El sonido del mundo

La música y una torre de Babel narrativa y ensayística

06 Ago 2017
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NO ES UNA NOVELA, NI TAMPOCO UN TRATADO. El libro es un conjunto heterógeneo de relatos-ensayos sobre el sentido de la vida y del arte.

RELATOS

UNA OFRENDA MUSICAL

LUIS SAGASTI (Eterna cadencia - Buenos Aires) 

Una ofrenda musical guarda y atesora decenas de historias que condensan las infinitas historias que ruedan en el tiempo: Scriabin y el sueño de una obra total, Mondrian y el baile histriónico de un artista geométrico, el pueblo del órgano gigante, The Beatles, Rolling Stones, el jazz rampante en las calles exóticas de Nueva York, Tolstoi y los celos, la nieve tórrida, Albert Speer y su proyecto utópico, los nazis que invaden la casa de la pianista Wanda Landowska, las grabaciones para clave, los viajes en los bosques interminables, las estrellas que pululan como hormigas, las campanas que cuelgan del cielo. El libro entrecruza las historias y las une de un modo sencillo y curioso. Arma una clepsidra del mundo, un reloj personal y abierto. El cúmulo finito de historias ingresa como bandada de pájaros en rulos sucesivos que indican que todo es un círculo. Fin y principio se unen. La música es puro presente: en el presente eterno todo es comienzo y final. Música de tiempo: oxímoron que invade las páginas y las llena de silenciosa música y de melodioso silencio y mundo.

Sagasti construye una torre de Babel narrativa y ensayística. Ensaya movimientos circulares, propone secuencias narrativas que siguen la rigurosidad de un poema y de un teorema. El libro no es una novela. Pero tampoco es un tratado. Es un conjunto heterogéneo y metafísico de relatos-ensayos sobre el sentido de la vida y del arte. Un bebé que espera el canto de su madre, las ballenas que cantan, el primer intérprete de las variaciones de Bach, las grabaciones de Glenn Gould, la bañadera de Rothko antes de la muerte, Sheherazade y su historia final: los relatos entran y salen y conforman un plexo en el que importa tanto la trama infinita y sinusoidal como los intersticios que se abren y se cierran como ojos negros del vacío, como rendijas del sentido. Silencio, música, reverberación y fuga se imbrican y sueldan con la luz reveladora de la palabra: un texto sobre lo que no tiene texto.

Por momentos, Sagasti combina las historias en un solo texto y logra unirlas mediante extraños silogismos narrativos. El libro conjuga el difícil y sutil arte de la combinación. Como una fuga de Bach, los relatos se pegan según la lógica y la naturaleza narrativa. Relato y razón: historias y reflexiones se anudan para generar un puzzle insólito, complejo y artístico. No hay poco mérito en la idea y en el resultado: Sagasti une ensayo personal y relato histórico, primera persona y ubicuidad de las historias, intimidad y filosofía. Este libro le hubiera gustado a Nietzsche, filósofo que pedía menos logos socrático y más impulso dionisìaco. Si consideramos a las historias como fluidos que emergen desde lo dionisíaco, Una ofrenda musical combina reflexión y pulsión, música (la imposibilidad de explicar la música) y discursividad.

El gran desafío que envuelve a este libro atípico es el de la dificultad de explicar o comentar a través de historias y reflexiones el arte formal por excelencia: la música. Toda palabra es inútil frente a la experiencia musical. La palabra no es música. Y la música está más allá o más acá de la palabra. Ya lo vieron Schopenhauer y Nietzsche. Por tanto, hay una incomunicabilidad de las sustancias, como le gustaría decir a un cartesiano. Y, sin embargo, desde esa suerte de aporía, Sagasti se lanza y bucea en lo imposible de explicar.

© LA GACETA

FABIÁN SOBERÓN

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