Trabajando, los reclusos escapan al agobio del encierro - LA GACETA Tucumán

Trabajando, los reclusos escapan al agobio del encierro

Unos 200 presos realizan diferentes tareas en el penal de Villa Urquiza. "Hay mucha gente que quiere cambiar", aseguró un procesado.

30 Abr 2017
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EN PLENA TAREA. Los trabajadores de la cocina preparan la comida que será servida en el penal y distruibida en diferentes comisarías. LA GACETA/FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

El aire fresco de la mañana soleada se va tornando denso a medida que se atraviesan los muros robustos del penal. Es helado y difícil de respirar hasta que, de repente, un olor a salsa de tomate recién preparada distorsiona el ambiente. Las paredes grises de la cocina -todo ahí es gris- cobijan a varios internos con uniformes blancos, delantales, cofias y barbijos. De manera automatizada, envuelven con papel film cientos de porciones de arroz blanco con pollo y salsa. “A veces en el pabellón me dicen que salió rica la comida”, se jacta César Oscar Moreno, que coordina la cocina.

Moreno tiene 39 años y purga una condena de prisión perpetua por haber asesinado a su prima. Al igual que el resto de los presos que trabajan en la cocina de Villa Urquiza, pasa todos sus días en ese sector de sol a sol: empiezan a las 6 y terminan a las 18. Preparan casi 2.000 platos cada mañana, que se distribuyen entre los internos del penal, los presos de las comisarías y las mujeres de la cárcel femenina. “Todos los días es la misma rutina acá, hay que acostumbrarse”, dice Moreno, ansioso por que llegue el domingo y reciba la visita de su familia.

La cocina y la imprenta eran los únicos talleres que seguían en pie hasta fines del año pasado, cuando los demás comenzaron a reactivarse. Hoy son 13 los talleres que forman y les dan trabajo a casi 200 internos.

“Me gusta”

Es el mediodía y los galpones donde funcionan los talleres comienzan a vaciarse: los presos deben hacer una pausa para almorzar y, según la cantidad de trabajo que haya pendiente, las tareas continuarán o no por la tarde. Dos internos interrumpen su labor en el sector de herrería y aseguran que disfrutan de la actividad, que estar ocupados con algo útil se traduce en salud y juran que aspiran a una vida de trabajo puertas afuera.

“Me siento tranquilo cuando bajo al taller porque me despejo de muchas cosas”, dice Víctor Fabián Noriega. Tiene 42 años y lleva siete alojado en la Unidad II, donde cumple una condena por homicidio. Noriega es uno de los que fabricó las camas cuchetas que hoy ocupan el Pabellón X, recientemente inaugurado. “Me gusta trabajar. Cuando salga, algún día, quiero trabajar afuera. Antes laburaba en un taller con mi viejo, hacíamos techos corredizos”, recuerda. “Después cometí un error de la vida y terminé aquí. Pero ya estoy saliendo con permisos de 12 horas. Sé de construcción y hasta fui a cosechar limón. Me gusta trabajar”, insiste.

“Esto ayuda mucho porque el encierro te mata”, agrega Luis Zárate, que tiene 37 años y está procesado por robo. Él está aprendiendo el oficio y, como lo expresaron sus compañeros, es consciente de que hizo algo malo pero quiere una oportunidad. “Por más de los errores de la vida, acá hay mucha gente que quiere cambiar”, asegura.

No pensar tanto

Germán Castro se acerca para contar su historia. No participa de ese taller, pero sabe que hay un equipo de LA GACETA y quiere que lo escuchen. Tiene 27 años pero aparenta menos, está prolijamente vestido y peinado. “Hace cinco años y medio que estoy acá y hace dos terminé la secundaria con buenos promedios, era abanderado”, cuenta con una alegría empañada por el encierro. “Ahora estoy peleando para que me dejen estudiar en la facultad, quiero estudiar Ciencias Económicas, pero no me están autorizando”, lamenta.

El jefe de Producción, Mariano Hernando, que guía el recorrido, destaca la buena voluntad del joven condenado a prisión perpetua por el homicidio de su bebé.

“Trato de mantener la cabeza ocupada. Estaba yendo al coro pero falleció el director y nos quedamos sin esa actividad. A la mañana trabajo en producción como administrativo y a la tarde atiendo la proveeduría. Hago todo lo que pueda para mantener la cabeza ocupada, para llegar a la noche cansado y no pensar tanto”, explica Castro. Eso es lo que buscan casi todos: no pensar tanto en los años que adeudan.

imprenta.- Con una nueva máquina confeccionaron en días más de 190.000 libretas que les encargó el Ministerio de Educación en días. Están recibiendo pedidos de trabajos de distintas reparticiones del Estado.

Talleres

PANADERÍA.- Están elaborando los productos que se consumen en el penal y en las comisarías. Esperan acordar la venta a las empresas que brindan el servicio de comida en hospitales y comedores.

HERRERÍA.- Produjo la totalidad del mobiliario de la recientemente inaugurada Unidad 10. Están realizando 200 pupitres para un colegio privado de Metán (Salta) y reparan los carritos de un súper de la provincia.

GRANJA.- Se encarga de producir las verduras que se utilizan para preparar la comida que se prepara en la cocina. Hay un plan de expansión de la huerta y crear un criadero de pollos para abastecer a las tres unidades y vender el excedente.

MIMBRERÍA.- Consiguieron los insumos para reactivar este taller y ya están recibiendo pedidos para producir.

COLCHONERÍA.- Produjo los 200 colchones ignífugos necesarios para la nueva. Ahora están trabajando para contar con un stock.

CARPINTERÍA.-Carpintería: Trabaja en conjunto con el taller de herrería. Ahora están produciendo unos 200 Bins para la industria del limón. Avanzan en el proyecto de fabricar ataúdes para personas de escasos recursos.

ESCOBERÍA.-Tienen un pedido de 1.000 unidades para el penal. Están buscando nuevos clientes para incrementar las ventas.

COCINA.- Elaboran la comida para los reclusos del penal y para las personas que se encuentran detenidas en las comisarías de la provincias. Después de 40 años, comenzaron a renovar el lugar donde preparan las viandas.

TALLER MECÁNICO.- Reparan los vehículos dañados de la Policía.

MOSAIQUERÍA.- Realizaron algunos trabajos para consumo interno y están estudiando la manera de captar clientes.

CORTADA.- Después de haber permanecido año sin trabajo, ya cuentan con un stock de unos 35.000 ladrillos.

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