"La cultura hace más difícil que practiquemos el mal". José Jiménez Lozano, escritor español, premio Cervantes 2002.El Gobierno tucumano obra como si tuviera sus prioridades trastrocadas. Con su proyecto para crear un multimedios quiere hacer lo que no debe y con la ampliación de la ley de Activo por Activo busca desatender aquello que está obligado a garantizar.
Cada una de estas cuestiones tiene particularidades propias. La sociedad del Estado "Nueva Imagen de Tucumán", por un lado, entraña el peligro de que los gastos en publicidad no sean controlados por el Tribunal de Cuentas. Y la creación de una agencia de noticias, la explotación de señales de aire y la participación accionaria de la Provincia en empresas periodísticas no condicen con la libertad de prensa.
La ampliación del "Sistema Alternativo de Pago de Infraestructura Pública", por el otro, representa la venta de edificios que conforman el patrimonio cultural, histórico y arquitectónico provincial. Es decir, la enajenación de la identidad de los tucumanos, cuestionada con dureza desde los más diversos ámbitos de la sociedad, aunque avalada ayer por el oficialismo legislativo. La oposición denuncia, además, que un gran negocio inmobiliario se esconde detrás.
Pero ambos ejes comparten un lugar común: el principio de subsidiariedad. Es decir, la doctrina según la cual el Estado no se ocupará de aquellas actividades en las que el sector privado se desempeña acabadamente, como los medios de comunicación. De igual modo, habrá ámbitos en los que deberá desenvolverse activamente, como la cultura.
"La provincia promueve la difusión de su acervo cultural y coordina las acciones para su conocimiento público y su valoración", señala nada menos que la Constitución de Tucumán, en el inciso tres de su artículo 124. El primer punto de esa norma indica que "los valores históricos, arquitectónicos, arqueológicos, artísticos y documentales constituyen parte del patrimonio cultural de la provincia y están bajo su protección, sean del dominio público o privado". Agrega que "la provincia podrá disponer las expropiaciones para preservar tal patrimonio y prohibir su extrañamiento". O sea, todo lo contrario al Activo por Activo. La Carta Magna es una obra de los tucumanos que intenta dificultar los procederes incorrectos. Y es, curiosamente, otro hecho cultural al que el poder político quiere echar mano.La venta del patrimonio cultural en pos de obras públicas no precisadas colisiona también contra el sentido común. Primero, ¿dónde está el negocio de obtener un bien mediante la destrucción de otro, tanto o más valioso? Luego, no hay obra pública más acabada para los tucumanos que su cultura.
La falsa (y peligrosa) dicotomía de enfrentar a la cultura con la obra de infraestructura pública parece la reedición de un clásico del subtrópico. La de que el pueblo pague con su patrimonio el despilfarro de quienes administraron el Estado. Ahora hay que vender los tesoros culturales para subvencionar las obras públicas. Los recursos materiales con los que deberían encararse esas tareas fueron agotados en una deuda pública de $ 3.000 millones. Semejante dineral, evidentemente, sirvió para realizar obras de infraestructura privada.
Aun desde una perspectiva mercantilista, los U$S 50 millones en los que están valuados los inmuebles históricos incluidos en el proyecto original apenas representan el 10% del presupuesto de un año de la Provincia. Aniquilar una parte esencial de nuestra cultura no dará ni una sola solución de fondo al subdesarrollo (al contrario, lo cimentará), simplemente porque el valor de la cultura no se expresa en dinero.
Si hay que sacrificar el patrimonio cultural a cambio de saldar el déficit de obra pública, por esta vía del absurdo no faltará quien proponga clausurar el Estado por dos años y usar sendos presupuestos para pagar la deuda pública. La ironía encierra una pregunta inquietante. Tras décadas de abandono público en educación, salud y seguridad, la provincia pretende ahora desentenderse de la cultura. ¿Según los gobernantes, exactamente, qué función tiene el Estado?
06 Mayo 2004 Seguir en 
Por Alvaro José Aurane
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