Con tics demasiado conocidos

El Presidente debe recuperar la confianza de la gente.

16 Mayo 2004
Por Hugo E. Grimaldi

BUENOS AIRES.- Mal que le pese en su intento de encabezar la nueva política, está claro que, a un año de haberse instalado en la Casa Rosada, Néstor Kirchner no se puede despegar de algunos tics de sus antecesores, que entorpecen claramente su gestión. Tan pícaro para construir poder como Carlos Menem; tan excesivamente enamorado del Estado como Eduardo Duhalde; tan intolerante como Raúl Alfonsín y tan obsesivo y falto de timing como Fernando de la Rúa, hoy el Presidente supera a todos ellos en materia de credibilidad, pero parece comprometer su futuro si se deja ganar por esos cuestionables atributos.
Mientras la luna de miel duró a pleno, esos contrapesos se mantuvieron latentes; pero apenas las crisis de seguridad y de la energía sacudieron el árbol de la opinión pública, los cuestionamientos afloraron severamente y comenzaron las odiosas comparaciones.
En materia de tejido político, al igual que Menem lo hizo por derecha, está muy claro que el santacruceño buscó sumar por izquierda a los que se ha dado en llamar los transversales de la política. Ahora, con el ex presidente casi jubilado (y en ausencia) y para ensanchar su base de sustentación dentro del PJ, paralelamente Kirchner apunta a rescatar a simpatizantes más o menos confesos del menemismo.
La semana pasada lo hizo con Carlos Reutemann y en la que se inicia hablará con Rubén Marín; ambos ven en Duhalde a un enemigo más difícil de digerir que el propio Kirchner. Viejo como la política, un clásico del peronismo es la frase "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" y a ellos hoy apunta sin sonrojarse el Presidente.

Mayor resistencia
Está claro que el justicialismo de la década del 90 no se le resistió tanto a Menem como hoy lo hace con Kirchner, quizás porque por entonces el riojano manejaba a su gusto el partido y porque su vicepresidente era el bonaerense.
Precisamente, con el caudillo de Lomas de Zamora, el Presidente comparte su visión más peronista del manejo del Estado, aunque hay que reconocer a favor de Kirchner que este diferencia mucho mejor que su antecesor el actual rol del sector privado y la globalización que impera en el mundo. El punto que más le cuesta a Kirchner enderezar es su obsesión por ver detrás de cada columna a un enemigo en potencia, dispuesto a minar su poder, tal como le ocurría a Alfonsín. Y en esa bolsa suma habitualmente a empresarios y a periodistas, a quienes fustiga desde las tribunas con diatribas similares a las que la intemperancia del radical utilizó hace dos décadas desde el púlpito de la Catedral y hasta en los jardines de la Casa Blanca. A De la Rúa, gobernante y político, Kirchner se le parece en dos cuestiones. Una, estrictamente de desconfianza (el Presidente lee y relee todo, tanto como el aliancista subrayaba), lo que los emparenta en la toma personal y lenta de decisiones. Y, en el otro aspecto, en lo que hace al gusto compartido por la difusión de megaactos y lanzamientos, que De la Rúa dejaba en el arcón de las buenas intenciones (hubo un plan de exportaciones que se lanzó al menos tres veces durante su gobierno) y que en el caso Kirchner habrá que ver.
En los anuncios de medidas para paliar las crisis energética y de seguridad que maduraron al calor de la inacción oficial, se trató de salir del atolladero de la misma manera y con la misma escenografía: un acto de lanzamiento en el Salón Blanco, de tono más político que técnico, con ministros y gobernadores sentados a su alrededor y con promesas múltiples a mediano y largo plazo en ambas cuestiones. ¿Habría que esperar entonces un show similar para otra cuestión que tarda en resolverse, como es la reestructuración de la deuda?
En este punto, ante la velocidad de los cambios que están sucediendo en el mundo en materia económica (mayor inflación y suba de tasas en los EE.UU.; peligro de reestructuración en la deuda brasileña; disminución del crecimiento pautado en China, etc.) y que van a impactar en la Argentina, todo indica que se perdió el tren del mejor momento para salir del default. Hoy, el FMI presiona para fijar un superávit creciente para los próximos años y para definirlo en junio, junto con los anuncios del menú definitivo que propone el Gobierno a los acreedores, mientras que Economía quiere negociar más adelante. Con respecto al porcentaje de quita, los expertos especulan con que, en promedio, la Argentina no bajará de 75%, pero no ya del valor nominal de los bonos, sino del valor presente, lo que implicará reconocer más dólares por cada título defaulteado, sin minar la palabra presidencial.

La "garrafa social"
Igualmente, es sabido que no todo puede ser arreglado con marketing cuando las matemáticas están presentes. El "gato por liebre" que se quiso vender en el caso de la "garrafa social" fue la frutilla del postre del inconcebible manejo de la crisis energética: con apenas 600 comercios sobre 60.000 (1%); con un promedio de 7.000 clientes por lugar para surtirse a $ 18 y con una solicitada prohijada por el Gobierno que dolorosamente manda a los necesitados a consultar los lugares de venta a una dirección de internet.
¿Qué puede diferenciar de aquí en más al Presidente? Para decirlo con palabras de Duhalde, quien le aconsejó elegir al FMI y no a él como enemigo, ¿en qué batalla singular le convendría "inmolarse" a Kirchner para distinguirse y comenzar su segundo año de gobierno con el reconocimiento de la sociedad? Sin dudas, con una reforma política que marque una sana ruptura con las estructuras caducas y con las prácticas más repudiadas por ella, como son las listas sábana o el clientelismo.
Y hacia allí dice que va el Gobierno, con la intención de llegar al hueso. Habrá que ver si Kirchner se decide a tirar por la borda los lastres que le han dejado como legado sus antecesores y avanza a fondo hacia reformas que -al decir de los obispos- restablezcan la confianza de la gente, o si se conforma con dejar pasar el tiempo. Si no puede hacerlo por la presión corporativa, es probable que la sociedad lo acompañe, pero si se percibe que se trata de un nuevo parche para cambiar las figuras con más de lo mismo, se estará cebando una nueva bomba. (DyN)

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