“Me gusta el juego actual, pero no la tecnología”

“Cacho” Valdez, referente histórico de Universitario, disfruta de la dinámica del rugby moderno, pero no del TMO

24 Ene 2018
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ARCHIVO. “Cacho” tiene historias como para una enciclopedia de varios tomos. Algunas están enmarcadas en su casa. la gaceta / foto de inés quinteros orio

No se deje engañar por el título de esta entrevista: Carlos Valdez no es de los que vive mirando hacia atrás, entre añoranzas de un pasado que se fue y no volverá. Por el contrario, a sus 85 años, muestra una jovialidad envidiable, y disfruta más de hablar del presente y del futuro. Y eso que de historia, puede hablar largo y tendido, porque al rugby tucumano lo conoce casi desde que nació. Al vínculo entre “Cacho” y la ovalada le faltan tres años para cumplir las bodas de brillantes (75 años), pero no muestra signos de desgaste.

“El viejo suele ser un tipo jodido, porque vuelve permanentemente sobre el pasado. Cree que la felicidad está en lo que le pasó antes y ahí se queda”, recrimina “Cacho”, y confiesa que la gran mayoría de sus amigos no son viejos. “Casi no hay contemporáneos. Algunos ya se murieron y otros tienen una forma de pensar que no comparto”, explica, con la frontalidad que lo caracteriza.

Aunque durante la semana no se llega por Universitario porque no tiene en qué, y tomarse un taxi desde el centro hasta allá cuesta una fortuna, los fines de semana no falta y está muy pendiente de todo lo que pasa en su club. Y del rugby en general también. “Me gusta ver los partidos por la ‘tele’, los grabo a todos. De la URBA, de Francia, de Inglaterra...y lo mejor es que puedo rebobinar las jugadas. Me gusta analizarlas”, comenta.

Es curioso: su relación con la tecnología, a diferencia de la que tiene con el rugby, tiene sus altibajos. A veces se llevan bien, y otras veces no. Por ejemplo: además de grabar los partidos, le permite informarse cada mañana. “Cacho” es un asiduo lector y forista de LA GACETA online. “Para mí no hay como el diario papel, pero me lo vivían robando de la puerta del edificio”, lamenta.

Errar es humano

Donde no le cuadra tanto la tecnología es en la cancha. “No soporto los elementos tecnológicos que se introdujeron. No me gustan el TMO ni el VAR. ¿Sabés por qué? Porque aunque reconozco que pueden ser útiles, me parece que conspira contra la esencia. Yo te pregunto: cuando vos jugás, ¿no te mandás macanas también? Yo prefiero que me juzgue un tipo que está adentro de la cancha y se equivoque igual que yo”, desarrolla su punto de vista “Cacho”, que de todos modos asegura disfrutar del rugby moderno. Incluido el nuevo scrum, que casi no tiene disputa y que resulta casi un sacrilegio para los puristas de la ovalada. “A mí me encanta, qué querés que te diga. Me gusta que se la juegue rápido a la pelota. Si de mí dependiera, también modificaría algo que a Tucumán le sirvió mucho para llegar a ser lo que es en el rugby argentino.

- Que es...

- ...el maul. Acá se lo inventó. Cuando era entrenador, proponía un maul dinámico, no ese amontonamiento donde lo van cubriendo a uno que tiene escondida la pelota. No me gusta. La pelota está hecha para pasarla, es linda verla cuando vuela. Por eso me gustaría que eso se modificara también, para que se termine esa rosca desprolija. Hay que permitir que la pelota salga limpia y rápido, hay que poner la belleza del juego por encima. Y eso es lo que hoy pide la televisión: algo que sea atractivo incluso para el espectador que no acostumbra a ver rugby. De todas maneras, reconozco que el maul de Tucumán me sirvió como dirigente. Para construir una verdadera Unión Argentina de Rugby, en la que Tucumán tuviera peso, era fundamental ganarle siempre a los porteños y a todos los que vinieran. Y el maul nos permitió eso.

“Cacho” asegura estar sorprendido por la vertiginosidad con la que se viene transformando el rugby a nivel UAR. “Jamás me imaginé que en tan pocos años iba a pasar de ser amateur a manejar este nivel de profesionalismo”, confiesa. Sin embargo, no comulga con algunos de esos cambios: “me cuesta mucho entender ciertas cosas. Cuando vos hacés un negocio con alguien, la idea es que las dos partes tengan un beneficio. Y yo no veo esa reciprocidad hoy en la estructura del rugby argentino, en el que la parte profesional se está nutriendo y haciendo plata con el trabajo de los clubes. Me hablan de la famosa pirámide y sinceramente no sé si la están poniendo con la punta para abajo y la base para arriba. No me cierra, honestamente”.

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