El periodista y el presidente

Vázquez, el presidente, para sorpresa de Paolillo, el periodista que lo criticaba, estaba parado en primera fila en el acto en que el reportero recibía el reconocimiento. Cuando terminaron los discursos, el jefe de Estado le dio un abrazo al hombre de la prensa y lo miró a los ojos, en silencio, por dos o tres segundos

27 Ago 2017
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SALUDO FRATERNO. Claudio Paolillo y Tabaré Vázquez, en un momento en el que también se encuentran el oncólogo y el paciente que da pelea al càncer.

Por Daniel Dessein - Para LA GACETA - Buenos Aires

El presidente

Tabaré Vázquez nació en 1940, en Montevideo. Su padre era un obrero de la petrolera estatal y estuvo preso en 1951 por su actividad gremial. En su juventud, Tabaré se destacó en el fútbol como arquero y luego más aún como dirigente, llevando a Progreso, club del que fue presidente, de la tercera división a ganar el campeonato nacional en 1989. Ese año Tabaré se convirtió en el primer intendente de izquierda de Montevideo. Un hito inicial de una carrera política que lo llevaría a una primera presidencia en 2004, encabezando el Frente Amplio y quebrando la tradición bipartidista uruguaya conformada por blancos y colorados. En 2015 asumió su segunda presidencia.

Cuando estaba terminando el colegio sus padres murieron de cáncer. Tabaré decidió ser médico y luego oncólogo. Terminó transformándose en uno de los mayores especialistas de su país. Durante su primera presidencia una particularidad llamó la atención en todo el mundo. Todos los martes el presidente se ponía su delantal y atendía pacientes en su consultorio.

El periodista

Claudio Paolillo nació en 1960, en Montevideo. Su padre fue periodista del diario El Día, estuvo preso durante la dictadura y murió angustiado, a los 39 años, por no poder expresarse con libertad. Paolillo fue un apasionado por el fútbol pero tomó una decisión racional cuando decidió hacerse hincha de Defensor, el equipo que podría quebrar el duopolio de Nacional y Peñarol e inyectarle dinámica al deporte. Inició su carrera periodística, siendo adolescente, en el mismo diario en que trabajaba su padre. Luego pasaría por distintos medios hasta recalar en Búsqueda, una revista liberal, donde se desempeñaría a partir de 2010 como director, convirtiéndose también desde allí en uno de los columnistas más reconocidos de su país.

Paralelamente, desde la presidencia de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa, fue uno de los más lúcidos y enérgicos defensores de la libertad de expresión en el continente americano. Esa libertad cuya vulneración apagó la vida de su padre.

Los hombres

Hay algunas escenas que reflejan mejor que nada el valor, muchas veces percibido como abstracto, de ciertas prácticas.

Hace algunas semanas entregué, en nombre de la prensa argentina, una distinción a Paolillo, en la sede de la revista que dirigió durante varios años. A mediados de 2016 le detectaron un cáncer y le pronosticaron tres meses de vida. Dio una lucha contra ese pronóstico y logró que la enfermedad remitiera. Un año después recibía el reconocimiento con una salud recuperada.

Pocos días antes Paolillo había publicado un artículo durísimo sobre Tabaré Vázquez, en línea con muchos otros anteriores que cuestionaban su gestión y las ideas de su movimiento político. “Hace la plancha para terminar el mandato sin sobresaltos, nos trata como si fuéramos adolescentes imberbes, nos dice qué podemos consumir y qué no, y se desempeña como si fuera un rey”, decía Paolillo sobre el presidente. Vázquez, para sorpresa de Paolillo, estaba parado en primera fila en el acto en que recibía el reconocimiento. Cuando terminaron los discursos, el presidente le dio un abrazo al periodista y lo miró a los ojos, en silencio, por dos o tres segundos.

El ex presidente Julio María Sanguinetti, quien también estaba allí, suele señalar que los argentinos tenemos una visión edulcorada de su país, a raíz de una afición patológica al vértigo económico y político que nos lleva a subestimar las falencias relativamente discretas de los uruguayos.

Es posible que sea así. No obstante es difícil imaginar una escena equivalente en otro país. Un presidente abrazando fraternalmente a un periodista que lo critica. También, claro, había en esa escena un oncólogo abrazando al paciente que luchó contra la enfermedad.

Por encima de esos roles y de eventuales simetrías biográficas, se trataba de dos hombres separados por miradas opuestas sobre lo mejor para su país pero unidos por un respeto compartido, profundo, casi sagrado por la tolerancia y las reglas de juego democráticas.

© LA GACETA

Daniel Dessein - Presidente de Adepa (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas)

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