Un tucumano en la ruta más famosa de los peregrinos

Santiago Aragón presenta hoy un libro sobre su experiencia rumbo a Santiago de Compostela. Reflexiones de un viajero incansable.

29 Nov 2017
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EL CAMINO DE SANTIAGO, EN LA MIRADA DEL PEREGRINO. Algunas de las imágenes que capturó Santiago Aragón durante su travesía de más de un mes por Galicia. GENTILEZA SANTIAGO ARAGÓN.-

A veces, Santiago Aragón viajó casi sin rumbo; en cambio, en otras ocasiones el final de la ruta estaba marcado. Sin embargo, este viajero que ha andado y pedaleado por América, Europa y la India afirma que lo importante no es tanto el destino, como el camino. “Hay quienes se preguntan: pero, ¿qué necesidad tienen de peregrinar a La Meca o a Jerusalén o a Santiago de Compostela, o al mismo Aconcagua? Y es que mientras hacés el viaje físico, también hacés un viaje interior. Y te das cuenta -reflexiona- que el final del viaje es como una pequeña muerte; que lo más importante fue la vida; lo más importante fue el camino”.

¿Qué aporta el viaje? “Es como que el hombre necesita del viaje; un viaje que, a la vez que externo, también es interno”, responde Aragón, que hoy presentará su libro “El camino de Santiago según Santiago”. Allí describe, en crónicas y en fotos (con ilustraciones de César Carrizo), su peregrinación por el camino a Santiago de Compostela, que hunde sus raíces en la Edad Media, y que representa una de las grandes peregrinaciones de la cristiandad. La presentación tendrá lugar a las 21.30 en El Árbol de Galeano, y estará a cargo de Lalo Ruiz Pesce, con música de Gerónimo Mendoza Zelis.

A los 51 años, Santiago puede contar su vida en kilómetros, a pie o en bicicleta. Así como en la década del 90 pasó cuatro años “pedaleando de Yerba Buena a Alaska”, en 2007 estuvo cuatro meses en la India y subió al Aconcagua (13 días compartidos con su amigo Julio Santillán); y en 2010 concretó su peregrinación a Santiago de Compostela, que a él le tomó 32 días.

- Hablás del viaje como la vida; y del destino final como una pequeña muerte...

- Y sí. Por ejemplo, cuando estuvimos en el Aconcagua, lo importante fue el camino. En la cumbre estuvimos 30, 40 minutos. Pero antes de eso hubo dos años de preparación. Si no disfrutaste eso, esos 40 minutos no te aportan. Lo mismo al llegar a Finisterre, concluyendo el Camino de Santiago.

- ¿Cómo explicás esta fiebre viajera que cunde en el mundo?

- No sé, en parte porque hay mucha más información. En los viajes llama mucho la atención que te encontrás con un mundo tan solidario, tan amigable; y al mismo tiempo ves por las noticias un mundo tan violento... Cuando zafás de las ataduras que te produce el miedo, viajás a cualquier lado. El mundo es mucho más amigable de lo que lo mostramos. He bicicleteado toda América, he caminado España, he trepado el Aconcagua. Y siempre encuentro más solidaridad que agresividad. El Camino de Santiago lo hice en 32 días; y en la India un viajero me dijo que cuando llegás al año (afuera de tu lugar natal) es cuando ya te convertís en viajero del mundo, cortás el cordón, las ataduras. No es una decisión la de ser viajero. En mi caso, escribir mi blog o mis libros es una forma de que mi viaje se prolongue; cuando yo te cuento a vos, empiezo a revivir mi viaje.

- Hablemos del Camino de Santiago.

- Santiago de Compostela es desde la Edad Media una meta espiritual de las peregrinaciones. Es una peregrinación muy antigua, de la búsqueda del hombre al poniente, al sol, que termina en Finisterre, que es el punto más occidental de Europa; los místicos dicen que hay ahí una grieta electromagnética cuya energía iba aprovechando la gente que hacía ese camino; el mismo camino que hacen las ocas, un animal muy presente en el Camino de Santiago. El juego de la oca que jugábamos de chicos está muy relacionado con el Camino de Santiago. A veces te parece que avanzás, otras, que retrocedés.

- ¿Hay distintas rutas marcadas?

- Hay varias rutas; yo comencé en la zona de los Pirineos, del lado francés, en la localidad de Saint Jean Pied de Port, que se ha convertido en el punto de partida preferido para iniciar la peregrinación por el llamado Camino Francés. Es el camino del que habló Paulo Coelho en su novela “El peregrino”. Hay gente que viene por otros caminos; hay otras rutas famosas; la del Cantábrico, la de Portugal, la de Gran Bretaña, la de Barcelona. Aunque lo más usual es hacerlo en verano, yo lo hice en invierno. Buscaba cruzar los Pirineos con nieve. En invierno es mucho más fácil conseguir lugares en albergues o en iglesias, que tienen cupos limitados. Por lo general, se paga un donativo. Hay un cofre que dice: “si necesitás, sacá. Si querés poner, ponés”. Ese es el espíritu que recorre el Camino de Santiago. Yo atravesé toda España hasta llegar al Atlántico, donde está Finisterre, que queda a tres días de Santiago. Lo hice caminando; hay quienes lo hacen en bici; antes lo hacían a caballo o en carruajes. En el camino encontrás una flecha amarilla o una concha, que es el símbolo del Camino de Santiago. Se puede ver la concha de Santiago en los edificios; y todos los peregrinos deben llevarla consigo durante el trayecto. Dentro del albergue está el “hospitalero”, que son personas que se ofrecen como voluntarios para estar en las iglesias y ayudan a crear un buen ambiente entre los peregrinos. Por lo general hay un comedor, una cocina; hay alimentos, muchos, que han ido dejando otros que pasaron por allí. Saber peregrinar es saber compartir. A veces te ponés en el papel del orador; otras, en el del que escucha. Yo soy eso que estoy mostrando en ese momento. Soy yo desnudo de mi historia pasada.

- Hay quienes dicen que el Camino es precristiano...

- Hay un lugar, el de la Cruz de los Valientes, que antes fue un monumento a Mercurio. Pero todo se cristianizó, porque las creencias celtas y romanas terminan fundiéndose en el cristianismo. Más allá de cualquier religión, también guiaba a los peregrinos la curiosidad por ver “adónde terminaba esto”. Y así llegaban al mar, a Finisterre, una peninsulita que está en Galicia, donde se pone el sol. Ahí terminaba todo para los antiguos.

el origen
El apóstol de jesús que llegó a españa
Cuenta la leyenda que el apóstol Santiago murió decapitado en el año 44; y que dos de sus discípulos, en una barca de piedra y dirigidos por un ángel, viajaron de Palestina a Galicia, porque Santiago había estado evangelizando en el lugar. Allí enterraron el cadáver. Esta experiencia atrae a más de 200.000 peregrinos cada año. El Camino Francés, que es el que hizo Santiago Aragón, es el que transita la mayoría. Los meses de verano son los más frecuentados por los peregrinos.

> El origen
El apóstol de Jesús que llegó a España

Cuenta la leyenda que el apóstol Santiago murió decapitado en el año 44; y que dos de sus discípulos, en una barca de piedra y dirigidos por un ángel, viajaron de Palestina a Galicia, porque Santiago había estado evangelizando en el lugar. Allí enterraron el cadáver. Esta experiencia atrae a más de 200.000 peregrinos cada año. El Camino Francés, que es el que hizo Santiago Aragón, es el que transita la mayoría. Los meses de verano son los más frecuentados por los peregrinos.

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