Con la luz apagada

La transparencia es clave para la vida republicana.

12 Mayo 2004
Por Federico Abel

Cuando en 1993 asumió la presidencia Bill Clinton aseguró que, una vez más, el pueblo norteamericano asistía al misterio de la renovación democrática. El sustantivo misterio sirve para denominar, entre otras cosas, a aquello que no se puede comprender o explicar; por ello, se usa tanto en la Teología para designar a lo que escapa a la razón y es objeto de fe. Al usar -adrede- semejante palabra, Clinton quería significar que las instituciones de su país tenían un fundamento cuasi religioso que las hacía merecedoras no sólo de respeto, sino de devoción. Más allá de que él mismo incurrió luego en herejías indignas de semejante declaración de principios, Clinton recordó que el manejo de la cosa pública exige un compromiso similar al de un creyente, en este caso en una fe de carácter cívico.
En Tucumán reina otro tipo de misterio, el que conecta a esta palabra con aquello que es secreto o permanece oculto. ¿O cómo se puede calificar a que entre 30 y 40 comisionados rurales y concejales hayan mantenido en reserva que, por ellos mismos o por medio de familiares, cobraban simultáneamente el sueldo o la dieta y los beneficios de un plan social, en teoría para desempleados? El Gobierno tampoco llamó a una asamblea pública para explicar por qué el Subsidio de Salud concedió un aporte de $ 27.627 a un empresario que no era afiliado a la obra social oficial. Si era tan humanitaria la ayuda, ¿por qué hizo falta que un legislador de la oposición protestara, por lo que consideraba una discriminación para quienes contribuyen al sostenimiento del Instituto de Previsión y Seguridad Social (léase los empleados públicos), para que el hecho se conociera?

Problemas virtuales
Otro botón de muestra. El Gobierno suprimió el sistema por el cual el Consejo Asesor de la Magistratura (lo formaban la Corte Suprema y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT) proponía al Poder Ejecutivo ternas de candidatos a jueces para que él seleccionara un nombre.
Con la excusa de que la participación no se podía circunscribir a tres instituciones, José Alperovich reasumió la facultad constitucional de hacer él mismo las propuestas. La única novedad que introdujo es que la ciudadanía, en teoría, puede observar durante 15 días las trayectorias de los sugeridos.
¿Pero cómo puede haber impugnaciones si el PE no se preocupa por exponer cuáles son las virtudes de los postulados? Elegir un juez es una cosa seria (o debiera serlo). En el sitio que la Provincia posee en internet los currículos, cuando figuran, son por demás escuetos (dicen cosas elocuentes como "participó en numerosos cursos y jornadas") o contienen inexactitudes. En la Secretaría de Gobierno afirman que se trata de errores de tipeo y que, más que lo que figura en internet, importan las actuaciones que se llevan en el Registro de Postulantes. Pero esto y decir que "la gente vaya y lea el Boletín Oficial si se quiere enterar de algo" es lo mismo.
La publicidad de los actos de gobierno pasa por usar todos los medios disponibles (teléfonos 0800, sitios web, radio, televisión y prensa escrita) y por alentar al ciudadano a que opine. No pasa por tener los currículos de los candidatos guardados y apostar a que los 15 días para impugnar transcurran lo más rápido posible y de forma inadvertida, porque en este caso surge la sospecha de que se priorizan las amistades por sobre los méritos.
¿Cómo fue posible que Clinton haya pedido a los norteamericanos que perseveren en la creencia de que su democracia es sagrada? La respuesta la dio en 1835 Alexis de Tocqueville, cuando aseveró que los estadounidenses, más aún si son funcionarios, están obsesionados "por vigilar siempre sus palabras y hechos, y se contienen en todo momento por temor a descubrir lo que les falta, figurándose que, para parecer digno, es preciso mantenerse grave".

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