“Me propuse hablar de alguien oculto”

En Cenizas que te rodearon al caer, su último libro, Lorenz reconstruye el asesinato de Cesáreo Cardozo, el jefe de la Policía Federal Argentina, al que la montonera Ana María González le puso una bomba debajo de su cama. “Me pregunto si se puede emerger indemne”, se pregunta Lorenz, a más de 40 años de esa muerte y ante la publicación de su libro. Algunas respuestas a esa pregunta están en ese trabajo; otras, en la siguiente entrevista

10 Sep 2017
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Por Alejandro Duchini - Para LA GACETA - Buenos Aires

Ana María González tenía solo 20 años y era una más en la organización Montoneros cuando el 18 de junio de 1976 mató al jefe de la Policía Federal Argentina, el general Casáreo Cardozo. Lo hizo valiéndose de su amistad con su hija, Chela, de quien era compañera de estudios. Una tarde en que fue a estudiar a su casa, con la excusa de hablar por teléfono, se metió en la habitación del militar y dejó una bomba programada para que explote en la madrugada. Luego se fue y desde ahí no tuvo vida pública. Hasta que tiempo después murió tras recibir disparos de un soldado que integraba un retén en el oeste del conurbano bonaerense. Su cuerpo fue escondido y quemado para que los militares no lo utilicen como emblema de otro paso victorioso en su lucha por afianzarse en el poder.

Lorenz contó aquello y más en Cenizas que te rodearon al caer. Describió a la Argentina de los años de plomo, cuyo gobierno de facto llevaba adelante su artillería represiva e ilegal.

- Me impactó la foto de María en una conferencia de prensa que publicás en la contratapa. ¿Me podrías contar “tu” historia con esa foto? ¿Te pasó algo similar con otras fotos que hayas visto durante el trabajo de este libro?

- Esa fotografía la tomó el servicio de prensa de Montoneros, y es la que utilizaron luego los medios que, en el exterior, reprodujeron la conferencia de prensa. Tuve mucha suerte para ubicarla, tanto en archivos españoles como mexicanos. Desconocía que fuera en color. La fotografía me resulta irreal: es una conferencia de prensa en una ciudad militarizada, a pocos días de que la Junta Militar matara a Santucho, máximo referente del ERP. Se la ve firme, se la ve decidida, está “congelada” en ese acto que significa explicarle al mundo lo que ha hecho, dentro de la “guerra” que Montoneros consideraba estar librando en ese momento. Hay otras fotos que me impactaron más, sin embargo. Sobre todo, la que es tapa del libro, aquella en la que Ana María González posa con su uniforme de estudiante. Siento que nos mira, que nos interpela. Hay allí un gesto decidido y desafiante que es impactante.

- ¿Qué es de la vida tanto de los Cardozo como de los González? El hijo de Cardozo, Eduardo Daniel, está detenido por el crimen de la modelo francesa Marie- Anne. ¿Y el resto?

- Ante mis consultas prefirieron no dar testimonio para el libro y creo que es mejor que no responda esta pregunta. El tema del libro es delicado, implica muchísimo dolor, y yo he querido todo el tiempo ser muy respetuoso con ellos.

- ¿Cómo te recordás en 1976?

- Yo era un niño que en aquel entonces estaba en primer grado. Las noticias sobre los temas que hoy investigo eran eso; irrupciones de la televisión o la radio en la vida de alguien que esperaba la hora de ver La Pantera Rosa, o El Gran Chaparral. No me llamaba la atención de manera particular. Me gustaban los desfiles, me gustaba jugar a los soldaditos. Tardé muchísimos años en enterarme de que teníamos un desaparecido en la familia, que se traducía sólo en que “el abuelo estaba enojado con un hermano”.

- ¿Qué lugar ocupa para vos este libro entre tantos que escribiste?

- Si bien se me asocia por mi trabajo sobre todo a Malvinas, lo cierto es que yo investigo y escribo sobre la “historia reciente”, como la violencia política, la memoria y la lucha sindical, con la misma intensidad. Este es un libro especial por el tiempo que me llevó hacerlo, por el contexto en el que se edita, y porque estoy seguro de que hay sectores que por mi mirada sobre el tema Malvinas no están conformes con que sea su director, concursado, y lo utilizarán para marcar algo así como el “director montonero del Museo”. Es parte de la lucha política, y en ese sentido, el libro es muy importante. Es un libro que quiero mucho, sobre todo porque siempre me propuse hablar de alguien oculto, alguien maldito, alguien que ni siquiera había tenido la posibilidad de que hablaran sobre ella más que sus enemigos. Y eso es lo de Benjamin, cuando decía que ni siquiera los muertos iban a estar tranquilos.

- Contás que tuviste entre tus manos la agenda de Ana María. ¿Qué te significó tener una parte de ella?

