¿Soñamos? 2018 será el año de la bicicleta

Con unos pocos incentivos, algunos carteles y un par de latas de pintura para las ciclovías, el Gobierno podría convertir la capital en una ciudad ideal para la bici

30 Dic 2017

Andar en bicicleta es como volar. Como saltar con un paracaídas a pedales o un parapente con manubrio. Por eso los primeros aviones de los hermanos Wilbur y Orville Wright tenían pedales. Porque el choque del viento en una bicicleta es suficiente para levantar vuelo. Sólo faltan las alas y eso entendieron los hermanos Wright. Y volaron.

Los ciclistas más diestros pueden soltar el manubrio y extender los brazos. No debe haber sensación más parecida a volar que esa. Hay locos que hasta abren las piernas y los brazos en una pendiente, cuando la bici toma mucha velocidad. Sólo la silleta los conecta con la tierra. Menos que la butaca de un avión.

La primera bicicleta no tenía pedales, se impulsaba con los pies de forma alternada, parecido a caminar, pero dando grandes pasos. Su invención se le atribuye al alemán Karl Drais, quien habría creado la primera bici en 1817. La llamó “laufmaschine”: máquina andante.

A partir de allí su expansión fue fenomenal. Primero por diversión, luego por deporte y, finalmente, como medio de transporte.

Los europeos la adoptaron inmediatamente. En algunos países como Suiza, Alemania, Holanda, Dinamarca, Bélgica, los escandinavos y en algunas zonas de Polonia es el principal medio de traslado, tanto en las ciudades como en el campo. La bici también es muy popular en Asia. En China y en la India es el medio de transporte número uno desde la década del 50.

Sus ventajas son indiscutibles. Es el medio de transporte más sano inventado por el hombre. Es, además, ecológico, sustentable y muy económico. En la última década ha tenido un nuevo auge en el mundo, debido a las constantes subas del combustible, el tránsito cada vez más caótico en las ciudades, y al consiguiente y alarmante incremento de accidentes viales.

Está comprobado que los ciclistas son trabajadores menos estresados, más relajados, con mejor humor y más eficientes que los automovilistas. Esto porque tienen el cerebro hasta tres veces más oxigenado que alguien que viaja en auto al trabajo.

En Nueva York premian impositivamente a las empresas que incentivan el uso de bicicletas entre sus empleados (instalando duchas en los edificios, por ejemplo). Buscan de esta forma que ingresen menos autos al centro, lo que produce decenas de beneficios: menos ruido y contaminación; menos congestionamientos, accidentes y estrés, y más dinero para gastar en otras cosas. Además de un enorme ahorro en combustible y cocheras.

Tucumán es una provincia ideal para llegar a todos lados en bicicleta, porque todo está cerca. En la capital, donde hay una híper concentración de oficinas públicas y empresas, la bici debería ser la primera opción.

Por qué no soñar con que Juan Manzur, Germán Alfaro y demás burócratas declaren al 2018 como el año de la bicicleta, y pongan a la provincia a andar en dos ruedas.

Apenas se necesitan unos cuantos incentivos, unas pocas restricciones, unas latas de pintura para las ciclovías y lo demás es muy sencillo: saber copiar lo que hicieron bien las ciudades del mundo que ofrecen mejores condiciones de vida.

El porqué

Por las cortas distancias, en Tucumán se puede llegar a todos lados en bicicleta. Hasta ahora, no hubo intentos serios para que su uso se generalice.

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