Santiago Maldonado, el tatuador solidario con los más desprotegidos

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FOTO DE REUTERS.

Así lo definió su familia. Había cumplido 28 años el 25 de julio pasado, una semana antes de su desaparición.

20 Oct 2017

BUENOS AIRES.- Santiago Maldonado cumplió 28 años el 25 de julio pasado, una semana antes de su desaparición. Ese día, en la localidad chubutense de Cushamen, recibió los llamados de su familia y también intercambió mensajes con algunos amigos.

Sergio Maldonado: "hemos reconocido los tatuajes; es Santiago".

Todos lo llamaban y conocían como "Santi", "Lechu", "Brujo" o "Ardilla". Ninguno se imaginó que desde el 1 de agosto pasado su rostro de barba y pelo largo ocuparía el centro de banderas, pancartas y remeras junto con una pregunta que iba a ser repetida hasta hoy: "¿Dónde está Santiago Maldonado?"

Nació en la ciudad bonaerense de 25 de Mayo, situada unos 200 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires, pero en los últimos años decidió instalarse en El Bolsón, una localidad de la patagónica provincia de Río Negro, refugio de hippies y artesanos. Allí trabajaba como tatuador.

Empieza la autopsia del cuerpo hallado en el río Chubut: cuándo se sabrá si es Maldonado o no.

"Este tatuaje me lo hizo El Brujo entre agosto y septiembre del año pasado, en el comedor (living) de mi casa. Me pareció una persona muy copada (entretenida), con pensamientos profundos. Hablamos desde filosofía hasta fútbol, de todo. Agradezco a la vida haberme cruzarme con él", recordó un joven a quien Maldonado le tatuó en uno de sus brazos una brújula entre dos flores rosas.

Maldonado llegó a Cushamen pocas semanas antes de su desaparición. Lo hizo para acompañar la protesta de las comunidades mapuches de la zona que mantienen un litigio por la propiedad de las tierras con el empresario italiano Luciano Benetton. "No es militante político ni activista", recordó varias veces su familia.

El líder de RAM se quebró al hablar de Maldonado: "creo que el cuerpo es de Santiago; tengo mucho dolor".

Sergio, el hermano mayor, mencionó que tal vez todo hubiera sido distinto si Santiago se quedaba en su casa y “no salía a reclamar por los más desprotegidos y las causas justas".

Los mapuches declararon en la Justicia que no sabía nadar. Que cuando intentó escapar del violento desalojo que llevó a cabo la Gendarmería el pasado 1 de agosto, la última vez que se lo vio, quiso cruzar el río Chubut pero no se animó. También dijeron que fue golpeado por agentes de seguridad y llevado en una camioneta. (DPA)



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