Auge del cuatrerismo

Debe terminar la inercia.

27 Abril 2004
Hemos dedicado una extensa nota al problema del cuatrerismo en las zonas ganaderas de Tucumán. No es una cuestión para tomar a la ligera. Un hacendado de La Madrid asegura que, en los últimos diez años, sufrió la sustracción de nada menos que 2.500 cabezas. Otro, de Santa Ana, sostiene que en en un año se vio privado de 200 animales. En localidades como Simoca, Atahona y la citada La Madrid, los afectados estiman que cada noche pierden entre 15 y 20 cabezas, las que son faenadas en sitios clandestinos, para vender posteriormente la carne, a precio muy barato, en negocios del interior. Frente a todo esto, los ganaderos deploran la escasa efectividad de la acción policial, así como la falta de preparación de los efectivos para encarar una problemática que no es sencilla, dada la gran extensión de los terrenos a vigilar. Manifiestan que, además, es frecuente que se trate con mucha levedad a los cuatreros, y que muchas veces, cuando son arrestados, se los libera a los pocos días, a pesar de tener antecedentes.
Como se sabe, en el Congreso de la Nación se está tratando un proyecto que endurece las penalidades para este tipo de delito: la iniciativa las extiende a quienes transporten o comercialicen ganado robado, así como a los policías que dejen pasar esos animales. Pero un directivo de la Sociedad Rural de Tucumán marca, como uno de los errores de la normativa proyectada, el hecho de que las penas se agraven sólo para quienes se apoderen de cinco o más cabezas de ganado: expresa que, en Tucumán, el robo se hace por unidad. Es un punto que debiera tenerse en cuenta en el Congreso, y convendría que la representación tucumana planteara esa inquietud, antes de que el Senado convierta en ley el proyecto que ya fue aprobado por la Cámara Baja.
Parece evidente que el desmesurado crecimiento último del abigeato viene a afectar dañosamente una actividad tucumana que tiene señalada importancia dentro de nuestra economía, y que por lo tanto debiera ser protegida y fortalecida sin vacilaciones, proveyéndola del marco de seguridad que requiere su desarrollo regular y sin sobresaltos. Piénsese que, si los criadores no obtienen medidas eficaces para revertir el fenómeno, la cría de ganado quedará fuertemente desalentada, con todos los daños que ello representaría dentro del panorama del agro tucumano. No es necesario decir que toda producción de riqueza debe ser apoyada siempre, y mucho más en una época de crisis tan seria como la que vivimos.Urge, entonces, que desde el Estado se impulse sin pérdida de tiempo el diseño de una estrategia apropiada para terminar con el flagelo que nos ocupa, y en la cual se utilice provechosamente la ya larga experiencia que se tiene del problema. Debe terminar la inercia que muestra la actualidad.
Ella forma parte de esa postergación que aqueja al interior de la provincia en materia de seguridad, y que deplorábamos, días pasados, en este comentario. Es sabido que existe, en la fuerza policial, una división dedicada a combatir el abigeato. Todo indica que su tarea es insuficiente hasta la fecha, por lo cual corresponde ponerla en aptitud de actuar con la celeridad y la precisión convenientes. Esto supone tanto la adecuada dotación de personal, como la provisión de los medios de movilidad, de comunicación y de armamento que resultan indispensables. Debe el Estado provincial ocuparse de lo que decimos, para evitar que el delito siga conspirando contra el esfuerzo de los hombres dedicados a la cría de ganado en la jurisdicción tucumana. Está de más decir que la magnitud denunciada del problema, torna imprescindible que las medidas se implementen a la mayor brevedad.

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