Un perfil académico para una arquidiócesis muy compleja

23 May 2017 Por Guillermo Monti

> ANÁLISIS

Hay obispos que, mate en mano, recorren sus parroquias intercambiando amargos con curas y feligreses. No es el estilo de Alfredo Zecca, un intelectual al que le costó tejer esa familiaridad que tan naturalmente le salía, por ejemplo, a su predecesor, el cardenal Luis Villalba. El perfil académico jugó contra su condición de pastor y por eso el rebaño se mantuvo siempre a prudente distancia. Caminar los polvorientos y sufridos rincones de la arquidiócesis no fue lo de Zecca, un apasionado por la teología y por la educación.

Los detractores del renunciante arzobispo se hicieron escuchar con más nitidez que sus defensores. En las redes sociales Zecca fue llamativamente maltratado, en especial cuando el suicidio del cura Juan Viroche provocó un cimbronazo en la casona de avenida Sarmiento. Se criticó su reacción -fría y tardía- ante la muerte de un miembro de su tropa. Los curas del llano, con muchos de los que no sintonizaba la misma onda, lo hicieron saber.

No puede decirse que haya sido tibio desde el púlpito. Más de una vez puso la lupa en las flaquezas institucionales y condenó la corrupción. El Congreso Eucarístico del año pasado fue un logro importante, tal vez el mayor de Zecca, a quien le tocó lidiar con una de las arquidiócesis más complejas del país y no se traicionó ni en sus modos ni en su pensamiento, más cercano a la tradición que al progresismo.

Siempre se dijo que no era del paladar de este Vaticano. Él lo niega y hasta apela a recuerdos de juventud que lo acercan a Jorge Bergoglio, pero su renuncia se veía venir en los últimos tiempos. Habrá que ver hacia dónde soplarán los vientos de la Iglesia al momento de elegir el próximo pastor, una figura que necesitará paciencia, cintura política, empatía y destreza para reacomodar la estantería.

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