Cómo vive y siente Atlético la final

Álvarez alza la mano y prioriza al "Decano" antes que temerle a River

08 Dic 2017
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LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Ojo de Agua está como avispero recién agitado. La panorámica es bastante diferente a la calma habitual de un día cualquier de entrenamiento de Atlético. Hay movimiento, mucho, en realidad, de hinchas que fueron por la última foto de sus jugadores predilectos antes de que ellos se embarquen (hoy) rumbo a Mendoza, la tierra del buen vino y, quizás, donde el “Decano” vuelva a hacer historia, si es que mañana logra vencer a River en la final de la Copa Argentina.

El deseo de suerte es generalizado. También la buena onda que habita entre periodistas de medios nacionales, locales y vecinos con los “Decanos”. Atlético está en modo fiesta, independientemente de lo que suceda contra el “Millonario”. Eso dicen sus hinchas, aunque el grupo no lo sienta igual aún. Está la final, la gran final que ellos anhelan ganar. Y está Favio Álvarez, el distinto, el que ya no se siente tan libre en una cancha. Lo conocen. Y lo rodean. No dispondrá de espacio y segundos como él desearía el sábado, pero qué va. Favio no se achica. “Viendo cómo juegan ellos, huecos vamos a tener. Si no puedo yo, habrá que buscar la manera de que lo aprovechen los volantes que lleguen por afuera. Somos un todo”, asegura el rubio antes de recibir un cariño (rodillazo en la cintura) de “Bebé” Acosta.

“Mi función es simple: tratar de estar bien posicionado y preparado para dar el primer pase. Debo encontrar esos lugares... Y si no puedo yo, habrá que jugar sin la pelota. Eso significa ocupar marca y liberarle el camino a otro compañero”, Álvarez habla como técnico. Álvarez habla del sacrificio que él y el equipo están dispuestos a ofrecer. Es la Copa Argentina. Es historia para Atlético.

Paciencia es hoy la virtud predilecta del “Decano”. “Será un partido de detalles, el que se equivoca menos, lo ganará. No hay que regalar nada, estar concentrados los 90 minutos y, sobre todo, pensar más en nosotros que en lo que puedan hacer ellos. Así nos fue bien hasta ahora”, asegura Favio. Tiene razón. Cuando Atlético desvió la vista de sí mismo, su labor perdió brillo.

Y si la cosa no pinta bien de entrada, el tiempo, los 90 minutos de juego, sí serán aliados de Atlético. “Tenemos un corazón enorme y eso siempre nos ayudó a sobreponernos ante la adversidad. Los partidos no se pierden ni se ganan hasta tanto empiecen o terminen”.

La Copa está ahí de cerca, a nada, a un día de ir por ella. “Estamos tranquilos, trabajando para llegar bien”, repite Favio, como antes ya lo habían hecho sus compañeros, algunos más ansiosos que otros pero igualmente preparados para encarar un desafío único. Porque la Copa Argentina vale más que el trofeo en sí; que el premio en dinero. La Copa Argentina es gloria viva para un Atlético que ha cumplido metas insospechadas. Entonces por qué no ésta también. “Se puede, claro que se puede. A Atlético lo miran de otra forma. Nos ganamos el respeto del fútbol argentino. Pero queremos más.” Clarito, ¿no?

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