La información imprescindible para que disfrutar de la pileta sea sano y seguro

La correcta cloración protege de hongos y bacterias. Hay que cuidar los pies, los ojos y los oídos. Ducha y revisación médica.

25 Ene 2018
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COMO DEBE SER. Un adulto que cuida de los niños, gorros y antiparras son algunas de las medidas para prevenir accidentes y enfermedades. la gaceta / foto de florencia zurita (archivo)

Los veranos tucumanos sin piletas serían un verdadero infierno. Por otra parte, esas piletas permiten realizar lo que se considera una de las actividades físicas más completas, pues se pone en juego una gran cantidad de músculos. Así que es una verdadera suerte que haya un montón de piletas públicas y semipúblicas funcionando.

Pero, como en todo, hay que tener cuidado, porque pueden ser caldo de cultivo para enfermedades. Sucede que, incluso habiéndose tomado todos los recaudos necesarios, los usuarios “aportan” gérmenes o parásitos que quedan en el agua. Y cuanto más elevada sea la temperatura, más fácil es que se reproduzcan. Así que, primera medida para protegerse y proteger a los demás: jamás olvidarse de la ducha, antes y después de salir de la pileta.

Agua sana

César Madkur, pediatra del Hospital de Niños, afirma que una de las claves para prevenir enfermedades típicas del verano es el correcto clorado de las piletas, y destaca que no siempre está bien controlado. “Si la cantidad de cloro no es suficiente, bacterias y virus podrán reproducirse y transmitirse -advirtió-. Por ejemplo: los chicos suelen tragar agua de la pileta. No es la única causa de las gastroenteritis de verano, pero tiene una incidencia importante”. Claro que -advirtió- es imprescindible un equilibrio, porque el exceso de cloro es dañino: lo sufren los ojos, la piel... Para lograr ese equilibrio no hay un receta exacta, explicó el ingeniero Walter Castellanos, responsable del Programa de Calidad de Agua y Habilitación de Natatorios de Uso Público, del Siprosa, y destacó que todas las piletas, públicas y privadas (y de estas, incluso las de lona), deben ser cloradas.

“La cantidad de cloro, especialmente en las piletas grandes, depende de varios factores -dijo-, pero se puede calcular, estimativamente, una relación de 100 cm³ de cloro por cada m³ cúbico de agua”. “En general se recomienda clorar por las noches, cuando la pileta deja de usarse, para garantizar mayor tiempo de contacto de todo el volumen del agua con el cloro, ya sea que se use líquido (hipoclorito de sodio) o en pastillas (hipoclorito de calcio)”, agregó. Hay otra medida que es imprescindible para asegurar un agua sana: tanto Madkur como Castellanos advirtieron que, si se visitará una pileta pública o semipública, hay que asegurarse de que se hacen revisaciones médicas regulares y exhaustivas, para evitar usuarios portadores de enfermedades que puedan transmitirse.

La experiencia le indica a Madkur que, de la mano de las piletas, en verano crecen los casos de otitis externa, conjuntivitis, micosis, diarreas agudas y pediculosis. Estas afecciones pueden ser prevenidas y, si se producen, hay cómo combatirlas (ver recuadros).

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