Una contundente victoria en las elecciones legislativas

Tras el triunfo, la gestión enfrenta nuevos desafíos.

26 Dic 2017
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El presidente Mauricio Macri consolidó este año su gestión al ganar por amplio margen las elecciones legislativas de medio término, imponiéndose en 13 de las 24 provincias -incluidos los cinco distritos más grandes del país- y ganándole en territorio bonaerense a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien esta vez jugó por fuera del PJ y con sello propio.

Con este resultado electoral en la mano, Macri encontró la fuerza para impulsar las reformas económicas y políticas que venía diagramando en la intimidad de su gabinete, donde además comenzaron a ver con buenos ojos la posibilidad de buscar la reelección presidencial.

Por otro lado, llevó un mensaje tranquilizador a los mercados en momentos en los que buscaba posicionarse en el exterior y atraer inversiones.

En ese contexto, Argentina asumió en noviembre por primera vez la presidencia del G20, que marcará el inicio de un año de actividades sobre cooperación económica, financiera y política y que tendrá su punto cúlmine con la cumbre de líderes que se realizará en noviembre de 2018 en Buenos Aires.

Además, el país fue sede de la XI Conferencia Ministerial (OMC) que se desarrolló por primera vez en un país de la región del 10 al 13 de diciembre pasado.

Teniendo en cuenta que en 2015 Cambiemos le ganó la presidencia por menos de tres puntos al Frente Justicialista para la Victoria (FpV), con una minoría compleja en el Parlamento, el triunfo que obtuvo tan solo dos años después en el 40% del territorio, con victorias en la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Salta y Chaco, empoderaron la figura política de Macri.

“El país se está pintando de amarillo”, dijeron con cierto resquemor la mayoría de los dirigentes justicialistas que, sumidos en una profunda crisis de representación, aún no pueden encontrar la manera de hacer pie en la escena política nacional.

Fragmentados, a pesar de los esfuerzos que vienen haciendo desde 2015 por lograr la unidad y el recambio generacional que algunos ven como inevitable para su subsistencia, el PJ se debate por estas horas entre ser una oposición constructiva y dialoguista frente al poder que va concentrando Cambiemos, o tener una postura dura y férrea como alienta la ex presidenta Cristina Kirchner, quien por primera vez este año perdió una elección.

Varios gobernadores y dirigentes justicialistas habían alertado, antes de las elecciones primarias, que si Fernández de Kirchner se presentaba como candidata le haría el juego a Macri porque la elección terminaría nacionalizándose y llevándolos a un derrotero inevitable.

El resultado de la elección terminó demostrando que no se habían equivocado en el pronóstico, y Macri se arrogó además un nuevo hito, ya que logró desplazar de la escena política nacional al peronismo después de 12 años de gestión kirchnerista.

El papel que la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, jugó en la campaña electoral fue de vital importancia para Cambiemos, ya que con un solo golpe logró derrotar a Cristina en los comicios y dejar al Partido Justicialista en una encrucijada de la que le será difícil salir airoso, al menos en lo inmediato.

Esto le valió a Vidal un reposicionamiento dentro de la fuerza, que se vio materializado hace poco menos de un mes, cuando logró sentar en la mesa del armado nacional del PRO a Federico Salvai, jefe de Gabinete bonaerense, y uno de sus funcionarios de mayor confianza.

La otra aliada de peso para Macri en esta elección fue la diputada extra partidaria Elisa “Lilita” Carrió, quien se impuso por más del 50% de los votos en la Ciudad de Buenos Aires.

Si bien es conocido el carácter indómito de la legisladora, Macri sabe que es más lo que “Lilita” le aporta por su experiencia en el Congreso, en el que lleva 25 años como legisladora, que lo que podría restarle.

Sobre todo, porque Carrió convivió y combatió durante ese tiempo al PJ, “conoce sus mañas”, dicen desde el oficialismo y eso es algo que cotiza en alza en momentos como éste, en los que Cambiemos contó uno a uno los votos para poder sancionar la reforma previsional.

Guste o no, frases como “están tratando de desestabilizar al Gobierno” adquieren distinto grado de veracidad de acuerdo a quién es el interlocutor que las dice. En Cambiemos son conscientes de ésto y cuidan al detalle la forma de comunicar sus decisiones.

El desafío a futuro que enfrenta el Presidente, envalentonado por los triunfos electorales que obtuvo en las legislativas de medio término, consiste en decidir el carácter que le imprimirá al segundo tramo de su gestión.

En ese sentido, el amplio apoyo que la sociedad le dio en las legislativas de octubre podrían darle a Macri alas para imponer reformas basándose en la superioridad numérica, o intentar generar consensos con la oposición para reducir los costos políticos que la primera opción le acarrearía. (Télam).



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