El cerebro también va al gimnasio - LA GACETA Tucumán

El cerebro también va al gimnasio

Durante un taller dictado en la Casa del Bicentenario, una neuropsicóloga desarrolló una serie de ejercicios que permiten mantener alerta las funciones de la memoria y la destreza del pensamiento. Es una tendencia que se conoce como brain gym (gimnasia cerebral) y que va en aumento, ya que ayuda a sobrellevar situaciones de estrés y de ansiedad.

19 Ene 2018

Durante un taller dictado en la Casa del Bicentenario, una neuropsicóloga desarrolló una serie de ejercicios que permiten mantener alerta las funciones de la memoria y la destreza del pensamiento. Es una tendencia que se conoce como brain gym (gimnasia cerebral) y que va en aumento, ya que ayuda a sobrellevar situaciones de estrés y de ansiedad.

Olvidaste una fecha importante cuando solías recordar todos los cumpleaños y aniversarios. Por accidente le cambiaste el nombre a una persona. Tenés una palabra en la punta de la lengua que no te sale. No sabés qué comiste ayer, aunque sí podés tararear una canción de tu infancia. O puede que no sepás dónde dejaste un objeto que hace cinco minutos tenías en la mano.

Ante situaciones de estrés y ansiedad nuestra mente puede saturarse y cometer errores de memoria, lenguaje o atención. Por esta razón es necesario entrenarla ya que, como suele decirse, lo que no se ejercita se atrofia.

Silvana de los Ángeles Castro, fonoaudióloga con un posgrado en Neuropsicología, sostiene que en estas circunstancias una solución es practicar el brain gym. También conocido como gimnasia cerebral, se trata de una serie de ejercicios aplicados a la vida cotidiana para recuperar la destreza mental, mejorar la concentración y ejercitar la memoria.

Las herramientas pueden ser usadas por niños, estudiantes, amas de casa y profesionales en cualquier momento y lugar ¿Cómo funciona? Cuando te acostumbrás a un esquema mental la rutina te lleva a actuar de manera automática y relega aspectos importantes, como la imaginación y la creatividad. Por esta razón, la propuesta es sorprender constantemente al cerebro para que pueda trazar nuevas rutas de pensamiento y salga de su zona de confort.

Algunos ejercicios

La gimnasia mental puede ser trabajada con una infinidad de ejercicios y pequeños cambios, como modificar el recorrido diario al trabajo, intentar escribir con la mano contraria a la habitual o fijar horas de “ayuno” en las que no se usen dispositivos móviles.

Todos los recursos para entrenar la memoria son válidos. Dentro de los trabajos físicos, los ejercicios de respiración y estiramiento resultan elementales para aliviar el estrés y relajar el cuerpo.

También están los denominados “trabajos en plano” como sopas de letras, crucigramas, sudokus, actividades de coordinación bimanual, juegos fonéticos y problemas matemáticos.

El mal de la tecnología

Antes de comenzar el taller que dicta en la Casa del Bicentenario, Silvana les pidió a los presentes que se despojaran de sus celulares durante dos horas. La justificación se encuentra en una reflexión sobre los cambios que genera la tecnología y el uso continuo de los smartphones en nuestra manera de percibir y aprender sobre el entorno.

Por ejemplo, en el caso de Google, se ofrecen soluciones rápidas a nuestras dudas pero a veces esta alternativa de conocimiento impide utilizar nuestro más alto nivel de raciocinio y reflexión. “La tecnología es buenísima, pero también nos está quitando la capacidad de imaginar, pensar y elaborar. De poder comunicar y leer a la otra persona”, comenta la profesional mientras reparte papeles distintivos para identificar los aparatos móviles.

Además de este continuo debate sobre las innovaciones tecnológicas, hay otros males que afectan el correcto desenvolvimiento de nuestras funciones cognitivas. Las influencias ambientales negativas, un ambiente laboral agotador, la poca tolerancia a la frustración y el no saber lidiar con el aburrimiento también pueden generar respuestas negativas.

¿Por qué olvidamos?

Olvidar es humano pero perdonar es divino, podría decirse también... ¿Qué nos hace olvidar acontecimientos y personas que antes pudieron significar mucho para nosotros? En primer lugar, hay que reconocer que existen diferentes tipos de memoria. La memoria de corto plazo es cuando nuestra cabeza olvida ciertas cosas porque el evento no es importante y no está jerarquizado. Así, podés conocer a alguien en la calle y a los cinco minutos olvidar su nombre porque ese suceso no implicó ningún quiebre emocional ni afectó nuestro sistema de valores.

La memoria de trabajo funciona de esta forma: a medida que avanza el día nuestra cabeza se llena de nueva información, que desplaza los datos anteriores y se regenera constantemente por su uso diario.

Los eventos importantes cargados de afectividad se guardan en la memoria a largo plazo. Todo depende del impacto emocional y relevancia que tenga el hecho sobre nuestras preocupaciones e intereses.

Cuando estamos en una situación de estrés o ansiedad nuestra memoria se fracciona y puede desencadenar una falta de memoria peligrosa: “me olvidé que me olvidé”. Por último (pese a lo que anuncian las canciones) no podemos forzar a la memoria a olvidar un evento cargado de emotividad.

La memoria y el género

En medio del taller, un asistente levantó la mano para preguntar divertido: “¿qué pasa cuándo las mujeres recuerdan cosas que nosotros no?”

Según explica Silvana, una misma situación puede ser vista de dos maneras distintas: lo que para nosotros representa a veces un dilema, al contárselo a un conocido puede resultarle un problema irrelevante. Esto se debe a que los hechos que acontecen en nuestras vidas no tienen valor por sí mismos. Somos nosotros los que, por medio de cadenas de creencias y cargas emocionales, les adjudicamos importancia.

Esta consideración sirve para desterrar la idea de que las mujeres recuerdan y los hombres olvidan por la noción de que tanto mujeres como hombres recuerdan y jerarquizan los momentos de manera diferente. “Se trata de cómo conectás tu afectividad a un hecho puntual -advierte Silvana-. Las mujeres somos más emotivas, pero eso no implica que los hombres no tengan momentos marcados por los sentimientos que les permitan recordar fechas importantes”.

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