Discriminación y maltrato con las personas mayores

01 Oct 2017 Por LA GACETA

Es una etapa de la vida que se enfrenta de diferentes modos. Para unos representa un retiro a los cuarteles de invierno, para otros la posibilidad de concretar proyectos o inquietudes que no pudieron cristalizar antes porque las prioridades tal vez eran otras. Hay quienes la ven como una puerta a las enfermedades, en coincidencia con lo que afirmaba Platón, filósofo griego, quien aconsejaba: “teme a la vejez, pues nunca viene sola”. Es indudable que a partir de los 65 años se va produciendo en el ser humano una declinación física e intelectual. Siempre depende de la actitud que se tenga para vivir los últimos años de la vida. “Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara”, afirmaba el francés Michel de Montaigne.

En 1990, la Asamblea General de Naciones Unidas eligió el 1 de octubre para celebrar el Día Internacional de las Personas de Edad, como una oportunidad para destacar la importante contribución de las personas mayores a la sociedad y para concientizar sobre los problemas y los retos que plantea el envejecimiento. En la actualidad, casi 700 millones de personas son mayores de 60 años; para 2050, las personas de esa edad o más alcanzarán los 2.000 millones, es decir más del 20% de la población mundial. Los mayores son a menudo excluidos del mercado laboral, pese al capital valioso que poseen: la experiencia.

Llegar a la vejez en nuestro país puede representar un castigo sobre todo para aquella gran mayoría que percibe una jubilación mínima ($7.246) por debajo de la línea de pobreza ($15.244).

En 2015, la estadística indicaba que en nuestra provincia, a mediados de 1990, las personas de 65 años o más eran 71.698, es decir, el 6,3% de la población. En 2010, la cifra se elevó al 8% de 1.448.200 habitantes, de acuerdo con el censo de 2010. La expectativa de vida en Tucumán es actualmente de 78 años para la mujer y 72,5 para el hombre.

“No vivimos en un país en el que se planifiquen acciones para tratar mejor y cuidar a sus ancianos; no hay programación gerontológica en la Argentina”, señalaba una de las conclusiones del 12º Congreso de Gerontología y Geriatría que tuvo lugar en Buenos Aires. Un especialista consultado entonces por LA GACETA dijo que la indiferencia es una forma de violencia que afecta mucho a los mayores. “Pero la indiferencia no viene sólo desde la familia, sino también del Estado: a pesar de existir una sentencia judicial, el Gobierno no otorga el 82% móvil en las jubilaciones. Entonces, todos los miércoles vemos a los viejitos en la plaza y pareciera que nadie los escucha. Eso también es violencia y maltrato”, afirmó.

Las inhumanas colas que deben hacer los jubilados para percibir sus haberes, para comprar o autorizar órdenes en el Subsidio de Salud, o la espera de uno o más meses que deben soportar los afiliados al PAMI para que un especialista los atienda o para recibir una prótesis son algunos de los padecimientos permanentes. Da la impresión de que las autoridades y la burocracia se empeñan en hacerles más amarga esta etapa de la vida. Para muchas personas resulta muy duro haber trabajado y aportado toda su vida para el crecimiento del país para llegar a la vejez y recibir un trato penoso.

Afortunadamente, hay otras satisfacciones vinculadas con el afecto y el deseo de seguir haciendo cosas que le ponen sal a la vida porque jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será, decía el escritor español Miguel de Unamuno.

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