Un golpe a la tradición del rugby

28 Nov 2017 Por LA GACETA

A principios de octubre, un anuncio oficial de la Unión Argentina de Rugby, a partir de una resolución de su Consejo Directivo, confirmó lo que en el ambiente de este deporte ya era un secreto a voces. La entidad había resuelto por unanimidad suspender para el año próximo la realización del Campeonato Argentino de Mayores, tanto en los niveles Campeonato, Ascenso A y Ascenso B. En pocos días, el eventual último torneo de su tipo llegará a su final, cuando se dispute la última fecha, con sólo dos seleccionados con chances de ganarlo: Buenos Aires (Las Águilas) y Tucumán (Los Naranjas).

Quizás el mayor impacto de la medida se instale en que se trata de un certamen con 72 años de disputa. Si bien lo decidido no causó sorpresa, sí abrió un horizonte de opiniones, análisis, comentarios y, lógicamente, críticas. Muchos esperaban que se siga jugando, quizás con un cambio de formato o de fechas.

El hecho de que al menos se lo discontinúe el año que viene, deja entrever que no volverá a disputarse. De ocurrir ello, será un golpe a la tradición, en tiempos en los que los paradigmas en diversas cuestiones deportivas están registrando cambios, a veces de raíz, en otras ocasiones de forma paulatina.

En los últimos años, la UAR había tomado la iniciativa de potenciar las competencias de clubes, en desmedro del Argentino. En su momento, el presidente de la entidad, Carlos Araujo, había sostenido que la decisión de suspender el Argentino facilita el desarrollo de los campeonatos locales y regionales de clubes en el calendario anual.

De hecho, junto con la comunicación sobre el certamen de seleccionados provinciales, se dio a conocer que quedaba ampliada la competencia nacional de clubes, con 16 ingresos (serán 80 los participantes).

En los últimos tiempos, los calendarios de las distintas uniones quedaron muy apretados, sobre todo el de Buenos Aires. Los torneos Argentino, tradicionalmente, eran los que iniciaban la temporada, cosa que cambió este año. A nadie escapa que habían perdido atractivo, ya no sólo de parte de las instituciones que agrupan los clubes, sino también de los jugadores y del público. LA GACETA dio cuenta hace algunos días, al cabo de la última presentación como local de Tucumán, que la presencia de espectadores en “La Caldera” del parque 9 de Julio fue paupérrima.

Desde 1945 que se jugaba el certamen. Épicas batalla se dieron en distintas ediciones, hubo campeones históricos y repetidos, como Buenos Aires que sumó 36 títulos. Tucumán empezó a convertirse en su gran rival en 1985, cuando dio su primera vuelta olímpica.

Fueron 11 las veces en que La Naranja se calzó la corona, cuatro de ellas seguidas, desde 1987 a 1990. Glorias de nuestro rugby festejaron en su momento un título considerado un jalón fundamental en cada carrera deportiva. En fin, demasiada historia como para que todo quede apenas en un recuerdo.

En menester instar a la dirigencia a analizar en profundidad, y con todos los actores en juego (incluida la televisión y los auspiciantes), sobre el futuro de esta competencia. Nunca es tarde para cambiar de opinión, sobre todo si de tradiciones se trata.

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