Es una de las autoras más leídas del momento. Vendió más de cinco millones de ejemplares de su obra “El tiempo entre costuras” (2009). Tuvo tanto éxito que la novela se convirtió en una serie televisiva. La escritora española María Dueñas estuvo de visita en la ciudad de Mar del Plata para participar del ciclo “Verano Planeta”. Destacó que pese a que prefiere no escribir mientras viaja -cosa que hace muchísimo-, ya tiene casi lista su cuarta novela.
“Por primera vez tendrá tres protagonistas, que a veces son como un monstruo con tres cabezas”, adelantó a Télam Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964). Luego de “El tiempo...”, su debut literario, ella lanzó “Misión olvido” en 2012, y entonces tuvo que aceptar que su vida de escritora traducida a más de 35 idiomas era incompatible con la rutina académica que llevaba como doctora en filología inglesa en la Universidad de Murcia.
Volcada de lleno a la escritura, publicó en 2015 “La templanza”, libro por el que llegó a Mar del Plata, y con el que encaró una misión doblemente compleja: seguir despegándose del mandato que significó un debut best-seller, y por otro lado darle el papel protagónico a un hombre.
- ¿Cómo lleva el hecho de seguir siendo la autora de “El tiempo entre costuras”, como si fuera un matrimonio?
- Lo llevo bien, y agradecida. Incluso hay veces que hago la broma “soy la de las costuras”. Lo que pasa es que también soy consciente de que la vida sigue. Me hubiera resultado fácil quedarme aferrada a la estela de ese éxito, haber escrito una segunda parte y seguido viviendo de esa ola. Pero he querido salir de ese bucle.
- ¿Y qué opinan tus editores?
- A mi editorial le hubiera gustado, seguro. Pero necesitaba salir de ahí por mi propia salud mental.
- En sus tres libros hay gran protagonismo de los escenarios, de las ciudades. ¿Por qué?
- Porque para mí es fundamental. De hecho todos mis libros parten del escenario: antes de tener una historia o protagonistas, o el momento histórico, lo primero que decido es el escenario que creo que puede ser más fértil para una trama.
- ¿Y cómo surgen?
- En “El tiempo entre costuras” elegí el norte de Marruecos por vínculos familiares. Quería recuperar aquel mundo, porque tenía la sensación de que no estaba reflejado en la narrativa contemporánea y solamente estaba en la memoria de los que vivieron y se iban yendo. Ahí estaba mi madre, que era de las jóvenes de aquel mundo y murió hace tres años. Con “Misión olvido”, en la que todo arranca con las misiones franciscanas en California, fue a raíz de un viaje donde las descubrí y empecé a visitarlas. Y con Jerez, donde transcurre gran parte de “La Templanza”, es una zona que me gusta geográficamente, y está toda la cuestión del vino de Jerez que me gusta mucho, y el contacto que ha tenido con Gran Bretaña a través del comercio.
- ¿Su cuidado por los detalles viene de la faceta académica?
- Yo creo que sí. Intento ser bastante rigurosa. Tanto en cuestiones documentales como en pequeños detalles. Por ejemplo, yo intento adecuar la descripción a los comportamientos humanos más naturales. Porque en la vida real un diálogo no es frase, frase, frase. Sino que en medio te rascas la cabeza, miras para otro lado.
- ¿Arrastra también aquello de usar más tiempo para preparar la clase y corregir que para dictar la clase en sí?
- Sí, y a veces en la fase de investigación reconozco que invierto una cantidad de tiempo que después quizás no se corresponde con la plasmación de todo eso en la escritura. Lo que pasa es que a mí sí que me sirve para crearme una atmósfera. Pero igual puedo leer un libro sobre cocina mexicana en tiempos del virreinato, y le dedico unas horas y a lo mejor de ahí saco tres detalles, tres comidas que plasmo en tres escenarios.
- ¿Qué método usa para no descuidar el avance en la escritura?
- En viajes, por ejemplo, no escribo, porque tengo muy poco tiempo libre y es un engorro cargar con libros y computadora. Yo trabajo profesionalmente: me siento por la mañana, y trabajo todo el día en mi estudio, ocho o diez horas. Me meto de lleno.
- ¿En estos días está metida de lleno en otro libro?
- Sí; tal cual, estoy casi en la recta final de uno. Todavía no adelanto mucho porque hay cosas en el aire dentro de la trama. Lo único que puedo contar, por ahora, es que es la primera de mis novelas en las que no hay un único protagonista, van a ser tres personajes que a veces actúan al unísono porque son muy cercanos. Son como un monstruo con tres cabezas.
- ¿El género de los protagonistas volverá a ser masculino como en “La templanza”?
- No, son tres chicas. Y esto es algo que no se lo he contado nunca a nadie. Porque no me lo han preguntado.
- ¿Cómo fue el hecho de dar el protagonismo de “La templanza” a un hombre?
- Ya tenía una cierta tranquilidad, porque sabía que los dos varones coprotagonistas de “Misión olvido” habían convencido a los lectores y no me habían resultado complicados de armar. Por eso fui con más seguridad.
- ¿Piensa en el lector al momento de escribir?
- Muy genéricamente. No hago trampas para intentar complacer al lector. Casi que me veo yo misma como lectora. A veces hay cosas, en la tarea de documentación, que a mí como escritora me resultan interesantísimas. Pero después me pongo en el lugar del lector y tengo en cuenta esa doble perspectiva para ser autocrítica con lo que estoy escribiendo. Creo que lo que hay es algo muy elemental sobre por qué gustan mis libros: porque no quiero hacer héroes que estén acometiendo heroicidades en todo momento; no quiero hacer malos malísimos que solo tienen el mal en la cabeza. Quiero personajes como somos los seres humanos, que tenemos luces y tenemos sombras, y tenemos momentos de gloria y momentos miserables.
