El Gobierno explicó que los desechos azucareros generan el mal olor en la ciudad

Atribuyen a un fenómeno climático que ciertos gases no suban a la atmósfera. Minetti afirma que se debe a la presión baja. Cloacas.

21 Ene 2018
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Se podría decir que el misterio fue develado. Todo Tucumán se pregunta desde hace años qué es ese olor que nos obliga a taparnos la cara y a fruncir la nariz cada tanto. En esos días, el reparto de responsabilidades es aleatorio y obedece más a las presunciones y a los prejuicios que a información precisa sobre el tema. Se habla de las cloacas rotas, de los basurales, de la vinaza, de un matadero ubicado en el este del Gran San Miguel de Tucumán y hasta de una jabonería de la zona norte. ¿O será un bouquet alimentado por todo eso?

La Secretaría de Medio Ambiente de la Provincia tiene una respuesta. Explican que los residuos de la producción de azúcar que antes se echaban a las cuencas hídricas, desde hace unos años van a parar a los campos, como fertilizantes. Cuando esa materia orgánica se descompone -indican los expertos- produce gases, y por un fenómeno meteorológico llamado inversión térmica, los olores no se escapan a la estratósfera y quedan “encajonados” en el Gran San Miguel de Tucumán. Es lo que se siente, de manera recurrente, en buena parte de los barrios de la capital, Banda del Río Salí, Alderetes, Las Talitas y Tafí Viejo.

En el pasado, con la misma nariz como herramienta, expertos de la repartición salieron a “cazar” olores para determinar de dónde surgían. Y nunca encontraron un lugar específico. “Los buscamos mucho. Hasta que entendimos que estos olores aparecen cuando hay inversión térmica: un fenómeno que ocurre en países modernos, con grandes cantidades de smog. La contaminación queda y no sube a la estratósfera, ya que una capa de aire frío (que es más pesada que la de aire caliente) aprisiona los gases”, detalla Alfredo Montalván, secretario de Medio Ambiente.

Antes de la entrevista, Montalván condujo al equipo de LA GACETA por los pasillos de la Secretaría, donde se acumulan muestras de agua por doquier y máquinas para analizarlas, entre otros equipos de laboratorio. El funcionario explicó que son muestras de los ríos y del embalse de Río Hondo, que se recogen para controlar la floración algal y la presencia -o no- de ciertos metales.

En esos pasillos lanzó una pregunta: “¿por qué no sentíamos esos olores hace unos 10 años?”. Él mismo dio la respuesta. “Muchos de los residuos sólidos de nuestras distintas industrias terminaban en el embalse de Río Hondo. Hemos soportado momentos críticos. Por ejemplo, en 2010 hubo una severa mortandad de peces en el embalse por floración algal y por los efectos de procesos anóxicos (cuando se agota el oxígeno en el agua). En 2011 pasó lo mismo, y Santiago del Estero demandó en lo Civil y Comercial a 10 empresas sucroalcoholeras tucumanas”, relató. El conflicto con la provincia vecina continuó en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. “Hicimos los deberes”, añadió. Se refería a que Tucumán y la Nación lograron que se cumpliera el compromiso, asumido por Resolución 28/12, de “vinaza y cenizas cero a cauces hídricos, y recuperación del agua de lavado de caña”, implementado a través de convenios individuales de reconversión industrial. Así fue que desde 2012 los sólidos orgánicos que iban a los ríos empezaron a ser depositados en los campos de caña.

“Fue una devolución en carácter de enmienda y mejora. La cachaza, la ceniza y la vinaza tienen materia orgánica y nutrientes, y sirven como fertilizantes. La actividad citrícola hace lo mismo. Pero el proceso de descomposición y fermentación de sólidos orgánicos -insiste el funcionario- genera gases; generalmente van a la atmósfera, y entonces no los sentimos. Cuando hay inversión térmica sentimos el olor, que se suma al de los basurales y el de las cloacas a cielo abierto, entre otros factores”.

¿Hay solución?

Montalván invitó a leer crónicas sobre el embalse santiagueño para demostrar que desde hace cuatro o cinco años Tucumán no es noticia relacionada con esa temática. Y afirma, sobre una posible solución, que empresas tucumanas presentaron proyectos para generar energía con biomasa y vinaza. “Es el caso de Los Balcanes con el grupo Genneia, que ganaron una licitación de Renovar 2 (plan de energías renovables de la Nación), y en tres años estarían generando energía a partir de bagazo con vinaza concentrada. Esa energía irá a la red. Otro ejemplo: la empresa Santa Bárbara, del grupo Colombres, ha presentado un proyecto para sacar un crédito. Con ello comprarán tecnología de India para cambiar las calderas: así podrán usar bagazo con vinaza concentrada para generar vapor en la destilería. El final del túnel está muy cerca en cuanto a tecnología”, afirmó.

La culpa la tiene...

Juan Minetti, doctor en Meteorología, brinda su punto de vista. Así describe la inversión térmica: “es un fenómeno que no permite la fumigación de los contaminantes hacia la estructura vertical superior de la atmósfera y aumenta la concentración de gases en la capa más cercana al suelo”. Y opina que los olores nauseabundos recurrentes no los percibimos debido a la inversión térmica en esta época.

“La inversión térmica no funciona prácticamente en verano. Lo que puede suceder es que cuando la presión atmosférica está baja, o está por cambiar el tiempo, haya mayor cantidad de olores sobre la superficie. Lo observé y habría que estudiar el porqué. Tampoco ayuda el hecho de que las industrias se hayan instalado cerca de la ciudad. Deberían estar lejos; es un problema de planeamiento urbano”, afirmó el meteorólogo.

Destacó también que las cloacas a cielo abierto están por toda la ciudad, y eso es un problema. “Por los respiraderos del sistema cloacal escapan los gases. Pero una cosa es tenerlos confinados y otra es que estén fumigando con gases permanentemente la superficie”, añadió.

Casualidad o no, el viernes, cerca de las 16, la capital se inundó con ese vaho maloliente y la presión atmosférica estaba baja (961.4 hpa). Es una combinación letal y sin solución, al menos en lo inmediato.

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