Misterioso crimen en un pueblo donde reinaba la tranquilidad

Se sospecha de una “viuda negra” y de un grupo de desconocidos que hicieron movimientos extraños en la localidad de Los Pereyra.

27 Oct 2017
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EL VELORIO. Cientos de vecinos de la zona se acercaron a la casa del fallecido para darle el últimos adiós. la gaceta / fotos de diego aráoz

Estar en Los Pereyra es como viajar varias décadas hacia atrás en el tiempo: las calles de tierra en las que corretean las gallinas, los humildes ranchos, la falta de señal de celular, el hecho de que todos se conozcan y que los hombres hagan una referencia con su sombrero al ver a un vecino remiten a otras épocas. Casualmente, porque todos allí se conocen, ayer había cientos de personas en la casa de Segundo Antenor Flores (79), conocido como “Chicho” en el lugar. El hombre fue encontrado por su hermano el miércoles a la tarde, maniatado y sin vida en la cocina. En el pueblo, todos hacen referencia a que lo pudo haber sido asesinado una “viuda negra”.

El cuerpo fue encontrado por Absalón “El Rubio” Flores (77), hermano y vecino de la víctima. Este hombre, cuando volvía de visitar a otro hermano -a quien conocen como “El Negro”- decidió visitar a “Chicho” porque algo le llamó la atención. “Estaban los caballos afuera pero estaba apagada la luz, y él siempre la dejaba prendida. Eran como las 20. Ingresé al comedor y lo vi arrodillado, con las manos y las piernas atadas. La cabeza reposaba sobre un colchón. Me quedé paralizado. Cuando pude reaccionar, se lo fui a contar a mis sobrinos”, afirmó el hombre.

El caso tiene varias incógnitas. La primera, es el móvil del crimen. Aunque se estima que se trató de un robo, aún no se lo pudo confirmar. “La casa estaba hecha un ‘despiole’, todavía no pudimos ver si le sacaron algo”, comentó su hermano.

La mujer y otros misterios

El segundo punto que queda por resolver es quién lo maniató. Según se cuenta en el pueblo, en los últimos días se vio a una misteriosa mujer y un automóvil que realizaba maniobras extrañas. “Dicen que vino una mujer rubia, medio gordita, petisa”, comentó la sobrina del fallecido, Liliana Flores. Este dato, y el hecho de que la víctima acabara de cobrar el sueldo de la jubilación, abonaron la teoría de una “viuda negra”. “Sospechamos de esa mujer. Aquí nos conocemos todos. No hay droga ni delincuencia, y jamás había ocurrido algo así. Aquí se puede dejar una moto en la calle y nadie la toca”, agregó el hermano de “Chicho” Flores.

Los misterios del caso no terminan allí. Durante la última tarde de Flores, una sobrina lo vio sentado frente a su casa, observando los caballos, alrededor de las 16.30. Durante esa misma jornada, se vio un vehículo extraño en la localidad. “Iba y volvía, era verde oscuro. La verdad es que nadie le prestó atención”, comentó la mujer.

Según los testimonios recogidos por la Policía, se trata de un automóvil viejo. Al parecer, los ocupantes de este vehículo estaban con tres hombres que se encontraban bebiendo cerveza frente a un almacén cercano, ya que estos partieron en dos motos por detrás del auto con destino a Estación Aráoz algunos minutos después.

Lo cierto es que nadie los vio volver y tampoco notó nada raro entre la última vez que vieron con vida a Flores y la hora en que lo encontraron muerto. Sin embargo, detrás de la casa del fallecido hay un espeso monte, lleno de malezas y árboles en el que habría sido muy fácil escabullirse sin ser visto, según sospechan.

La última incógnita está relacionada a la causa de muerte. Según pudieron apreciar a simple vista los peritos y familiares, el hombre apenas tenía un golpe en la frente y un corte en el labio. Por el momento, se esperan los resultados de la autopsia, pero dada la edad del hombre, no se descarta que hubiera sufrido un ataque cardíaco ante la violenta situación. Del mismo modo, tampoco se desecha la hipótesis de que lo hubieran hecho consumir alguna sustancia que lo hubiera matado.

“Chicho”, el charlatán

Mientras charlaba con LA GACETA, decenas de personas se acercaron a “El Rubio” para darle el pésame por su hermano. Él comentó que la vida del fallecido había estado rodeada de velorios: había enterrado a un hermano por un infarto, a su hija por un cáncer, a su esposa por muerte natural, a un sobrino por un accidente y a un sobrino nieto que se quitó la vida. “Pero estaba bien, era feliz. Salía con su bicicletita, daba una vuelta, nos visitábamos. Así han pasado los últimos años. Siempre ha sido una persona humilde, y ahora muy solitaria”, señaló su hermano.

“Era una muy buena persona, muy charlatán. Un día antes de que muriera estuvimos charlando y me decía que quería desmalezar un terreno para sembrar. Estaba jubilado desde hace muy poco, trabajó toda su vida haciendo limpieza en una escuela. Era un buen tío y un buen vecino, y le solía gustar ir a ver las riñas (de gallos)”, agregó su sobrina.

El caso quedó en manos de la división Homicidios, a cargo de Hugo Cabezas y Daniel Cuellar, y de la fiscala Adriana Reinoso Cuello.

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