“No hay empresas exitosas en comunidades pobres”

La empresaria guatemalteca Ligia Chinchilla cuenta por qué vale la pena invertir en empresas sociales. Wakami

15 Oct 2017
1

RIESGOS. Chinchilla: el empresario nato sabe ver cuándo hay una buena oportunidad. FOTO DE SANTIAGO ROJAS PAZ.-

› Ligia Chinchilla
Nació en Guatemala; estudió en los Estados Unidos; Master en Administración de Empresas del INCAE; fue consultora del BID y del BM, integrante de un banco de inversiones; trabajó en privatizaciones en su país natal; autora de numerosos libros sobre Pequeña Empresa; fue socia y gerente de Wakami, una iniciativa social que impacta en mujeres rurales guatemaltecas y que produce pulseras que exporta a 24 países.  

PERFIL

› Ligia Chinchilla
Nació en Guatemala; estudió en los Estados Unidos; Master en Administración de Empresas del INCAE; fue consultora del BID y del BM, integrante de un banco de inversiones; trabajó en privatizaciones en su país natal; autora de numerosos libros sobre Pequeña Empresa; fue socia y gerente de Wakami, una iniciativa social que impacta en mujeres rurales guatemaltecas y que produce pulseras que exporta a 24 países.  


Cuenta la empresaria guatemalteca Ligia Chinchilla que después de haber experimentado la Economía en sus más diversas facetas burocráticas y pedagógicas (ver perfil), un día “le dio la picazón” y se dio cuenta que de que estaba enseñando a un montón de líderes, pero que nunca había tenido una empresa. Así llegó en 2004 Wakami, una iniciativa social por la cual medio centenar de mujeres rurales de Guatemala producen pulseras hechas a mano, artesanías “que cuentan historias” que ya se exportan a 24 países, y que Chinchilla gerenció hasta el año pasado. Fue entonces cuando decidió vender su parte en la marca y emprender su etapa actual: inversora de riesgo en empresas con perfil emprendedor. “Después de 15 años en diversas áreas, decidí que era hora de migrar a otra área. Encontré el emprendimiento como una alternativa; y mi visión cambió. Porque no es lo mismo tener una empresa corporativa, o que no sea social, a una como la nuestra”, recuerda la co -responsable (con otras tres socias ) de la empresa Kiej de los bosques, generadora a su vez de la marca Wakami (que significa “Ya es”, en idioma Kaqchikel).

“Para los indígenas, que dicen todo muy cortito, “ya es” es que el mundo perfecto ya existe, y que para entrar a ese mundo hay que entrar por el corazón. Wakami es el corazón”, describió Chinchilla a su paso por Tucumán, donde compartió su experiencia con potenciales inversores locales en el Foro de incentivo inversor que organizó Endeavor, con el objetivo de “contagiar”. Confía en que su experiencia motive a empresarios tucumanos a invertir, “porque cualquiera de nosotros que tenga un dinero adicional puede invertir en muchas buenas iniciativas sociales a la que se puede ayudar con poca plata”.

En Guatemala, fueron las mujeres rurales. “Es que allí -enfatiza Ligia-, si eres mujer rural, eres tres veces discrimimada. La idea era llevar empleo al área rural, y se nos ocurrió que hacer pulseras era un buen negocio; hicimos una empresa y una fundación, que se encarga de capacitar e incubar empresarias: y no trabajábamos solo para nosotras, sino que les enseñábamos a hacer pulseras, y a tener una empresa”. La empresa se dedicaba a diseñarlas, a convertirlas en una marca, y a llevarlas al mundo. “Cada entidad se dedicó a lo que tenía que hacer; a mí me tocó al principio montar el sistema de capacitación de las empresarias. Y luego, ir a vender las pulseras al mundo. Yo empecé con 700 dólares y 24 mujeres que querían trabajar. Y la idea de tener unas pulseras que, además, tuvieran la característica de que contaban una historia bonita, universal, mensajeras de buena voluntad. El día que me fui, las pulseras se vendían en 24 países de cuatro continentes; las llevamos a Asia, a Dubai, a Brasil, a Rumania, a España; y había 537 mujeres y sus familias trabajando en esto. Llegamos al millón de dólares en tres años”.

