Dos rutas provinciales en lamentable estado

28 Ago 2017 Por LA GACETA

Las rutas son esenciales para la comunicación. Su misión es unir poblaciones, acercar a la gente entre sí, ya sea de un mismo territorio o fuera de este. No sólo sirven para trasladarse de un lugar a otro; son también fundamentales para el desarrollo turístico. A diferencia de sus hermanas Salta, Catamarca, Córdoba, Tucumán nunca se ha caracterizado por mantener en buen estado sus caminos y carreteras.

Una que tiene un tránsito constante es la ruta provincial N° 315, conocida como el Camino del Perú que pasa por el ex ingenio San José, Villa Carmela y desemboca en Tafí Viejo. Desde hace años es penoso su estado y cada vez se hace más difícil circular por allí. En nuestra sección Cartas del 22 de agosto, una lectora contaba: “es tan triste y angustiante ver la forma en la que se encuentra la Comuna de Cebil Redondo... Está al oeste de la capital, entre Yerba Buena y Tafí Viejo. Su población es de 14.738 habitantes, los cuales viven presos de los robos, la oscuridad y el pésimo estado en el que se encuentra la ruta provincial 315, la cual no cuenta con señalización de ningún tipo, pero sí con baches profundos, gran caudal de vehículos de diferente porte que circulan a gran velocidad y choferes de colectivos que se convierten en una amenaza constante por la forma en la que conducen. Todo esto sumado a un canal ubicado a su vera, sin ningún tipo de protección, que pone en riesgo a todos los habitantes, especialmente a los niños que concurren a escuelas y colegios de la zona y donde no hace más de seis meses falleció un vecino arrastrado por el agua. ¡Nadie hace nada!”

Tampoco es afortunada la ruta provincial N° 338 que une San Pablo con Villa Nougués, en una extensión de alrededor de 17 km. Poco o nada desde 2015, cuando le dedicamos un espacio destacado: profundos baches a lo largo de prácticamente todo el trayecto, lo que obliga a esquivarlos y -por momentos- cruzarse de carril; desprendimientos del asfalto, que dejan restos de pavimento a lo largo del trayecto; yuyos a la vera de la ruta, lo que disminuye la visibilidad y el ancho del camino; falta de demarcación de la ruta, lo que provoca que en días de neblina (casi todos los días hay neblina en esa zona) se haga muy complicada la conducción y disminuya la seguridad. Los merenderos que alguna vez hubo están destruidos o fueron devorados por la maleza. “Los problemas más graves son la falta de mantenimiento -pocas veces cortan los pastizales de la orilla- y la nula demarcación... uno lo conoce al camino y sabe qué es lo que se espera. Pero al que sube por primera vez, con neblina, de día o de noche, le causa mucho temor”, señalaba en ese entonces el encargado de la hostería de Villa Nougués. Un periodista de nuestro diario efectuó el recorrido hace un par de semanas y constató que casi todo sigue igual.

Por la ruta N° 315 circulan a diario miles de tucumanos, que deben soportar las penurias propias de un camino cada vez más deteriorado. La N° 338 no es muy transitada probablemente porque está rota y sólo invita a los conductores a romper el tren delantero de sus vehículos, pese a que los paisajes son imponentes y maravillarían a más de un tucumano y de un turista. Sería importante que el Estado destinara un presupuesto digno para el mantenimiento de sus caminos, porque ello contribuye no sólo a la comunicación, sino también a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

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