Generación perdida

La juventud empujada hacia la marginalidad.

08 Mayo 2004
Por Roberto Delgado

Es sabido que la pobreza afecta a todos los estratos de una sociedad. A los pobres les niega expectativas y los empuja a la marginalidad. Arrastra hacia abajo a la clase media y obliga a los que están más arriba a recluirse en mundos cada vez más chicos y fortificados. Pese a que los índices económicos muestran que hay una recuperación, el 50 % de la gente es pobre. La pobreza no cede, dicen los expertos Artemio López y Martín Romeo. Los informes revelan que los beneficios de la recuperación no se extienden. Los ricos son más ricos y los pobres siguen igualmente pobres.
La demógrafa Susana Torrado, al estudiar los efectos sociales de las políticas económicas de los 70, habló de una generación perdida, la de los que nacieron entre 1975 y 1985 en la pobreza, y que, en gran parte, pasaron a integrar grupos marginales de hoy. Ahora Torrado dijo que el 35% de los adolescentes argentinos ni estudia ni trabaja. "De esas filas se reclutan los chicos que aparecen a diario en las crónicas policiales", dijo.

Círculo de vida apremiante
Hoy el 70% de los delitos es cometido por menores de edad, dice el juez Raúl Ruiz. Los institutos para contener a chicos y jóvenes están desbordados. Alarma el crecimiento del embarazo adolescente: el 20 % de los embarazos se da en chicas de 13 a 18 años, según un informe de la UNT. "En los adolescentes de Argentina hay un círculo de vida apremiante; vivir apurado para morirse joven. Hay una esperanza de vida reducida en comparación con los que más tienen, y los tiempos de los chicos pobres son más cortos; hacen todo antes: tienen hijos antes, dejan la escuela antes, entran al mundo del trabajo antes", dice Torrado.
La pregunta es qué pasará dentro de 15 años con los nacidos a partir de 1998, cuando comenzó a hacerse añicos la convertibilidad y estalló la recesión. Esos niños -muchos de ellos son los integrantes de la legión de desnutridos- ¿serán los que poblarán las cárceles que queremos construir ahora? Hoy vivimos en la fiebre de la respuesta represiva. Acabamos de sancionar leyes más duras y de modificar códigos para que se acentúe la respuesta policial contra la marginalidad. Pero la pregunta sigue en pie: si hay recuperación pero los pobres siguen pobres, ¿bastarán las cárceles del futuro? Si hay recuperación pero los dirigentes siguen repartiendo bolsones, ¿saldrá esa gente de la pobreza? Susana Torrado cree que no. Según ella, la precaria situación de los adolescentes argentinos se debe al desempleo, a la precarización, al subempleo y a la depreciación del salario que afecta a los padres.

La última trinchera
Vendría bien preguntarse si basta lo que estamos haciendo para encarar el futuro. No se sabe cuántos chicos de la calle hay dando vueltas. No hay programas para contenerlos desde los cinco años, excepto la institucionalización, que ha sido llamada "rally institucional": de la Sala Cuna a Villa Urquiza.
El ministro de Educación, Daniel Filmus, dijo en Tucumán que la escuela es la última trinchera de la inclusión. Pero apenas vamos a construir 10 escuelas este año. La organización "Acción contra el hambre" va a hacer un censo de nutrición en los barrios marginales de la capital y el Estado aún no sabe cuánta gente hay dando vueltas. Por eso tiene tantos problemas con el reparto tramposo de planes sociales. En las escuelas todavía no se puede alimentar medianamente a los alumnos: lo acaba de confesar el secretario de Desarrollo Social, Joaquín Ferre, al decir que el programa para dar un complemento en el desayuno no se pudo extender más allá de cinco escuelas de la capital. Pero en la provincia hay al menos 700 escuelas públicas.
Todavía estamos indecisos con respecto a la forma de salir del pozo para empezar a pensar. Y estamos formando a otra generación perdida.

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