Un viaje distinto a Moscú

Un juego de espejos con preguntas ajenas que son propias

05 Nov 2017
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EL INTERROGANTE. “El alma rusa sigue siendo un misterio”, asegura Villanueva en el capítulo final. twitter @LiVillanueva37

CRÓNICA

SOMBRAS RUSAS

VIVIANA VILLANUEVA

(Blatt & Ríos - Buenos Aires) 

Todo viaje puede resumirse en el momento de la partida: en sólo un instante se dejan las certezas y el modo de interpretar la realidad para sumergirse de lleno en la experiencia del éxodo. La idea de que el lugar de destino es “otro mundo”, o está “afuera del mundo” impregna el discurso viajero: no fallan los sentidos, sino las herramientas para comprender lo qué está sucediendo. De esa ausencia, cuando no hay seguridades, es de la cual la crónica de viajes gana su fuerza literaria.

Viviana Villanueva escribió una de los libros más representativos del género en el siglo XXI. Cuando las agencias de turismo se duplican y prometen destinos exóticos y paraísos enlatados, Sombras rusas escoge el detalle, el episodio que da sentido y pone en escena las diferencias culturales. Rehúye al exotismo de los otros, sin negar la propia condición de extranjera: “el alma rusa sigue siendo un misterio”, escribe en el capítulo final.

Su llegada a Moscú coincide con el tránsito del comunismo a la Federación Rusa, cuando el sentir soviético todavía no se ha extinguido y, al mismo tiempo, los biznesmeni se regodean en los bares chic de la ciudad. La transición de la Unión Soviética coincide con un trasladarse de la autora, que reconoce el extrañamiento en los gestos, en la manera de subir las escaleras o comprar un litro de leche. La trama se compone de casualidades que cambian el lugar de destino y diálogos fundamentales (entre las mujeres de los embajadores, el traductor de Cortázar y una empleada tártara) que ofrecen una ventana al espíritu de Rusia.

Con una prosa descriptiva, llena de humor y ternura, el libro se conjuga en presente. Los viajes tienen el don de la actualidad, hacernos vivir en el episodio, donde está la riqueza de lo cotidiano. Desde las trabas para aprender el idioma hasta un encuentro con el primer astronauta argentino, Sombras rusas es un juego de espejos en el cual la pregunta por los otros (los extraños) se transforma en la pregunta por la propia identidad.

© LA GACETA

Salvador Marinaro

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