Al balneario Camboriú, uno de los más famosos de Santa Catarina, le cabe el mote de “la nueva Dubai”. Allí están los rascacielos más altos de Brasil, uno de 72 pisos, y el boom inmobiliario le da batalla a la naturaleza cuando a media tarde, en verano, la arena y parte del mar se oscurecen por la sombra de los edificios. Camboriú está repleto de argentinos en un paisaje de ensueño: una playa con arenas blancas, piscinas naturales, olas y una de las mejores infraestructura de servicios en todo Brasil.
Con 128.000 habitantes, Camboriú es uno de los mejores lugares del país según el índice de desarrollo humano, según un reporte de Télam. Recibe hasta un millón de turistas por temporada, la mayoría argentinos que viajan febrero y marzo.
Con el metro cuadrado que compite por el podio del más caro con el del barrio de Leblón, en la zona sur de Río de Janeiro, el balneario exhibe construcciones de edificios modernos de hasta 72 pisos frente al mar y tiene un proyecto para instalar un puerto flotante de cruceros, que podría funcionar a partir de 2020.
El crecimiento desenfrenado de la construcción de hoteles, oficinas y departamentos, que se aceleró en los últimos cinco años, generó una competencia por la mejor vista de una de las bahías marítimas más admiradas de todo Brasil, lo que pueden palpar los turistas que aman la ciudad: después de las 16.30 hay que buscar el sol entre los recortes de la sombra de los edificios. “Nos encanta Camboriú porque tiene todas las actividades, deportes, playas anchas, un mar cálido... pero realmente nos sorprende que haya sombra a la tarde”, dijo a Télam, justamente cuando “caía el sol”, Carlos, quien fue desde Tucumán en automóvil junto con su familia a pasar las vacaciones en la segunda quincena de enero.
Para ONGs y especialistas en arquitectura el crecimiento inmobiliario es negativo, pero para los empresarios se trata de un momento único.
La temporada tiene un 90% de ocupación en hoteles, pero los turistas que llegan -tanto de Brasil como de Argentina- no están consumiendo como años anteriores, dijo Dirse Fistarol, vicepresidenta de la entidad que reúne a los dueños de hoteles, bares y restaurantes. Fistarol minimizó el tema de la sombra en la playa al afirmar que sólo algunos edificios la proyectan. Sin embargo, para Evandro Gaspar, profesor de Arquitectura de la Universidad del Valle de Itajaí, el sector hotelero y turísitico en general “se está dando un tiro en el pie” con esta explotación descontrlada. “Es algo absurdo tener sombra en la playa”, insistió Gaspar, para quien los nuevos emprendimientos a “la nueva Dubai” impactan contra el perfil del turista tradicional del balneario, que es el que busca gastar menos y disfrutar más de la playa.
Con 128.000 habitantes, Camboriú es uno de los mejores lugares del país según el índice de desarrollo humano, según un reporte de Télam. Recibe hasta un millón de turistas por temporada, la mayoría argentinos que viajan febrero y marzo.
Con el metro cuadrado que compite por el podio del más caro con el del barrio de Leblón, en la zona sur de Río de Janeiro, el balneario exhibe construcciones de edificios modernos de hasta 72 pisos frente al mar y tiene un proyecto para instalar un puerto flotante de cruceros, que podría funcionar a partir de 2020.
El crecimiento desenfrenado de la construcción de hoteles, oficinas y departamentos, que se aceleró en los últimos cinco años, generó una competencia por la mejor vista de una de las bahías marítimas más admiradas de todo Brasil, lo que pueden palpar los turistas que aman la ciudad: después de las 16.30 hay que buscar el sol entre los recortes de la sombra de los edificios. “Nos encanta Camboriú porque tiene todas las actividades, deportes, playas anchas, un mar cálido... pero realmente nos sorprende que haya sombra a la tarde”, dijo a Télam, justamente cuando “caía el sol”, Carlos, quien fue desde Tucumán en automóvil junto con su familia a pasar las vacaciones en la segunda quincena de enero.
Para ONGs y especialistas en arquitectura el crecimiento inmobiliario es negativo, pero para los empresarios se trata de un momento único.
La temporada tiene un 90% de ocupación en hoteles, pero los turistas que llegan -tanto de Brasil como de Argentina- no están consumiendo como años anteriores, dijo Dirse Fistarol, vicepresidenta de la entidad que reúne a los dueños de hoteles, bares y restaurantes. Fistarol minimizó el tema de la sombra en la playa al afirmar que sólo algunos edificios la proyectan. Sin embargo, para Evandro Gaspar, profesor de Arquitectura de la Universidad del Valle de Itajaí, el sector hotelero y turísitico en general “se está dando un tiro en el pie” con esta explotación descontrlada. “Es algo absurdo tener sombra en la playa”, insistió Gaspar, para quien los nuevos emprendimientos a “la nueva Dubai” impactan contra el perfil del turista tradicional del balneario, que es el que busca gastar menos y disfrutar más de la playa.
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