- ¿Cómo se reparte la ganancia?

- A las mujeres les llega el 33% del precio de venta: nosotros ganamos el 33 %; , y el canal de distribución, otro 33 %.

- No son cooperativas...

- No. Cada una es una empresaria; cada una decide cuál es su capacidad de producción y cuánto quiere vender. Produjimos alrededor de 1.6 millón de pulseras (hilo encerado, cuero, piedras, huesos, piezas de zinc y otros metales) al año de 400 diseños diferentes. Funcionamos como una cascada; cada quien hace lo que sabe hacer mejor. Las mujeres no quieren que el dinero se maneje en forma colectiva; son empresarias individuales; tienen una líder que se encarga de las tareas que ellas por sí solas no hacen.

- ¿Eligió mujeres por una cuestión de género? -¿ O porque encontró alguna especificidad en la mano de obra femenina?

- Básicamente, porque están discriminadas; y porque ellas tenían una increíble destreza manual.

- ¿Cómo interpreta usted este avance del emprendedurismo?

- Los empresarios nos hemos dado cuenta de que no podemos seguir teniendo el mismo esquema de producción. Porque sino, a la larga, no vamos a tener consumidores. No hay empresas exitosas en comuniades pobres. Los empresarios nos estamos dando cuenta de que hay que desarrollar la demanda; apoyarla, motivar a que generen empresas: Y eso fue lo que nos motivó. Y las mujeres somos mejor administradoras que los hombres (con perdón de los hombres). Porque no encuentro una madre que no quiera el beneficio para sus hijos; y creo que eso es la que las motiva.

- Cuando le ofrecieron comprar su parte en la empresa, ¿lo pensó dos veces ?

- Sí, después de 10 años, y una participación del 20 % en la empresa, y encontré el socio perfecto para Wakami. En diciembre vendí la empresa, y creamos una empresa familiar, que tiene como fin ayudar a los que ayudan. Me di cuenta que si yo podía financiar a los que necesitan ayudar a otros, mi impacto iba a ser mayor.

-¿ Qué anima a crear una empresa social?

- A los que están detrás de las empresas sociales los mueve la indignación por los problemas sociales; la pobreza, entre ellos. Y lo dan vuelta y lo convierten en una oportunidad de negocio, con la convicción de que así pueden ayudar a resolver el problema. Yo estoy ayudando a una empresa cordobesa, Ondule. Es un chico que hace cinco años vio que los niños están muy pegados al celular y que necesitan otro tipo de educación. Se le ocurrieron rompecabezas en 3 D de cartón corrugado. Tiene contactos con cooperativas de cartoneros, que recogen el cartón y lo reciclan; y con eso hacen las matrices para generar juguetes. Yo le compro la producción, me la llevo a Guatemala, y allí la coloco, y él no tiene que sufrir los problemas del comercio, la consignación, que paguen a los 60 días... Yo se la compro, corro con los riesgos del mercado, financio la consignación... y dentro de dos años me salgo, y él se queda con el cliente.

- ¿Cómo sabe el potencial inversor cuál es el margen de riesgo que puede bancar?

- El empresario nato es aquel que corre riesgos altos y que sabe ver cuando hay una buena oportunidad. El límite de tu riesgo es el capital que tienes para invertir. Si a mí me aparece un buen negocio puedo invertir todo mi capital; hago due dilligent (herramienta del inversionista para analizar los riesgos de una empresa). Pero, para mí, lo más importante es la química que yo tenga con el empresario. No tanto sus números, sus resultados, sino sus sueños, lo que quiere cumplir; la química para que nuestra relación hasta que yo salga del negocio pueda ser armoniosa.

- ¿Qué opina de estrategias como el crowdfunding?

- Muy bien, porque de cinco en cinco se generan millones. Creo que el crowdfunding es una extraordinaria alternativa para desarrollar la empresa social.

Comentarios