Memorias de un hedonista del rock

Crónica de época, a la vez que testimonio personal, de un hombre que ha decidido vivir todas las vidas

05 Nov 2017
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“CON TODOS”. Samalea tocó con Sabina, Cerati, Charly, Calamaro, Melingo y Calle 13, entre muchísimos otros. lacapital.com.ar

BIOGRAFIA

MIENTRAS OTROS DUERMEN

FERNANDO SAMALEA

(Sudamericana - Buenos Aires) 

“Al Capone en Chicago, legionario en Mejilla, pintor en Montparnasse. Mercader en Damasco, costalero en Sevilla, negro en nueva Orleans”, canta Joaquín Sabina en La del pirata cojo, y se podría arriesgar que parece escrita para Fernando Samalea.

Baterista, percusionista, bandoneonista, también viajero incansable, hedonista, ambulante y de un background cultural notable, cultor del budismo y la astrología, Samalea es “un titán de la aventura, un travieso celebrante de la vida”, según palabras de Sandro Romero Rey, escritor y periodista colombiano, en uno de los prólogos (el otro es de ¡Ludovica Squirru!).

O como dice otra canción, alguien que “tocó con todos”: el mismo Sabina, Cerati, Charly, Calamaro, Melingo, Calle 13, tantos otros que es imposible enumerar y a quienes Samalea presenta de una manera original: con recreaciones de diálogos.

Mientras otros duermen. Una larga vigilia en el rock, su segundo libro (el anterior fue Qué es un longplay) es confesional, entre la experiencia devenida narración y una memoria privilegiada, y es dinámico, con el vértigo de un viaje continuo o una canción de música ligera. Registra anécdotas hilarantes, un continuo “deambular por distintos proyectos”, discos solistas, cambios de época -del vinilo al CD y de ahí a Internet-, los conceptos de amistad, los métodos y obsesiones de trabajo, los vicios, vaivenes y nocturnidades del mundillo del rock, y debe su título a una ocurrencia -una más- de García: “Charly, vos deberías descansar”, le dice alguien, a lo que García responde: “Mientras otros duermen...”.

Con citas a Keith Richards, Virginia Woolf y Groucho Marx y una cuidada selección de fotografías, Mientras otros duermen rinde culto a los colegas, por fuera del protagonismo propio del autor, y hace, al menos, un par de preguntas: ¿puede un hombre vivir tantas vidas en una sola? ¿Y cuántas canciones de cuántos músicos puede entrar en esas tantas vidas? Vidas que, claro, como oyentes y como lectores, nos gustaría vivir. Que para eso tenemos las canciones y los libros.

© LA GACETA

Hernán Carbonel

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