Ficción que se parece a la realidad del Norte

Prostitución, extorsiones y secuestros administrados por una siniestra organización

29 Oct 2017

NOVELA

GREGORIA BELTRÁN

CARLOS LATAPIE

(Ediciones del Parque - Tucumán) 

“Las mafias siciliana y calabresa podrían ser poca cosa si se las compara con lo que tenemos aquí”. La jactanciosa frase la pronuncia el miembro de un grupo autodenominado “la organización”. El santiagueño Carlos Latapie, radicado en Tucumán, no identifica el lugar donde ubica los hechos, aunque pareciera que se trata de una localidad del noroeste argentino. La comparación con las tradicionales hermandades delictivas de Italia no es exagerada. La siniestra organización está dedicada a cuanto negocio ilícito de elevado carácter pueda imaginarse: comercio de droga, robo y venta de niños, tráfico de órganos humanos, prostitución, extorsiones, secuestros, etcétera.

El “trabajo”, como también lo llaman, es amparado por el poder que detentan jueces y autoridades policiales y perpetrado por sicarios, proxenetas, médicos y hasta encumbrados representantes de la Iglesia, incluido un obispo. Protagonistas principales son Gregoria Beltrán, una aborigen, y su pequeño hijo. Ella logra ingresar como empleada doméstica en una casa de gente adinerada, que termina adoptando al niño. La novela tiene un par de singularidades.

Se utilizan, entremezcladas, la primera y la tercera personas y todas las secuencias tienen como trasfondo el modus operandi de la organización, que va siendo expuesto en la declaración que alguien está haciendo en un ámbito judicial, incluidas escenas muy violentas y escabrosas. Ello, unido al muy amplio espectro delictivo, genera la impresión de que el escenario es un equivalente del infierno.

© LA GACETA

Willy G. Bouillon

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