“La creación siempre tiene aspectos del juego”

Es una de las autoras más reconocidas del país dentro de la literatura infantil. Aquí habla sobre las características de su obra, como también de su incursión en la literatura que apunta a un lector adulto

24 Sep 2017
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UNA LECTORA DE LOS PEQUEÑOS LECTORES. “Una de las características de los niños que me merece más respeto y admiración es su capacidad de jugar, de ‘hacer de cuenta de…’.

- Seré obvia. ¿El juego es para vos una de las armas más valiosas a la hora de la creación?

- A mí entender la pregunta no es tan obvia. Desde mi punto de vista, la creación siempre tiene muchísimos aspectos propios del juego, pero no todos lo ven así. Y siempre es un juego por distintos motivos. Es ejercer la libertad creadora. Es entrar en lo desconocido con las manos vacías y volver con algo, con lo que podríamos llamar “una obra”, como alguien que saca de una galera en la que nada había, un sinfín de aves voladoras en un juego de prestidigitación. Y en mi caso, el camino que me lleva a construir una obra de teatro, un cuento, un poema, es el juego con las palabras o más aún, el juego que habilitan las palabras cuando las dejo jugar entre sí. Si yo no jugara con los sonidos y los significados de las palabras, nunca habría escrito un libro. Es el juego lo que pone en marcha el mecanismo de creación de mi escritura.

- ¿Qué te trajo por estos espacios donde elegiste decir las cosas más serias con las palabras de un niño?

- Justamente una de las características de los niños que me merece más respeto y admiración es su capacidad de jugar, de “hacer de cuenta de…”, de encontrar en un objeto cualquiera muchas más posibilidades de las que solemos ver los adultos. Por ejemplo, en una silla vemos eso, una silla. Y ahí quedó todo. Pero una silla, según cómo se la vea, puede ser un avión, una mesa, una guarida, una nave espacial y tantas otras cosas. En ese sentido, para mí los niños son mis pares, y he conservado en mi interior algunas de sus características. Me gusta mostrar que también las palabras pueden leerse de muchas maneras y que nada está cerrado definitivamente. Por otra parte, los niños también tienen seriedad, aunque suele ser diferente de la de los adultos. Creo que la seriedad no tiene nada que ver con el acartonamiento o la falta de espontaneidad, sino con el tomarse las cosas a fondo. Para cada chico o chica, todo lo que les sucede y todo lo que ocurre a su alrededor es serio. Y debe ser porque para mí la escritura es en gran medida un juego, lo que no significa que no sea una actividad seria, y porque conviven en mí una mujer adulta y una niña, que hace treinta y ocho años escribo literatura para niños.

- El humor es una de las características fundamentales de tu obra, y el humor es muy difícil en cualquier género. En tu caso, ¿fluye de manera espontánea?

- Creo que sí. Por lo general, en la vida diaria soy tal como escribo. A veces las personas con las que me relaciono de modo cotidiano se cansan un poco de que esté siempre haciendo chistes. Me parece que es parte de mi esencia. Según yo lo veo, el humor tiene que ver con una manera de ver la vida que reconozco como la mía. Se relaciona mucho con lo que decíamos del juego y con la posibilidad de encontrar muchos sentidos a cada palabra, a cada gesto, a cada texto, a cada cosa y a la totalidad de la vida. Por lo general, leer o escuchar algo que tiene explícitamente un doble sentido nos causa gracia o risa. Y yo soy una buscadora y una “encontradora” de la multiplicidad de sentidos.

- ¿La academia es una ayuda o un obstáculo a la hora de crear?

- Desde mi punto de vista, es un obstáculo. La academia es demasiado rígida. Funciona con muchos supuestos que toma como verdades sin mucho fundamento. Y suele ser extremadamente cerrada. Eso no ayuda en absoluto a la creación.

- Acaba de publicarse tu primer libro de poemas para adultos, Rama rama, rama negra. ¿Cómo fue cambiar de público? ¿Hay diferencias entre la literatura infantil y la literatura para adultos?

- Estoy muy contenta con la publicación de mi libro de poemas “para adultos”. Y lo señalo entre comillas porque siempre está la problemática de qué es literatura para grandes y qué literatura para chicos. Y aunque desde mi visión la literatura es una sola, un modo artístico de encontrarse con el lenguaje, el mercado y todos los que nos movemos en él exigimos una clasificación a la hora de producir, consumir, vender, comprar, hablar de los libros. Me incluyo porque por algo publico estos poemas en una editorial para adultos y no en una editorial que publica libros para chicos, como mi propia editorial Abran Cancha, por ejemplo. Necesitamos de alguna manera definir a nuestros interlocutores, quizás para que nos resulte más fácil imaginar un público que pueda respondernos, con el cual haya un intercambio imaginario que nos ayude a escribir eso que estamos escribiendo. Otro motivo por el cual no quise publicar estos poemas en un sello infantil, y mucho menos en mi propio sello, fue porque necesitaba de editores que me acompañaran en la exploración del campo de la literatura para adultos, que para mí no es tan conocido como el infantil. Rama rama, rama negra es el primer libro que publico en esta línea y me resultaba indispensable que la editorial que lo publicara confiara en mi escritura, en mis poemas. Y así fue. Agradezco profundamente a Leticia Hernando y a Dafne Pidemunt, editoras de La Mariposa y La Iguana, por la confianza y la compañía. A esta altura de mi carrera, “consagrada” en mi labor de escritora de literatura infantil, animarme a incursionar en otro tipo de literatura significó para mí un gran desafío.

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