Conocida es la predisposición del ser humano a crear modas, impulsadas por el poder económico para un lograr mayor consumo de un producto determinado. De la moda se da un salto hacia el culto, es decir esa admiración de que son objeto algunas cosas. Es innegable que el avance de la tecnología en los últimos lustros ha revolucionado el mundo de las comunicaciones, ha cambiado hábitos por otros. El desarrollo de la telefonía celular es vertiginoso hasta el punto que se suele decir que uno lleva una buena parte del mundo en su mano. Basta con conectarse a internet para acceder al instante a cualquier tipo de información, diccionarios de cientos de idiomas, libros virtuales que pueden descargarse para ser leídos a través una pantalla o, en muchos casos, imprimirlos.
Pero en este mundo cibernético hay riesgos impensados, todo depende cómo el usuario emplee esta poderosa tecnología o se deje manipular a veces inconscientemente. En el último encuentro de la Pediatric Academic Societies, un estudio de investigadores de la Universidad y del Hospital de Niños de Toronto (Canadá) examinó la conexión entre el tiempo que los niños más pequeños pasan frente a dispositivos portátiles y el desarrollo del habla; la conclusión fue que la tecnología no nos hace, necesariamente, más inteligentes.

Participaron de la experiencia 894 niños de entre seis meses y dos años. Registraron un promedio de 28 minutos diarios de exposición frente a las pantallas; un 20% de los niños de 18 meses ya registraba un mínimo de media hora. Los resultados generaron preocupación. Esa mínima exposición diaria fue asociada con un incremento del 49% en retrasos del habla, es decir que comenzaron a hablar más tarde de lo esperado. Los especialistas consideraron que el estudio puede servir para que los padres se cuestionen el verdadero rol de la tecnología sobre la educación y el desarrollo intelectual de sus hijos. La creencia popular de que “los niños aprenden de las pantallas” es cada vez más cuestionada, sobre todo en lo que respecta a pequeños de menos de 30 meses de edad.
Pediatras aconsejaron a los padres equilibrar el empleo de los dispositivos de mano con actividades tradicionales, pero que enriquecen en mayor medida el desarrollo del habla, como conversar con ellos y leerles cuentos.

Muchos padres, por una necesidad de que sus hijos “no molesten” les dan un teléfono móvil para que se entretenga con juegos o los sientan frente al televisor, donde suelen pasar horas y aprenden a hablar como los hacen los dibujos animados, con un vocabulario que no es el nuestro. Siempre se dijo que la televisión era un medio fantástico para enseñar por su poder de penetración en los hogares. Sin embargo, salvo en el cable, son casi inexistentes en horarios centrales los programas que promuevan la lectura u otros contenidos educativos.
Educar significa desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de un chico o de un joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos. Los teléfonos móviles, como la tecnología en sí mismos no son buenos ni malos, brindan un servicio, depende de las personas darles la utilidad adecuada. Sería importante que en los establecimientos educativos, docentes, alumnos y padres reflexionaran acerca del empleo de esta poderosa herramienta. La tecnología es un vehículo que debería servir para mejorar la vida.








