El estilo Schwartzman debería contagiar a la Selección

08 Oct 2017
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LLEGÓ A SEMIFINALES. “Peque” saludo a Goffin, que le ganó 7-6 y 7-6 en Tokio. twitter @dieschwartzman

Tan cercanos aún, la frustración de no haberle ganado a Perú el jueves por la noche y el riesgo de quedar fuera de Rusia 2018, componen un cóctel que inunda de forma unánime cada una de las conversaciones de los futboleros argentinos. A la búsqueda de razones, la dinámica de opiniones suele concluir en estiradas discusiones. Y, aunque casi siempre quedemos lejos de alguna conclusión eficaz, hay conceptos que se repiten.

Confianza es lo que más se escucha. Y parece acertado, siendo que en tiempos modernos nadie discute cuánto se puede conseguir cuando se confía en las posibilidades propias y qué tan extremos parecen algunos desafíos, objetivamente terrenales, cuando se cae en un pozo y se deja de confiar.

El equipo de Jorge Sampaoli (y antes el de Edgardo Bauza) es un caso concreto. Y, también fresco en estas horas, el andar de Diego Schwartzman es el contraejemplo.

Futbolero a más no poder es un libro abierto si se quiere leer la realidad. Todo lo que Diego viene consiguiendo desde el día en que decidió intentar ser tenista profesional se edifica en la confianza que tuvo, y tiene, en sus cualidades y posibilidades.

El mejor momento

Miles de veces escuchó que no podría. Pero creyó. Que el físico, que la altura, que las canchas duras, que las distancias, que la falta de dinero. Que eso y ésto otro también. Frente a cada cuestionamiento, él creyó. Frente a todos los cuestionamientos juntos, eligió seguir creyendo. Y confiar. Es esa confianza en sí mismo la moneda en la que hoy está cosechando todo en forma de victorias y números. Ayer semifinalista del ATP 500 de Tokio (perdió 7-6 y 7-6 contra Goffin), el ranking del lunes lo exhibirá en el mejor momento de su carrera. Y que a nadie, a nadie, se le ocurra decir que no podrá mejorarlo.

En la semana, tras derrotar a Steve Johnson y en horas previas al empate en La Bombonera, Peque firmó la lente de la cámara con un mensaje elocuente: Vamos Argentina!

El mismo deseo que, ya instalado en Shanghai para el siguiente Masters 1000, debe tener en la piel para el decisivo duelo del martes, en Quito, contra Ecuador.

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