14 Mayo 2004 Seguir en 
En los últimos lustros, como consecuencia de la imprevisión, la ausencia de una planificación coherente que se extienda en el tiempo y la deshumanización, el ciudadano ha dejado de ser el protagonista de la urbe. Ha sido desplazado por los vehículos, especialmente en el centro de nuestra capital.
Cruzar una calle en las horas pico puede significar para el peatón una odisea, en la que a veces suele dejar la vida.
Atravesar la General Paz y Chacabuco, la Buenos Aires y Crisóstomo Alvarez, la plazoleta Mitre, la Marcos Paz y 25 de Mayo, la avenida Sarmiento y Junín, por ejemplo, son pruebas para medir la paciencia y el coraje del caminante. El riesgo es mayor cuando el ciudadano va acompañado por sus niños o peor, cuando debe cruzar la calle o cuando se trata de ancianos.
Lo lógico sería que hubiese varitas apostados en los lugares más congestionados, pero cuando esporádicamente los hay, estos tampoco piensan en el peatón; se limitan a darles el paso a los vehículos. Tal vez las autoridades municipales ni los ediles no se han percatado en todos estos años de esta desdicha peatonal porque no acostumbran a caminar la ciudad.
Cruzar una calle en las horas pico puede significar para el peatón una odisea, en la que a veces suele dejar la vida.
Atravesar la General Paz y Chacabuco, la Buenos Aires y Crisóstomo Alvarez, la plazoleta Mitre, la Marcos Paz y 25 de Mayo, la avenida Sarmiento y Junín, por ejemplo, son pruebas para medir la paciencia y el coraje del caminante. El riesgo es mayor cuando el ciudadano va acompañado por sus niños o peor, cuando debe cruzar la calle o cuando se trata de ancianos.
Lo lógico sería que hubiese varitas apostados en los lugares más congestionados, pero cuando esporádicamente los hay, estos tampoco piensan en el peatón; se limitan a darles el paso a los vehículos. Tal vez las autoridades municipales ni los ediles no se han percatado en todos estos años de esta desdicha peatonal porque no acostumbran a caminar la ciudad.
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