Batalla de Tucumán: el triunfo que un jockey soñó toda la vida

“Le doy gracias a Dios por haberme guiado a tomar la decisión de volver a esta actividad”, dijo Matías Basualdo

26 Sep 2017

Estuvo a punto de abandonar la profesión, pero su amor por los caballos pudo más y ayer alcanzó la gloria al conducir al triunfo a Sir Melody en el Gran Premio “Batalla de Tucumán”. Matías Basualdo siente que tocó el cielo con las manos y que pudo hacer realidad lo que soñó toda la vida. “Todavía no caigo. Ganar el Batalla es lo máximo a lo que aspira cualquier jockey de esta región. Es la carrera más importante del calendario y solo correrla es algo maravilloso. ¡Imaginate lo que significa ganarla!”, comentó el jinete nacido el 30 de junio de 1989, en Banda del Río Salí.

Antes de llegar al disco, Basualdo comenzó a celebrar la victoria sobre la montura del hijo de Tumultuoso que entrena Carlos Delgadino. “Faltando 150 metros para el disco, me di vuelta para ver si aparecía algún rival y como ninguno se acercaba, empecé a festejar. Fue algo hermoso, lo que soñé toda mi vida. En un momento creía que nunca iba a poder ganar un Batalla. Le doy gracias a Dios y a toda la gente que confío en mi, especialmente a Delgadino y a los propietarios del caballo”, expresó.

Basualdo disfruta de las mieles del éxito, pero para llegar a esto tuvo que sortear muchos obstáculos. “Nada es fácil en esta exigente profesión. Me inicié a los 15 años en las carreras cuadreras y a los 17 debuté oficialmente en el hipódromo con un ejemplar que entrenaba Aldo Bollea. A poco de comenzar a correr, conseguí mi primera victoria. Fue algo maravilloso”, contó. Pero a medida que fueron pasando los años, llegaron las complicaciones. “Soy un poco alto para ser jockey y tengo muchos problemas con el peso. Tengo que esforzarse para cumplir con lo establecido. En el Batalla no tuve problemas, porque pude competir con 61 kilos. Lo duro es cuando me toca montar ejemplares a los que tengo que conducir con 56 kilos”, indicó.

El jockey de 28 años puso mucho énfasis en lo que le cuesta entrar en peso. “En junio de 2013 dejé de correr porque estaba excedido en el peso. Había pensado en abandonar definitivamente esta actividad. Comencé a trabajar como ayudante de albañil y en una panadería para poder mantener a mi familia. El año pasado, por iniciativa de mi familia y porque los caballos son mi vida, decidí volver. Los primeros meses fueron durísimos. Bajar de peso me costó una barbaridad. Para muchos jockeys no es fácil realizar una dieta adecuada. No contamos con los recursos económicos necesarios. El dinero que ganamos, es para mantener la casa y no es suficiente para comprar algunos alimentos especiales que necesitamos”, explicó Matías, que es papá de Candela Tiziana (6 años) y Matías Samir (2 años).

“Además mi señora Marisa Chávez está embarazada de cinco meses”, reveló el jinete, quien contó que su papá Antonio Armando es un apasionado por las carreras, mientras que su mamá María Alejandra tiene mucho temor de que le ocurra un accidente. “Esta es una profesión muy riesgosa. Los caballos corren a más de 60 kilómetros por hora. Una vez, en el 2009, compitiendo en una cuadrera en Estación Aráoz, sufrí una rodada y estuve dos días inconsciente. En las canchas cuadreras no hay médicos, entonces cuando te pasa algo es más complicado. En el hipódromo contamos con todas las medidas de seguridad necesarias”, remarcó.

“Ganar el Batalla es un gran incentivo. Te motiva para seguir mejorando. Sentís que el esfuerzo valió la pena y que nada fue en vano. Hoy le doy gracias a Dios por haberme guiado a tomar la decisión de volver a esta actividad maravillosa”, concluyó.

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