- Tuve copias de su libreta, que está en archivos de consulta pública. La tangibilidad de la historia. Esa libreta que provisoriamente le salvó la vida cuando estuvo secuestrada, fue muy impactante. Era también el mapa de la vida de una chica normal, una joven de clase media que anotaba los libros que tenía que leer, el teléfono de la depiladora, los compromisos… Era una forma más de ver a la persona de carne y hueso.

- No deja de asombrar la mención a Patricia Bullrich como testigo de una emboscada que les hicieron a sus compañeros de Montoneros, a quienes pertenecía. ¿Su actual integración a un gobierno como el de Macri qué te provoca?

- Me interesó destacar la participación de la actual ministra en la Columna Norte no por una vocación sensacionalista sino, precisamente, para llamar a la reflexión sobre esto que vos señalás: los cambios ideológicos, los cambios en las conductas, la superposición de capas de lealtades que algunos verán como cambios de pensamiento o adscripción partidaria y otros como claudicaciones o traiciones. Yo, en el libro, no abro juicio: yo no soy las personas que investigo. Me propongo que los lectores ni siquiera juzguen, sino que decidan. Mirar el pasado de una manera u otra es una forma de hacerse responsable políticamente.

- Duele la historia de Guillermo Dimitri. ¿Qué te pasó con esa historia?

- Dimitri estaba bajo bandera y lo mataron los Montoneros cuando intentaban huir de un control militar del que él era parte. Creo que de alguna manera estos dos jóvenes que se matan encarnan lo peor de lo que vivimos como sociedad. Me dio muchísima tristeza y perplejidad. Tanto como saber que lo ascendieron a cabo post mortem, pero a su madre le negaron la pensión con el argumento de que vivía en concubinato. Esos dobles estándares son tremendamente dañinos.

- ¿Por qué citás a Juan Gelman con eso de “cenizas que te rodearon al caer” al titular tu trabajo?

- Anita murió desangrada en una casa operativa de Montoneros. Quemaron la casa y su cuerpo para que no cayera en manos de sus enemigos. Los versos de Gelman sintetizaban lo que más me había movido de su historia: su sacrificio, el silencio acerca de ella: “En realidad quería hablar de las cenizas que te rodearon al caer / Quería hablar de las toneladas de olvido depositadas sobre tu corazón”.

© LA GACETA

PERFIL

Historiador y novelista, Federico Lorenz nació en Buenos Aires, en 1970. Ha investigado a la dictadura militar y, sobre todo, lo sucedido con la guerra de Malvinas. Entre otros libros, publicó Todo lo que necesitás saber sobre las Malvinas, Algo parecido a la felicidad, Las guerras por Malvinas, Malvinas - una guerra argentina y Los muertos de nuestras guerras. Es el actual director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

Esta historia *
Por Federico Lorenz
Esta es la historia de una chica difícil. Escribirla también lo fue. Pero escribir sobre una vida no debería ser, nunca, más difícil que vivirla. Sería presuntuoso pensar una cosa así.
Supongo que me perturba algo en lo que creo: nos parecemos a las tareas que encaramos, tanto como a las cosas que elegimos recordar. Nuestras empresas son las que nos paran frente al mundo, aun desde el lugar ínfimo que nos toca vivir. Y yo, hace más de diez años, decidí que quería escribir la historia de Ana María González, una joven sobre la que solo hablaron sus enemigos.
En junio de 1976, esa joven colocó una bomba debajo de la cama del primer jefe de la Policía Federal de la dictadura militar, y lo mató. Me parece que en la historia de Ana María González -cuya vida se hizo pública solo el día que atentó contra Cesáreo Cardozo, pero que tiene un antes y un después- confluyen muchas de las líneas de fuerza de aquellos años extremos que llamamos “los setenta”. Y que valía la pena contar, a través de ella, una época. 
* Fragmento de Cenizas 
que te rodearon al caer.

Esta historia *
Por Federico Lorenz

Esta es la historia de una chica difícil. Escribirla también lo fue. Pero escribir sobre una vida no debería ser, nunca, más difícil que vivirla. Sería presuntuoso pensar una cosa así.
Supongo que me perturba algo en lo que creo: nos parecemos a las tareas que encaramos, tanto como a las cosas que elegimos recordar. Nuestras empresas son las que nos paran frente al mundo, aun desde el lugar ínfimo que nos toca vivir. Y yo, hace más de diez años, decidí que quería escribir la historia de Ana María González, una joven sobre la que solo hablaron sus enemigos.
En junio de 1976, esa joven colocó una bomba debajo de la cama del primer jefe de la Policía Federal de la dictadura militar, y lo mató. Me parece que en la historia de Ana María González -cuya vida se hizo pública solo el día que atentó contra Cesáreo Cardozo, pero que tiene un antes y un después- confluyen muchas de las líneas de fuerza de aquellos años extremos que llamamos “los setenta”. Y que valía la pena contar, a través de ella, una época. 

* Fragmento de Cenizas 
que te rodearon al caer.

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