BUENOS AIRES.- La superabundancia dialéctica del estilo gubernamental durante la semana que finaliza ha tenido una gravitación excepcional sobre los hechos políticos, sociales y económicos. Ha sido así que las ríspidas imputaciones del Presidente a las empresas petroleras por la crisis de la energía, fueron aprovechadas por el piquiterismo más duro que, al atacar la sede de Repsol YPF en pleno centro porteño, hizo pensar a los analistas más suspicaces que ambos hechos guardan una relación funcional. La consecuencia fue, entre otras, una declaración de la poderosa Asociación del Empresarios de la Argentina, advirtiendo sobre un atentado contra la recuperación económica y la confianza en el país y, el resultado, una nueva caída bursátil, sumada a las que se vienen sucediendo por efectos externos. Esa estridencia retórica oficial se produjo también en el más discreto accionar de la cartera Económica, donde un errado anuncio del vocero del Fondo Monetario -sobre la postergación de la nueva revisión del acuerdo contingente- dio lugar a una severa respuesta, haciendo de esa cuestión secundaria poco menos que un nuevo debate. Entretanto, Kirchner repetía sus censuras públicas al Banco Mundial por haber cuestionado hace dos semanas la insuficiente ayuda del gobierno a los pobres.
Hábil aprovechamiento
El endurecimiento del discurso oficial contra empresas de servicios y organismos internacionales sigue siendo bienvenido entre un importante sector de opinión que mantiene el significativo nivel presidencial en las encuestas. Claro está que no produce los mismos resultados sobre los problemas más críticos que enfrenta el gobierno, entre los que el de la energía atañe fundamentalmente a Kirchner al haberlo asumido personalmente de manera excluyente. La delicada situación está siendo muy aprovechada por las organizaciones de piqueteros, inclusive aquellas que habían anunciado durante el verano su desistimiento de los cortes de tránsito, y que ahora se preparan para repetir en la semana entrante y por 48 horas, solicitando las más duras la recuperación por el Estado de las empresas privatizadas. Esa estrategia ha sido muy advertida en la cartera política, donde el ministro Aníbal Fernández ha quedado políticamente cautivo de su compromiso de no actuar para reprimir desbordes delictivos, poco menos que estimulando nuevos hechos de violencia.
El ministro ha recibido órdenes de Kirchner para acelerar el envío al Congreso de las iniciativas sobre reforma política, después que legisladores del duhauldismo hicieran público un proyecto reformador de las listas sábana. Aníbal Fernández reflejó el fastidio presidencial por esa promoción inconsulta, calificando al texto difundido como "una máscara de la vieja lista sábana". El notorio gatopardismo del proyecto suscripto por numerosos diputados encabezados por Alfredo Atanasof es reprochado por mantener la restringida participación del electorado, contrariando las órdenes del Presidente en el sentido de avanzar hacia el mayor protagonismo posible de la ciudadanía en el control de sus representantes. (De nuestra Sucursal)







