro latente que encierra el mal uso de internet. Si bien hasta ahora no se denunció ningún delito cometido contra menores mediante el uso de la red (la pornografía infantil es previa a la aparición de internet), la posibilidad existe. Sobre todo, a través del chateo, principal uso que dan los chicos a Internet. El chat es un programa que permite conversar con otras personas en tiempo real. Los chicos lo utilizan para charlar con sus amigos o para conocer gente nueva; pero un adulto bien podría hacerse pasar por un menor y sonsacar datos privados de la familia; o citar al chico y tenderle una trampa. Del mismo modo, un menor podría presentarse como adulto, en un foro sobre sexo.
Sin embargo, son pocos los padres que dan consejos o advierten de estos peligros a sus hijos, y apenas un 23% los que les permiten conectarse sólo si ellos están presentes. Ni qué hablar de la escuela, donde el tema suele ser abordado de forma tangencial. Pareciera que los criterios que se aplican en la vida real (como el consejo "No hables con desconocidos"), no se aplican en el mundo virtual. A los padres les preocupa, pero no hacen demasiado al respecto. Por eso, las ordenanzas deberían estar acompañadas por una campaña de concientización que involucre, en primer lugar, a los padres, y en segundo lugar, a los maestros. De lo contrario, todo esfuerzo será virtual.
Hoy, el 80% de los chicos accede directamente a internet sin control de los padres. Más aún: según un estudio realizado por la consultora Prince & Cooke, el 45% de los padres ni siquiera conoce cuánto tiempo pasa su hijo frente a la PC. Esta desatención del asunto por parte de los adultos fue tema de debate en la mayoría de las provincias del país, donde el problema se ha vuelto realmente alarmante. La encuesta reveló también que el 18% de los chicos concurre a cibercafés, pero sólo uno de cada 10 chicos lo hace acompañado por sus padres. Los datos son reveladores, sobre todo si se tiene en cuenta que las horas dedicadas a la red de redes son restadas de sus horas de estudio. En vez de ejercitar el diálogo, chatean; en lugar de leer un buen libro, juegan.
En la mayoría de las ciudades (incluyendo Tafí Viejo, cuyo Concejo Deliberante ya sancionó la ordenanza), los cibercafés están obligados a instalar filtros y a dividir con paneles el sector para los mayores de 18 años. Y la gran mayoría de los establecimientos cumple con la ley. Sin embargo, los filtros distan de ser infalibles y los sectores suelen ser burlados. Hay sitios pornográficos camuflados con direcciones que incluyen palabras que buscan los chicos. Por eso, los propietarios de cibercafés a veces deben transformarse en vigilantes de los adolescentes que en ocasiones pasan más de seis horas frente a la computadora.
Pero la responsabilidad de lo que ven los chicos no les cabe a los empresarios, sino a los padres. Un chico que se sitúa, en soledad, frente a la computadora conectada en internet, puede hacer cosas que jamás haría frente a otra persona. Las adolescentes taficeñas admirando las virtudes físicas de un modelo masculino desnudo, es sólo una anécdota si se tiene en cuenta el peligro latente que encierra el mal uso de internet. Si bien hasta ahora no se denunció ningún delito cometido contra menores mediante el uso de la red (la pornografía infantil es previa a la aparición de internet), la posibilidad existe. Sobre todo, a través del chateo, principal uso que dan los chicos a Internet. El chat es un programa que permite conversar con otras personas en tiempo real. Los chicos lo utilizan para charlar con sus amigos o para conocer gente nueva; pero un adulto bien podría hacerse pasar por un menor y sonsacar datos privados de la familia; o citar al chico y tenderle una trampa. Del mismo modo, un menor podría presentarse como adulto, en un foro sobre sexo.
Sin embargo, son pocos los padres que dan consejos o advierten de estos peligros a sus hijos, y apenas un 23% los que les permiten conectarse sólo si ellos están presentes. Ni qué hablar de la escuela, donde el tema suele ser abordado de forma tangencial. Pareciera que los criterios que se aplican en la vida real (como el consejo "No hables con desconocidos"), no se aplican en el mundo virtual. A los padres les preocupa, pero no hacen demasiado al respecto. Por eso, las ordenanzas deberían estar acompañadas por una campaña de concientización que involucre, en primer lugar, a los padres, y en segundo lugar, a los maestros. De lo contrario, todo esfuerzo será virtual.
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