BUENOS AIRES.- Cuenta la leyenda que fue Rodrigo Rato quien impulsó a su amigo Alfonso Cortina al pedestal mayor de Repsol. Este detalle no resulta menor, a la luz del golpe que le propinó Néstor Kirchner a la empresa que más impuestos paga en el país, frente a la dependencia objetiva que tiene la Argentina con el Fondo Monetario, de quien Rato -hasta hace un mes vicepresidente y ministro de Economía de José María Aznar- es ahora director gerente.
En medio de una gira que cosechó más éxitos que decepciones, el propio Presidente jugó fuerte al acusar públicamente a Repsol-YPF de presionarlo y de tapar los pozos, para excusarse de sacar el gas que hoy falta. Ante tal denuncia, la corporación de negocios española, mayoritariamente ligada al sentir de Rato, cerró filas y volvió a poner la lupa sobre la Argentina. Cada cual a su estilo, pero de modo casi unánime, porque los negocios no tienen color político, el periódico "Cinco Días" -del grupo Prisa, mucho más cerca del PSOE que del PP- marcó la falta de previsiones del Gobierno argentino en materia energética y el conservador "ABC" directamente llamó a Kirchner "montonero".
¿Por qué el Presidente usó el centro de Manhattan para acusar sin pruebas a Repsol-YPF y para irritar a España? Desde la petrolera se insiste en que todo fue un posicionamiento comunicacional del Gobierno para generar impacto y que la única verdad está en las inversiones que la empresa hizo durante el último año y en las que están avanzado ahora, divulgadas profusamente en la Argentina y también el viernes en los diarios españoles.
En rigor de verdad, Kirchner necesitaba disimular de alguna forma los dolores de cabeza que le está dando lo que él mismo admitió por fin como "crisis", que en materia de precios comenzó a golpear a los consumidores de GNC o por duras penalidades tarifarias por mayor uso de gas natural y electricidad. Sin embargo, este no habría sido el único propósito. Desde áreas cercanas a Kirchner, en Buenos Aires, se comentó que la "boutade" presidencial fue para marcar territorio, en relación con la Empresa Nacional de Energía que se anunciará esta semana con bombos y platillos, frente a la cual Repsol-YPF -exageró la fuente- "deberá agarrarse los pantalones".
Más allá de que se diga en público que la empresa estatal será una suerte de "testigo" para no perder el control sobre las reservas, misión que debería cumplir la Secretaría de Energía, lo concreto es que con este lanzamiento, el Gobierno está pensando en un cambio de alianzas en materia energética.
Como en Santa Cruz
La fuente explicó que "esencialmente se privilegiará la asociación entre el Estado y el sector privado", algo parecido a lo hecho en Santa Cruz a nivel casi Pyme, con la provincial Fomicruz, una empresa creada por Kirchner en 1988, que nunca operó sola y que tercerizó siempre su actividad minera y ahora petrolera. Parece entonces que, más allá de cuestiones de tipo político, por las cuales el Gobierno podría sumar la participación de las petroleras estatales de Brasil y de Venezuela, el centro de la nueva empresa serán los privados y esto se lo explicó Kirchner a Enrique Iglesias, titular del BID, a quien le solicitó algún tipo de asistencia para avanzar en la nueva empresa.Más que la posibilidad de regenerar en el corto plazo un elefante burocrático, al estilo de aquella YPF de 70 mil empleados, el grave problema de esta operatoria es la discrecionalidad que podría haber en la elección de los socios para cada proyecto, algo que Elisa Carrió le achaca al Gobierno en el caso del proyectado Gasoducto del Noreste que propició Techint, al que califica como una "adjudicación directa".
La gira por EE.UU. acercó al Presidente a ciertos inversores de su "palo", dispuestos a invertir lejos de lo que él considera habrían sido los "pecados" europeos de los 90, más propensos, según Kirchner, a arreglos con el poder que a adjudicaciones limpias en materia privatizadora. Les habló con mucha franqueza de "horizonte estratégico" y de reglas claras en lo jurídico y en lo político, y se comportó como un presidente dispuesto a atraer inversiones.
Sin embargo, mientras seducía a unos espantaba a otros y generaba una rara paradoja diplomática: por un lado, el Gobierno dice que prefiere a la UE antes que al ALCA para asociarse a través del Mercosur y, en este caso, apunta a sumar a empresarios americanos -o afines a EE.UU., como el mexicano Carlos Slim- antes que a los europeos, para seguir haciendo negocios "mano a mano".
Esta visión tan práctica, que quizás forma parte de la línea de multipolaridad que enarbola la Cancillería argentina, no debería perder de vista en cada ocasión y lugar los contactos que hay en todos lados entre los privados y los gobiernos, y los "boomerangs" que pueden activarse; de ello es suficiente ejemplo la relación Cortina-Rato.
La llegada de Rato
Lo cierto es que, más allá de sus intereses y afectos, Rodrigo Rato, abogado y administrador de empresas, menos académico que sus dos antecesores pero más pragmático, se sentó en el sillón de director gerente del FMI con el caso argentino aún sin resolver. Dicen quienes saben cómo actúan todos los funcionarios que llegan a un lugar tan importante que primero sobreactúan como ortodoxos de pura cepa para mostrarles a los países miembro, a la comunidad de negocios y aun a los burócratas de la línea, que son difíciles de arrear y que recién después se aflojan y comprenden.
Si Rato sigue esta lógica, habría que concluir que el Presidente eligió mal el enemigo y el momento para lanzar sus acusaciones sobre las responsabilidades en la crisis energética, ya que la Argentina está conectada al FMI con un respirador artificial que se activa cada tres meses, con el problema de la deuda sin resolver, con la coparticipación en la vía muerta y a punto de pedirle al organismo un "waiver" al respecto. (DyN)







