Los fanáticos nunca estuvieron tan cerca de la “Sole”

Ella regaló cinco canciones y firmó ejemplares de su disco “20 años” durante la reapertura de un comercio, en pleno microcentro tucumano.

02 Ago 2017

Había un cassette (¿se acuerdan de los cassettes?) apilado junto a algunos compactos y otras cintas al lado del equipo de música. Se titulaba “Poncho al viento”, y contrastaba en todo con otros de las bandas tropicales Amar azul o Green. Nunca convencido con la cumbia, “Juancho” le puso play al cassette de esa chica que aparecía en los escenarios revoleando el poncho. “¿Viste cuando es como si llegara un ángel? Es eso mismo lo que uno siente cuando descubre la música que le gusta. Yo tenía siete años. Y la música que me gustaba era esa que estaba escuchando, casi de casualidad”, cuenta Juan Rosa, 20 años después de aquella epifanía musical.

“Juancho” es uno de los primeros que ha llegado para escuchar un íntimo y selecto acústico de Soledad Pastorutti, la dueña de aquel poncho que flameaba en los escenarios del folclore. Ayer reabrió el local de Musimundo en la peatonal Mendoza y lo celebraron con el lanzamiento del disco “20 Años”, con el que Soledad festeja sus dos décadas en la música. La cantante firmó los CDs de los fans y luego ofreció un minishow acústico, gratuito para las primeras 200 personas que buscaran su entrada. “Juancho” y unos cuantos más habían llegado a las 7 e inauguraron la fila.

Ha pasado mucha agua bajo el puente y muchos acordes por la guitarra de la “Sole”. “En ese momento, hace 20 años, me gustó que haya acercado el folclore a los jóvenes. Yo escuchaba Los Chalchaleros, cosas más tradicionales, pero lo de ella fue una revolución. Y hoy, lo que más me gusta es cómo evolucionó como cantante, creció muchísimo, es otra voz”, compara Paola Arnoldi, de 31 años. Ella la conoció de cerca a la “Sole”: cantaron juntas en un festival en Trancas. “Siempre ha sido igual, una chica simple. Creo que eso también enamora”, describe.


INTERCAMBIO DE PASIONES. La “decana” Silvia Rivadeneira madrugó para hacer la cola por su amiga Paola Arnoldi. A cambio, Paola le regaló la entrada para el partido de ayer. 

La primera vez

El primero entre los que llegaron a buscar las entradas fue Walter Silva. Él también recuerda con claridad su primera vez con la “Sole”. Tenía unos 13 años y su mamá, Kuki, se pasaba noches largas viendo el festival de Jesús María por televisión. Él no llegaba a seguirle el ritmo a su mamá y se dormía antes, pero una noche ella lo despertó. “Levantate, está por cantar la chica que revolea el poncho”, le dijo. “En mi casa se escuchaba música todo el día: mi papá ponía Leo Dan y Palito Ortega, música de esa onda, y ella siempre escuchaba folclore; estaba encantada con esta chica nueva, con su energía”, recuerda Walter. Y aunque hace ocho años que no comparte con su mamá el amor por el folclore, él siempre la recuerda cuando pone un disco de Soledad.

A casi todos los fans les pasó que el camino del amor por la santafesina nació escuchando sus canciones en cassettes, en compactos o en la radio. Después fue cosa de comenzar a seguirla en los festivales, cantando en vivo. Pero la primera vez de Leandro Bustos fue al revés.

Era la primera presentación de Soledad en Tucumán y estaba parando en el hotel Presidente, donde trabajaba una tía de Leandro. Le contó que “la chica del poncho” estaba ahí y él, más por impulso cholulo que por otra cosa -confiesa- fue a verla. “Agarré una rosa de plástico que había en un florero de mi casa y la fui a ver en el hotel. Se la entregué y ella me miró y me dijo ‘qué caballero’. El enamorado terminé siendo yo”, relató.


HERMANITOS ESTRELLA. La espera se hacía larga y fría, pero los hermanitos Ana (8) y “Changuito”(12) Ieugeniuk tocaron algunos temas para levantar los ánimos. 

Noche larga en Salta

La “Sole” llegó a la tienda a las 17, una hora después de lo anunciado. La demora se estaba haciendo eterna por el frío y las largas horas. Cuando llegó, la cantante se disculpó por la cara de cansancio y explicó que el lunes a la noche había estado en Salta, en la casa de Mario Teruel, en una terturlia que se extendió hasta las 6 de la mañana. De todas formas, cuando subió al escenario, los fans le perdonaron la espera en un instante. Es que nunca habían estado tan cerca de la ídola, en un recital tan íntimo.

“No es la primera vez que venimos a Tucumán pero sí la primera que hacemos un encuentro como este, con firma de discos. Deberíamos hacerlo más seguido”, dijo ella antes de comenzar a cantar “Dejame que me vaya”, de Cuti Carabajal. Fue la primera de las cinco canciones que regaló Soledad, junto con “A donde vayas”, “Tocando al frente”, “Luna Tucumana y “Brindis”. Con esa canción terminó el minirecital y comenzó la firma de discos, una iniciativa que los fans pidieron que se repita.

EL PRIMERO. Walter Silva llegó a la peatonal Mendoza a las 7 de la mañana y fue el primero en recibir el autógrafo de su ídola.

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