Luz Padilla: el tenis y los libros, todo

“Luli” cambió el hockey por el tenis y un futuro de estudio en los Estados Unidos.

21 Ene 2018
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Un día cualquiera, bien de verano tucumano, “Luli” se topa con dos amigas. Una de ellas le cuenta que habían rendido una prueba por una beca para estudiar en los Estados Unidos. El requisito, jugar (bien) al tenis. Y como a quien se le prendió una lamparita, la egresada del Colegio Santa Rosa pensó en voz alta: “esta es la mía”.

Había un pequeño problema. O dos. El deporte y (casi) el idioma. Jugadora de hockey de Lawn Tennis de toda la vida, decidió cambiar de hábito. “Era estudiar, entrenar; estudiar y entrenar, je”, le comenta a LG Deportiva la nueva Luz Padilla, hoy ya instalada en la Universidad de Georgia, donde descolla en el tenis y también en los libros. No le molesta que le digan nerd, porque cree que no lo es, aunque su promedio pueda ofrecer un argumento contrario. Tiene 4.0 de 4.0, o sea...

Ojo, es buena en los libros y también con lo es con la raqueta (para poder jugar necesita 2,6 de promedio). Es la mejor tenista de su universidad. La número uno juega en la división Naia, que está un escalón por debajo del Level 1, la elite de los Estados Unidos, y de donde generalmente salen las futuras estrellas del tenis mundial.

Pero pese a que no esté en la elite, ella defiende lo propio. “Hay equipos que juegan en la Naia que son mejores que los de arriba”, lo dice casi a modo de desafío.

La vida en Georgia es muy parecida a la tucumana, por clima y vida, explica “Luli”. Tiene sus contras, claro. “Extraño mucho a la familia. Extraño mucho a mis hermanos, René (18) y Verónica (13); a mis papás, a mis abuelos. Es dura la vida allá por eso, pero en el fondo sé que me voy a quedar. Es mi futuro”, explica y deja de lado la raqueta. Es la N° 1 en Georgia, pero el deporte para ella es un medio. Está a un año de recibirse de administradora de empresas y luego seguirá por otros tres años más la carrera de leyes. “Es un posgrado. Si querés ser abogado, primero tenés que recibirte de algo más”, revela.

La vida puede ser rutinaria. Acá y en la China. En Georgia misma. “Y sí, es estudiar, entrenar y trabajar. Igual, si sabés acomodarte con el tiempo, podés hacer de todo. Yo lo hago”, cuenta Padilla, también profesora de español en su universidad y empleada de la biblioteca. A los 21, “Luli” convierte un día de 24 horas en uno normal para ella de 48. Magia.

Después del calor tucumano, el invierno estadounidense. Con casi tres años fuera de casa, “Luli” insiste que la vida, pese a que es todo lo normal que cualquiera pueda imaginarse, siempre le regala una enseñanza. “Cuando llegué, sabía hablar bien el idioma, pero cuando empecé a vivir el día a día como una más, nada parecía suficiente. Todos los días aprendés una palabra nueva. Y cuando crees que las sabés a todas, te topás con los modos; las costumbres. Entonces, es seguir aprendiendo y ganando. Como lo hago con el tenis, je”.

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