“Cinco. Ficción física” propone un teatro a partir de los cuerpos

Alejandra Alselmo y Marcelo Díaz plantean una obra en extrema cercanía con el público, en un espacio circular. El papel de la violencia.

12 Jul 2017
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CUERPO EN ACCIÓN. “Cinco. Ficción física” toma elementos de distintas artes escénicas en su dramaturgia. Foto de Cinco Ficción Física.

SEMINARIO Y OBRA

• Hoy y mañana por la tarde habrá un taller en El Estudio (Córdoba 1.020).

• Mañana a las 21.30 se pondrá “Cinco” en La Gloriosa (San Luis 836).

Se agitan, se despojan, se tironean, se abrazan, se separan... “Cinco. Ficción física” hace atravesar a Mauro Cappadoro, Maxi Arana, Ulises Fernandes, Charly Fiocatti y Juan Orol por distintas sensaciones, relaciones y momentos a escasos centímetros del público, en una serie de historias que van entrelazándose entre las propuestas escénicas y el aporte individual de cada espectador.

El proyecto que dirigen Marcelo Díaz y Alejandra Anselmo se desarrolla dentro de una idea de teatro cuya potencia narrativa parte del cuerpo puesto en escena, con una construcción dramatúrgica que se vincula más con la presentación que con la representación clásica de la ficción escénica. Esta es la idea en la que se inspira el teatro de los estados físicos.

La obra creada en Rosario que se verá mañana por la noche en La Gloriosa es presentada como “un acontecimiento escénico generado desde la improvisación y con autoría colectiva, con procedimientos de la danza contemporánea y una estructura flexible y aleatoria”.

Los directores dictarán hoy y mañana (entre las 14 y las 17) un taller de creación escénica sobre el método de trabajo que están desarrollando en el que fusionan aportes provenientes del campo de la educación somática y de las nuevas propuestas de composición espontánea, que fueron usadas en el montaje de la obra. El seminario será en El Estudio.

“Los cuerpos en ‘Cinco...’ son el tema de la obra, tienen una presencia y una potencia que se lleva hasta los extremos y que es el sustento de un suceso que no narra una historia de manera lineal sino que invita al espectador a la asociación poética, para que la complete según sus necesidades y el sitio que ocupe. Agregamos algunas ideas que se sugieren en la puesta, como la idea de manada, el hábitat y las relaciones de colaboración y de explotación que rigen tanto la vida social como la escénica, entre otras”, plantea Díaz, en diálogo con LA GACETA.

Anselmo agrega que “la violencia es un tema que nos atraviesa a todos en este momento, tuvo un lugar primordial en el proceso de creación y se lo insinúa aunque no lo expone de manera directa ni se emite un juicio moral; pero no nos animamos a afirmar que en toda relación entre las personas hay violencia”.

El público está dispuesto en una platea circular, muy cercano a los actores y donde cada espectador puede mirar a otro y entre todos compartir un escenario como territorio compartido, y se transforma así “en un testigo íntimo que puede captar y poner en valor los fenómenos reales y concretos que le ocurren a los intérpretes”, según los directores.

Ese concepto de testigo se toma del planteo de Juan José Saer en su novela “El entenado”, en tanto “es la mirada del otro que da sentido a la existencia y a las acciones de una cultura”, añaden.

Díaz precisa que la obra es el resultado de 18 meses de trabajo colectivo de una decena de artistas de distintas especialidades: intervinieron bailarines, teatristas, participantes de artes urbanas, fotógrafos, músicos y plásticos, entre otros.

“Trabajamos con un lenguaje del cuerpo y de la subjetividad y nos preguntamos qué cuerpo ofrece la danza al espectador y cuáles plantean las artes escénicas mientras en la escena social proliferan el cuerpo de los linchamientos, de los enfrentamientos violentos, del herido, muerto o mutilado hiper exhibidos por la televisión”, destaca Anselmo.


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