La Virgen de la Eucaristía se ganó su lugar en los Valles

Cada 29 de octubre, el vestido de Nuestra Señora de la Eucaristía se confunde con el color del cerro en La Mesadita, Tafí del Valle. Ayer, bajo un sol impiadoso, cientos de devotos de la villa, turistas, y sobre todo de pueblos originarios, ascendieron los ocho kilómetros que separan la capilla San Andrés del lugar donde entronizaron una imagen y oficiaron la misa.

30 Oct 2017

El cielo es diáfano completamente. El sol, impiadoso. Por quinto año consecutivo, vecinos del pueblo de Tafí del Valle, veraneantes y turistas se unen para honrar a la Virgen María, en una joven devoción tucumana, la de Nuestra Señora de la Eucaristía. Ya es casi mediodía y los rayos caen en picada. Comienza la lenta subida desde la capilla de San Andrés, en la zona de Las Carreras, hacia la cima de La Mesadita. Son ocho kilómetros de ascenso por el cerro pelado, sembrado de piedras, de pircas y de cactus en flor. Cada paso es un esfuerzo que se recompensa con el viento fresco de la montaña. Adelante van los violinistas y bombistos anunciado con su música alegre el paso de la Virgen. Y de un mensaje de paz y unión para los pueblos, bajo el signo de la Cruz.

Cada 29 de octubre los fieles se unen para esta celebración. Algunas familias han preparado mate cocido y pan casero para recibir a los peregrinos. Llegan cinco colectivos desde la capital, con niños, grupos apostólicos como el de Nuestra Señora del Silencio, conformado por chicos sordos e hipoacúsicos, de la parroquia de Fátima; jóvenes exploradores de Don Bosco, que desfilaron y alegraron la jornada con su banda de música; y fieles de las parroquias de Yerba Buena y de Nuestra Señora del Carmen, de Tafí del Valle, que celebra los 300 años de la llegada de la devoción de la Virgen del Carmen a estas tierras. El padre Rafael Navarro, que presidió la fiesta, calcula: “fueron casi 1.000 personas, porque 800 fueron las sillas que se pusieron para el oficio de la misa y estaban todas ocupadas. Además había más gente en los alrededores. Cada año esta fiesta es más convocante”, dice.

“Uno de los motivos de la presencia de la Virgen aquí en el cerro es el encuentro de las culturas y la diversidad cultural. A través de Ella se unen la diaguita calchaquí con la cultura del peregrino, teniendo en cuenta que ellos fueron los primeros que honraron a la Virgen en 1620, a Nuestra Señora del Valle. Hablamos de la inculturación del Evangelio que aquí es una realidad. Revalorizamos la figura de la Pachamama, el cuidado de la ‘Madre Tierra’, y el Inti Raimi, que son fiestas del Noroeste. Decimos que este sol es también Cristo, la nueva luz, la Luz que nace de lo Alto. No hay un desencuentro de culturas sino, por el contrario, una interculturalidad”, afirma el sacerdote. En su ascenso por el cerro, las ropas de la Virgen de la Eucaristía se mezclan con el verde de las montañas que la rodean. En sus brazos, junto con el Niño Jesús, sostiene un racimo de uvas.

Los peregrinos se ayudan unos a otros. No es fácil subir solo por la montaña. Es como la vida misma. A Baldomero Hernando le falta el aire. Es asmático y ha olvidado su paf. Con esfuerzo, intenta subir el coche con su hijo Alan, de un año y tres meses. Belén Nieva, su esposa, trata de ayudarlo pero no puede. Se paran apenas comienzan a subir el cerro. Silvia Aguirre, vecina del barrio Oeste I, escucha el lamento de Baldomero y sin conocerlo mete la mano en su bolso y le muestra el paf salvador. “Tomá, usalo, yo también soy asmática´”.

La peregrinación los dejó atrás. El último tramo del cerro es muy empinado. Las camionetas 4 x 4 de algunos voluntarios van y vienen con personas mayores y niños que no pueden subir caminando. Llegan en auto hasta cierto lugar y después suben un trecho a pie. Arriba, con el marco de los cerros, se oficia la misa. Una familia de pueblos originarios tonocotés prepara el locro para todos, con apoyo de la comunidad. Cuentan que en ese mismo lugar hacen sus ceremonias ancestrales. “La Virgen de la Eucaristía ha venido para conseguir la unión de los pueblos originarios”, dice Aída Aguilera, para quien “la Virgen es la Madre de Dios y la Pachamama la Madre Tierra que nos da cobijo a nosotros y a los animalitos que tenemos para criar”.

Pionera de la devoción 
“Tengo la dicha de ser la primera originaria en tener  en mis manos una imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía 
Fue en enero, hace cinco años, cuando Aída Aguilera (foto), vecina de Las Tacanas, conoció a Nuestra Señora de la Eucaristía. “Yo trabajaba en la casa de una señora que tenía esa bella imagen, que yo no conocía. Mi hermano estaba enfermo así que yo le rezaba para que se componga. Doña  María Victoria Herrera, mi patrona, me sabía ver por la ventana y una vez me pregunta: ‘¿sos católica?’. Sí, señora. Le estoy pidiendo por mi hermano que está muy enfermo’. Antes de irse de los valles me regala una Virgen de la Eucaristía y otra de Nuestra Señora Reina del Hogar. El 26 de febrero de ese año, 2012, le hacemos la misa mensual en Las Tacanas, donde tenemos la capillita de María Reina de la Paz. Le mostré la imagen al padre Carlos Carrizo pero no la conocía; me la bendijo. Tengo la dicha de ser la primera originaria en recibir esta imagen”, dice la devota dedicada a fabricar imágenes para difundir la devoción.
Pionera de la devoción 
“Tengo la dicha de ser la primera originaria en tener  en mis manos una imagen de Nuestra Señora de la Eucaristía 
Fue en enero, hace cinco años, cuando Aída Aguilera, vecina de Las Tacanas, conoció a Nuestra Señora de la Eucaristía. “Yo trabajaba en la casa de una señora que tenía esa bella imagen, que yo no conocía. Mi hermano estaba enfermo así que yo le rezaba para que se componga. Doña  María Victoria Herrera, mi patrona, me sabía ver por la ventana y una vez me pregunta: ‘¿sos católica?’. Sí, señora. Le estoy pidiendo por mi hermano que está muy enfermo’. Antes de irse de los valles me regala una Virgen de la Eucaristía y otra de Nuestra Señora Reina del Hogar. El 26 de febrero de ese año, 2012, le hacemos la misa mensual en Las Tacanas, donde tenemos la capillita de María Reina de la Paz. Le mostré la imagen al padre Carlos Carrizo pero no la conocía; me la bendijo. Tengo la dicha de ser la primera originaria en recibir esta imagen”, dice la devota dedicada a fabricar imágenes para difundir la devoción.


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