BUENOS AIRES.- Eduardo Duhalde decidió darle pelea a Néstor Kirchner, pero no todavía a pleno desde lo ideológico. Salvo que el kirchnerismo busque adelantar los tiempos de una ruptura tan largamente anunciada, habrá un interesante round de semifondo, ya que el ex presidente se pondrá decididamente al frente de la cruzada bonaerense por la coparticipación. Y en este campo, como el foco del problema son los recursos de caja, la contienda promete ser feroz.
Buenos Aires dice tener la llave de la cuestión y saca a relucir el compromiso firmado por Roberto Lavagna con el Fondo Monetario en setiembre pasado.Allí, en la Sección III punto c) del Memorando de Entendimiento Técnico se dice textualmente sobre la futura ley de coparticipación: "el acuerdo deberá lograrse por lo menos con 20 gobernadores que representen como mínimo a un 90% de la población de la Argentina".
Está claro que sin la firma de Felipe Solá se cae una parte vital del acuerdo con el FMI y Duhalde sabe que el Gobierno quedaría encerrado.
De allí que, pese a sus críticas al acto frente a la ESMA, del que el Presidente se arrepintió sólo de algunas de sus formas, la estrategia que tiene Duhalde se refiere a que existen otras prioridades que trascienden a la lucha interna del PJ. Al fin y al cabo, en el recuento, él sabe que, dentro del peronismo, la mayoría avala su manera de hacer política. Por eso se puso a trabajar en el apoyo activo a los reclamos del gobernador bonaerense.
El Acta Acuerdo
Duhalde avala su dureza para sentarse a negociar la coparticipación y también su negativa a suscribir el Acta Acuerdo que propuso la Nación, que también se le había prometido al FMI tener lista antes de fin de marzo. En un trabajo de tenazas para reforzar la necesidad de cumplir con lo que pide el Fondo y para presionar a Kirchner, cuando su antecesor dice que el país no es confiable, no sólo lo dice porque si no se sale del default, no habrá llegada de inversiones. Por elevación, el caudillo bonaerense le endilga al Presidente no ser él mismo "confiable" y no cumplir, a su vez, con algunas de sus promesas de campaña sobre fondos coparticipables para Buenos Aires, quizás una concesión hecha a su mentor de entonces, en momentos de necesidad política.
Al vigor de las críticas, le siguió el de los hechos. El viernes, un prolijo mail que llegó a las redacciones desde La Plata indicaba que en la página de internet "Kirchner Presidente", donde quedó impresa la plataforma electoral del actual Gobierno, dice sin cortapisas lo siguiente: "A Buenos Aires deben restituirle los 8 puntos de coparticipación federal que se le quitaron durante el gobierno de Alejandro Armendáriz y la devolución para Buenos Aires no tiene que salir de los ingresos de las otras provincias sino de la Nación". Lo concreto es que, de la única "pizza de la coparticipación" de la que deben comer todos los distritos (como le gusta decir al bonaerense Aníbal Fernández, ex ministro de Duhalde, actual ministro del Interior y con pretensiones de suceder a Solá), no sólo no se le restituirán los ocho puntos que pide históricamente Buenos Aires, sino que la Nación propone una rebaja del actual 22% a 20% en diez años, algo inaceptable para los dirigentes bonaerenses, necesitados de una caja que alimente no sólo las necesidades básicas de la población, sino la continuidad de los intendentes.
Los fondos existentes
Y si se habla de plata, el Acta Acuerdo que Buenos Aires no firmó aún prevé un fondo anual de obras para "grandes aglomerados urbanos" por $ 2.400 millones, que esencialmente será manejado por la Nación, el temor político del duhaldismo es que si ese dinero se vuelca sobre el conurbano bonaerense podría hacerles saltar el cerco a varios intendentes peronistas hacia las huestes "transversales". Por algo parecido, Córdoba y Santa Fe tampoco firmaron todavía, ya que sus gobernadores temen que esos fondos financien obras que les den más aire a los intendentes opositores de las ciudades de Córdoba y Rosario.
En tanto, en la Casa Rosada están buscando al responsable de haber puesto por escrito el porcentaje de 90% en el acuerdo con el FMI que tanto entusiasma al tándem Solá-Duhalde y quizás olvidan que el propio Presidente subrayó cláusula por cláusula de aquel memorando. De allí que en el entorno de Kirchner algunos vuelven a mirar mal al ministro de Economía, a quien le siguen endilgando afinidades con el ex presidente, con quien, es verdad, trabajaba mucho más cómodo, ya que no concentraba tanto las decisiones como el actual.
Lavagna también estuvo en el ojo de la tormenta durante la semana, vituperado por las huestes de Julio de Vido, por su entrevista con John Taylor en Ezeiza y el "a mí no me miren" que ensayó ante el visitante para despegarse de la crisis energética. El jefe del Palacio de Hacienda explicó que junto a Duhalde habían firmado dos decretos de reconstitución de los precios que fueron frenados por la Justicia. Pero el propio Presidente lo metió en la bolsa de las responsabilidades, cuando él mismo quiso despegarse de las suyas, tras casi 11 meses de una gestión poco clara en la materia.
También se generó otra divergencia por el destino de los fondos que exceden el superávit fiscal. Mientras Lavagna decía en EE.UU. que se bajarían impuestos y que no conocía nada sobre un aumento para los estatales, en la Capital Federal se hacían cuentas para repartir ese dinero hacia destinos menos productivos y más "sociales". Desde el kirchnerismo también habrá otros embates, algunos judiciales y otros políticos, dirigidos al corazón de la estructura corporativa que dicen querer cambiar. Que Duhalde y su esposa hayan defendido a Carlos Menem en su postura de no presentarse ante la Justicia les viene como anillo al dedo para mostrarlos juntos ante la sociedad. El conflicto sigue escalando y no se visualiza aún el final del túnel. (DyN)







