El ingreso de mujeres al Gymnasium de la UNT

15 Sep 2017

Se la define como la doctrina o costumbre conservadas en un pueblo por transmisión de padres a hijos. La tradición es uno de los componentes de la identidad de una comunidad, del perfil de una institución o de un grupo. Seleccionar excluyendo es la primera acepción del verbo discriminar. En una segunda habla de separar, de diferenciar una cosa de otra. Durante muchos siglos -y aún en la actualidad sigue ocurriendo- los grupos humanos se separaron y etiquetaron por sexo, raza, religión, condiciones físicas, intelectuales. En algunos países, aquellos que nacen en el marco de una determinada condición social no tienen la posibilidad de cambiar su destino, les está vedado acceder a otras clases o mezclarse con esos individuos, en una suerte de cruel determinismo.

La educación no era una excepción: los nenes con los nenes y las nenas con las nenas fue la consigna tradicional hasta hace pocas décadas. Al principio los primeros colegios mixtos fueron vistos como de avanzada por unos pocos, y condenados para la mayoría apegada a la costumbre. Luego se vio como más natural que mujeres y varones compartieran el mismo espacio educativo porque era la posibilidad de que interactuaran, se respetaran, compartieran sin diferencias, como luego debería ocurrir en la adultez.

En julio pasado, se inició un conflicto en el Gymnasium, que depende de la Universidad Nacional de Tucumán, cuando alumnos y docentes solicitaron que se permitiera el ingreso de mujeres a la institución. Esto generó el rechazo de la mayoría de sus alumnos, así como de padres y egresados. Hubo asambleas y protestas. El ingreso de damas fue rechazado por el Club Colegial de la institución. Sin embargo, el Consejo Superior de la UNT decidió autorizar el ingreso de mujeres a partir de 2018.

Un juez federal acaba de rechazar una cautelar contra la UNT, impulsada por padres que solicitaban la suspensión de la resolución del Consejo Superior que establecía el ingreso femenino y que el Gymnasium adecuara su reglamento a esta nueva realidad y que este fuera aprobado por el Consejo. En su fallo el magistrado señala: “ordenar la suspensión de los efectos de la Resolución conllevaría impedir el ingreso de las niñas a dicha institución educativa, lo que podría afectar el derecho a la igualdad al acceso a la educación, sin distinción de sexo. Ello, en virtud de la incorporación de los tratados internaciones de derechos humanos (art. 75 inc. 22 de la CN) y el reconocimiento de su jerarquía constitucional, en particular, la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer”.

La modernidad viene impulsando afortunadamente nuevos aires de igualdad, derribando antiguos prejuicios, sobre todo en cuestiones de género. Es saludable desde todo punto de vista la democratización de la educación, así como de los espacios donde se la imparte. Aferrarse a una costumbre por miedo a perderla o por temor al otro, es oponerse al ciclo de la vida que está en constante movimiento y transformación. No debería existir institución, y menos subvencionada por el Estado, que seleccione excluyendo. Justamente, la educación debe contribuir a desterrar discriminación de cualquier tipo entre los ciudadanos, partiendo de la igualdad ante la ley. “La tradición es una guía, no una carcelera”, sostenía el escritor británico William Somerset Maugham.

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