“Nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida”

16 Dic 2017

Sensación de soledad. Angustia por momentos. Y después, alegría por estar viviendo una experiencia distinta. Eso es, en resumen, lo que vivencian quienes deciden pasar las fiestas de fin de año a bordo de un avión. En general, son jóvenes que viajan solos y lo hacen por una cuestión económica. Pero también están los llamados “viajeros frecuentes”, que no dudan en elegir esta fecha para ir más tranquilos y se embarcan a disfrutar de esta experiencia en familia.

Es el caso de Andrea Desjardins y Gonzalo Zalazar Romero, un matrimonio experto en viajes. Ya han pasado al menos tres veces la Navidad o el Año Nuevo entre las nubes, junto a su hija Almudena. “La última vez fue la más emocionante. En un vuelo de Iberia desde Buenos Aires a Madrid, la aerolínea preparó botellas pequeñas de champagne para cada pasajero y las tradicionales 12 uvas en unas bolsitas decoradas. Unos minutos antes de las 12 el comandante de la nave comenzó a despedir la Noche Vieja con la cuenta regresiva y todos en el avión empezaron a comer las uvas, una tradición muy arraigada entre los españoles”, relató.

Los motivos por los cuales la familia viaja en esa fecha son varios: “se mezclan las ganas de desenchufarnos lo antes posible. Además, los vuelos suelen ser algo más económicos. Y también lo hicimos por curiosidad. Las aerolineas no pasan por alto estos momentos: hay brindis y comidas especiales”.

Florencia Bentivenga recuerda como uno de los momentos más lindos de su vida el Año Nuevo de 2014. “Tenía que estar el 6 de enero en Israel porque iba a hacer un plan de voluntariado durante un año. Estar en pleno vuelo durante el fin de año me salía unos $3.000 más barato que viajar otro día, así que no dudé. Al principio pensé que iba a ser un día más. Pero la pasé muy bien. Me hice amiga de una pasajera francesa que viajaba al lado y me contó toda su historia. A las 12, cuando avisaron por altavoz que era Año Nuevo brindé con ella y con las azafatas, y nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida”, cuenta la joven de 27 años, que es politóloga. Su amiga, Einath Apel, está ansiosa por vivir una experiencia similar este 31 de diciembre, cuando el Año Nuevo la encuentre viajando a México. Aunque no le entusiasma mucho la idea de estar lejos de su familia, viajar esa noche le costó unos $ 6.000 menos que hacerlo el 2 de enero, explicó.

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