“Por primera vez tendrá tres protagonistas, que a veces son como un monstruo con tres cabezas”, adelantó a Télam Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964). Luego de “El tiempo...”, su debut literario, ella lanzó “Misión olvido” en 2012, y entonces tuvo que aceptar que su vida de escritora traducida a más de 35 idiomas era incompatible con la rutina académica que llevaba como doctora en filología inglesa en la Universidad de Murcia.
Volcada de lleno a la escritura, publicó en 2015 “La templanza”, libro por el que llegó a Mar del Plata, y con el que encaró una misión doblemente compleja: seguir despegándose del mandato que significó un debut best-seller, y por otro lado darle el papel protagónico a un hombre.
- ¿Cómo lleva el hecho de seguir siendo la autora de “El tiempo entre costuras”, como si fuera un matrimonio?
- Lo llevo bien, y agradecida. Incluso hay veces que hago la broma “soy la de las costuras”. Lo que pasa es que también soy consciente de que la vida sigue. Me hubiera resultado fácil quedarme aferrada a la estela de ese éxito, haber escrito una segunda parte y seguido viviendo de esa ola. Pero he querido salir de ese bucle.
- ¿Y qué opinan tus editores?
- A mi editorial le hubiera gustado, seguro. Pero necesitaba salir de ahí por mi propia salud mental.
- En sus tres libros hay gran protagonismo de los escenarios, de las ciudades. ¿Por qué?
- Porque para mí es fundamental. De hecho todos mis libros parten del escenario: antes de tener una historia o protagonistas, o el momento histórico, lo primero que decido es el escenario que creo que puede ser más fértil para una trama.
- ¿Y cómo surgen?
- En “El tiempo entre costuras” elegí el norte de Marruecos por vínculos familiares. Quería recuperar aquel mundo, porque tenía la sensación de que no estaba reflejado en la narrativa contemporánea y solamente estaba en la memoria de los que vivieron y se iban yendo. Ahí estaba mi madre, que era de las jóvenes de aquel mundo y murió hace tres años. Con “Misión olvido”, en la que todo arranca con las misiones franciscanas en California, fue a raíz de un viaje donde las descubrí y empecé a visitarlas. Y con Jerez, donde transcurre gran parte de “La Templanza”, es una zona que me gusta geográficamente, y está toda la cuestión del vino de Jerez que me gusta mucho, y el contacto que ha tenido con Gran Bretaña a través del comercio.
- ¿Su cuidado por los detalles viene de la faceta académica?
- Yo creo que sí. Intento ser bastante rigurosa. Tanto en cuestiones documentales como en pequeños detalles. Por ejemplo, yo intento adecuar la descripción a los comportamientos humanos más naturales. Porque en la vida real un diálogo no es frase, frase, frase. Sino que en medio te rascas la cabeza, miras para otro lado.
- ¿Arrastra también aquello de usar más tiempo para preparar la clase y corregir que para dictar la clase en sí?
- Sí, y a veces en la fase de investigación reconozco que invierto una cantidad de tiempo que después quizás no se corresponde con la plasmación de todo eso en la escritura. Lo que pasa es que a mí sí que me sirve para crearme una atmósfera. Pero igual puedo leer un libro sobre cocina mexicana en tiempos del virreinato, y le dedico unas horas y a lo mejor de ahí saco tres detalles, tres comidas que plasmo en tres escenarios.
- ¿Qué método usa para no descuidar el avance en la escritura?
- En viajes, por ejemplo, no escribo, porque tengo muy poco tiempo libre y es un engorro cargar con libros y computadora. Yo trabajo profesionalmente: me siento por la mañana, y trabajo todo el día en mi estudio, ocho o diez horas. Me meto de lleno.
- ¿En estos días está metida de lleno en otro libro?
- Sí; tal cual, estoy casi en la recta final de uno. Todavía no adelanto mucho porque hay cosas en el aire dentro de la trama. Lo único que puedo contar, por ahora, es que es la primera de mis novelas en las que no hay un único protagonista, van a ser tres personajes que a veces actúan al unísono porque son muy cercanos. Son como un monstruo con tres cabezas.
- ¿El género de los protagonistas volverá a ser masculino como en “La templanza”?
- No, son tres chicas. Y esto es algo que no se lo he contado nunca a nadie. Porque no me lo han preguntado.
- ¿Cómo fue el hecho de dar el protagonismo de “La templanza” a un hombre?
- Ya tenía una cierta tranquilidad, porque sabía que los dos varones coprotagonistas de “Misión olvido” habían convencido a los lectores y no me habían resultado complicados de armar. Por eso fui con más seguridad.
- ¿Piensa en el lector al momento de escribir?
- Muy genéricamente. No hago trampas para intentar complacer al lector. Casi que me veo yo misma como lectora. A veces hay cosas, en la tarea de documentación, que a mí como escritora me resultan interesantísimas. Pero después me pongo en el lugar del lector y tengo en cuenta esa doble perspectiva para ser autocrítica con lo que estoy escribiendo. Creo que lo que hay es algo muy elemental sobre por qué gustan mis libros: porque no quiero hacer héroes que estén acometiendo heroicidades en todo momento; no quiero hacer malos malísimos que solo tienen el mal en la cabeza. Quiero personajes como somos los seres humanos, que tenemos luces y tenemos sombras, y tenemos momentos de gloria y momentos miserables.







