Sigue inconclusa la ruta Hualinchay-Colalao

01 Ago 2017

Suele decirse que la mente del ser humano es insondable. Si alguien a punto de recibirse de médico, y luego de un notable esfuerzo, decidiera inesperadamente no rendir la última materia, dejando así trunco su futuro, podrían conjeturarse varias posibilidades sobre su decisión, sin embargo, sólo él sabría en su interior la razón. Si por conveniencia y necesidad, el Estado decidiera invertir una importante suma en la construcción de un edificio de 30 pisos y la abandonara al llegar al 98, los responsables deberían dar una explicación a la sociedad por tratarse de dineros públicos, mucho más si el proyecto en cuestión fuera a contribuir en forma al desarrollo de una sociedad. Ello ocurre, por ejemplo, con la ruta N° 352 que debía unir Hualinchay (a 18 km de San Pedro de Colalao) con Colalao del Valle.

La obra se inició en 1988 durante la administración de José Domato y se tomó como base el proyecto del ingeniero Jorge Ungherini, pero por razones de índole política los trabajos se paralizaron. En 2004, se anunció nuevamente la posibilidad de retomar la apertura de la traza, con el apoyo de la Nación. Finalmente, en febrero de 2013 se reiniciaron las obras y en agosto de ese año faltaban apenas ocho kilómetros para concluir la apertura de la traza. Sin embargo, la ruta quedó inconclusa, faltaba construir el puente sobre el río Santa María para llegar a Colalao y lo que es peor, fue abandonada.

A fines de 2016, el comisionado rural de Colalao del Valle afirmó que no se habían hecho obras de ingeniería y con el tiempo la ruta se había ido deteriorando. “Antes se podía transitar en 4 x 4 y motos enduro, pero ahora está sólo para caballo y a pie porque está cortado en varias quebradas”, dijo, declaración compartida por su par de San Pedro de Colalao. El administrador de Vialidad Provincial dijo en la ocasión que era un trazado de fomento y que nunca se había pensado en hacer una ruta de primer orden en esa zona porque no estuvieron dadas las condiciones. No opinaban lo mismo en febrero de 2012 el entonces gobernador Alperovich y el titular de Vialidad, Raúl Basilio, que celebraron la puesta en marcha del viejo proyecto. “Significa integrar la provincia por todo el norte. Hoy, para ir a la última comuna que tiene la provincia -Colalao del Valle- hay que tomar la ruta nacional 40 y bajar al suroeste por la ruta 307. No hay una comunicación transversal”, dijo Basilio.

Pero también esta ruta serviría para beneficiar a las bodegas de Colalao que vienen escalando posiciones en el exigente mercado del vino, así como la salida de otros productos del pueblo (dulces, artesanías, nueces). Daría un fuerte impulso turístico a la zona a la localidad y a El Pichao, poblado ubicado a ocho kilómetros, donde hay vestigios de la cultura Cóndor Huasi. También se daría impulso a la economía de San Pedro de Colalao y de Trancas. El antiguo Camino de las Arcas, por donde se desarrolló la traza, posee siete yacimientos arqueológicos de gran valor, podría ser declarado zona protegida y erigirse un museo.

Es inconcebible que una obra de tanta significación para el desarrollo de la economía y el turismo provincial, no se concrete, mucho más cuando se invirtieron muchos dineros en la apertura de la ruta, y se la considere ahora un trazado de fomento. ¿Acaso hay intereses políticos o de otra naturaleza? En 29 años, la clase dirigente ha sido incapaz de concretar esta obra que contribuirá al progreso de Tucumán.

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