De un lado asomó la ofuscación; del otro, algunas celebraciones

Familiares de desaparecidos y militantes de organismos de Derechos Humanos y partidos políticos siguieron la sentencia a través de parlantes en la puerta del Tribunal Oral Federal.

16 Sep 2017
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PEDIDO DE JUSTICIA. Los manifestantes criticaron con cánticos las condenas.

Entre la resignación y la indignación. Esas fueron las sensaciones de la mayoría de los familiares y miembros de organizaciones de Derechos Humanos que escucharon ayer la sentencia de la megacausa “Operativo Independencia”, afuera del Tribunal Oral Federal. Alrededor de 500 oyentes se agolparon cerca de los parlantes ubicados en la esquina de Crisóstomo Álvarez y Chacabuco.

“No estoy conforme, para nada. Es inconcebible que haya represores que han sido condenados a perpetua y otros, por los mismos delitos, fueron absueltos o les dieron penas menores”, reclamó Silvia Sandoval. Su novio, Jorge de la Cruz Agüero, fue secuestrado de la casa de sus padres el 13 de agosto de 1976. El joven de 17 años estaba durmiendo. Meses después nació la hija de ambos: Natalia Aríñez. “Me parece tremendo que mi hija haya dedicado su vida entera para conseguir Justicia y no haya podido llegar a la sentencia. De todas maneras no podemos bajar los brazos”, clamó llorando. Y agregó: “sueño mucho con Natalia. Con su risa, con su fuerza. Es ella la que me ha dado fuerzas para sobrevivir desde hace 41 años y me da la fuerza para mantenerme en pie como sea, por sus ansias, su alegría y su fuerza”, dijo Sandoval estrujando un pañuelo entre sus dedos. Aríñez y Sandoval regresaban de Famaillá en diciembre junto con las militantes Julia Albarracín, Marianella Triunfetti y Alejandra Würschmidt, cuando fueron chocadas en la ruta. Aríñez, Triunfetti y Würschmidt fallecieron.

Cerca de la esquina, Josefina Molina (hija del ex vicegobernador Dardo Molina, cuyos restos fueron encontrados en el Pozo de Vargas) apretaba sus manos con María Coronel, de Hijos (sus padres, María Cristina Bustos y Carlos Coronel fueron secuestrados en 1977 y 1976). “Las absoluciones duelen. Y que los únicos condenados con perpetuas son los que ya las venían acumulando también es inconcebible”, rechazó Molina, mientras militantes de sectores peronistas (La Cámpora y JP Evita) y partidos de izquierda (PO, PTS, MST, PCR) cantaban consignas contra la última dictadura. Algunos arrojaron huevazos por donde debían salir los acusados al finalizar la audiencia.

Quien también se acercó para acompañar a los familiares fue Graciela Ledo, hermana del conscripto desaparecido en 1976 Alberto Ledo. “Esta sentencia es histórica por la cantidad de víctimas y de genocidas implicados. Sin embargo, es vergonzoso que en muchos casos haya una distancia abismal entre las penas pedidas por los fiscales y las condenas, porque absolvieron a al militar Omar Parada cuando pidieron su cadena perpetua”, consideró Ledo. Y agregó: “deseo que llegue el juicio por la desaparición de mi hermano, pero contra todos los responsables (el ex jefe del Ejército César Milani es acusado por la querella)”.

Detrás de las vallas

Entre los familiares de imputados hubo algunas escenas de celebración, pero las condenas dejaron un sabor amargo. Si bien no quisieron hacer declaraciones, afirmaron que estaban muy unidos y que, por ello, no podían festejar. Sí remarcaron que nunca fueron beneficiados con tantas absoluciones. Los absueltos se abrazaron con sus familias y lloraron de alegría. Se retiraron del recinto rápidamente y evitaron las cámaras y micrófonos. “Al fin terminó”, dijo aliviada la hija de uno de ellos al salir. Albornoz salió caminando junto a sus nietos y lanzó algunos insultos a los fotógrados que se le acercaron. Su nieta trataba de calmarlo. Compraron comida en una rotisería cercana al Tribunal y se fueron en taxi. Varios de los condenados se quedaron en la sala vacía, esperando que no quedara nadie afuera. Se los veía distendidos, tomando café y comiendo galletitas.

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