La acción transcurre en un futuro cercano. La palabra escrita ha sido abolida; los libros están prohibidos y un singular cuerpo de bomberos tiene la misión de encontrar los pocos ejemplares que algunos rebeldes conservan escondidos. Los ejemplares se queman y el destino que les espera a los bibliófilos no es de envidiar. La imagen ha reemplazado al texto por completo; la televisión es protagonista insustituible en todos los hogares y logra un nivel altísimo de interacción con los espectadores.
Ray Bradbury pintó esta descripción de la sociedad en su novela "Farenheit 451", titulada así porque esa es la temperatura a la que arde el papel. El relato fue llevado magistralmente al cine por François Truffaut en 1966. Aunque sonó a premonición hace medio siglo, cuando el autor imaginó la trama, hoy es casi realidad con el dominio de internet y de las comunicaciones satelitales. Se percibe una suerte de desprecio por la palabra escrita, y se privilegia el impacto de la imagen. La premura por "dar la primicia" propicia el comentario improvisado, cuyo carácter efímero -propio de la comunicación oral- conspira contra la profundidad del análisis.
La aceptación de este modo de percibir y de filtrar la realidad es inversamente proporcional a la edad del sujeto. El hábito de la lectura parece exclusivo de los sectores integrados por los adultos y por los adultos mayores. De acuerdo con un estudio realizado por la Newspaper Association of America, los pocos chicos que leen noticias prefieren las informaciones breves; pero en general, los menores de 20 años se burlan de los que leen diarios, porque los consideran "nerds". El término suplanta al ya caduco calificativo de "traga" que proponía nuestro lunfardo.
No se trata de un tema menor ni es simplemente una preocupación de quienes hacen estudios de mercado para las publicaciones impresas. Un análisis realizado en la Universidad de Harvard vincula la calidad de la democracia con los hábitos de lectura de la población. De acuerdo con los resultados de estas investigaciones, las democracias más desarrolladas están asentadas en núcleos de población en los que se registran índices altos de lectura de diarios y revistas. Esto ocurre, por ejemplo, en Japón, Islandia, Finlandia, Suecia o Noruega, donde un 75% de los habitantes son lectores habituales de periódicos. En estos países no gozan de gran aceptación los géneros vinculados con el entretenimiento y tampoco los telediarios. Siempre de acuerdo con la investigación, las poblaciones que prefieren informarse a través de la televisión y prácticamente han prescindido de la lectura de medios escritos viven en democracias empobrecidas, en las que se observa una fuerte injerencia de los gobiernos sobre el trabajo de la prensa. El estudio pone como ejemplos a Grecia, Turquía, México o Polonia. Al parecer, la Argentina se encuentra en un punto intermedio entre estos dos extremos. Pero se percibe el envejecimiento de la población que prefiere la lectura a los "entretenimientos electrónicos" o que recurre a textos escritos (periódicos o revistas) como medio habitual para obtener información.
Definitivamente archivados parecen los tiempos en que los estudiantes mostraban interés por aprender otros idiomas además de su lengua nativa, con el fin de disfrutar los textos de diferentes autores en su versión original.En la novela de Bradbury, el bombero Guy Montag comete el "error" de interesarse por uno de los libros que descubre y comienza a leerlo, en lugar de cumplir con la orden de destruirlo. Esta experiencia lo transforma de tal manera que abandona su trabajo para unirse a los "hombres-libro", un grupo de personas que aprende los textos de memoria con el objetivo de impedir que se pierdan definitivamente.
Parece inconcebible que un Estado prohíba la existencia de los libros. Pero no es imposible imaginar que la pérdida del hábito de la lectura genere una sociedad en la que ni siquiera sea necesario apelar a tal extremo de censura. Recordar la historia de Montag puede evitar que esa realidad nos alcance.
16 Mayo 2004 Seguir en 
Por Juan Carlos Di Lullo
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