En Iquique, el Papa pidió por los inmigrantes

En su despedida de Chile, Francisco volvió a defender al obispo Juan Barros, acusado de encubrir a un sacerdote condenado por abusos sexuales. “No hay una sola prueba en su contra. Todo es calumnia”, dijo en medio de duras críticas. En el tramo final de su visita ofició una multitudinaria misa.

19 Ene 2018
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MENSAJE FINAL. Francisco se despidió ayer de los chileno en Iquique, con un llamado a abrir los brazos a las nuevas oleadas de inmigrantes. La presidenta, Michelle Bachelet, celebró su mensaje. REUTERS

SANTIAGO DE CHILE.- La férrea defensa que hizo el papa Francisco del obispo chileno Juan Barros, acusado de encubrir a un sacerdote condenado por abusos sexuales contra menores, se convirtió en uno de los temas centrales del último tramo de la gira del pontífice a Chile. “El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”, zanjó el pontífice cuando le consultaron ayer en Iquique sobre el tema, que se convirtió en un foco de críticas durante su gira.

Esta no es la primera defensa del pontífice a Barros. En octubre de 2015 comentó que la comunidad católica de Osorno, de donde éste es obispo, “sufre por tonta porque no abre su corazón a lo que Dios dice y se deja llevar por las macanas que dice toda esa gente”. Además agregó que las acusaciones contra el prelado fueron “armadas” por los “zurdos”.

El sacerdote ha participado en varias de las actividades del papa Francisco, una situación que él mismo considera como un espaldarazo del jefe de la Iglesia católica. “El Santo Padre ha sido siempre conmigo muy cariñoso, muy apoyador y eso, a uno, como hijo de la Iglesia, como sacerdote y obispo, lo alegra, lo fortalece”, declaró Barros cuando arreciaban las críticas hacia su persona.

Actualmente Barros es el obispo de la diócesis de Osorno, una ciudad ubicada a pocos más de 900 kilómetros al sur de Santiago, que hace unos tres años vio interrumpida su tranquilidad con la llegada del sacerdote, designado en el cargo por el propio Francisco.

El rechazo de la comunidad se hizo sentir de inmediato con masivas manifestaciones en las que la policía incluso debió intervenir en algunas ocasiones para calmar los ánimos. La resistencia a su persona tiene que ver con sus vínculos con el sacerdote Fernando Karadima, a quien la Santa Sede responsabilizó de abuso sexual contra menores, sentenciándolo a un retiro de por vida de sus funciones.

Víctimas del ex párroco de la Iglesia El Bosque describen con detalles que Barros presenciaba los abusos de Karadima.

Abrazo a inmigrantes

Ayer Francisco se despidió de los chilenos con un llamado a abrir sus brazos a las nuevas oleadas de inmigrantes y a brindarles un trato más justo, después de una serie de actividades en el puerto de Iquique, la última escala de su visita al país antes de volar a Perú. Miles de fieles acamparon en las afueras de una playa cercana a Iquique, en el corazón del desierto más árido del mundo, donde el Sumo Pontífice entregó su mensaje final en suelo chileno, con especial énfasis hacia los extranjeros residentes.

“Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla”, dijo el Papa.

Iquique, que en lengua de la etnia aymara significa “sueño”, se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores polos migratorios del norte del país para personas que huyen de las crisis políticas y económicas en sus naciones de origen. “Esta tierra (Iquique) es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad”, abogó Francisco en un mensaje que fue celebrado por la presidenta Michelle Bachelet.

Una vez concluida la misa masiva, el Papa se reunió de manera privada con víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet. (DPA)

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