¿Quién es, para mí, Jesucristo?

Por Redacción Sociedad 11 Diciembre 2016

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

“¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” (Mt 11,3).

Hoy, nos enseña San Juan Pablo II, en el tercer domingo de Adviento, la Iglesia repite la pregunta que fue hecha por primera vez a Cristo por los discípulos de Juan Bautista: ¿Eres tú el que ha de venir?

Así preguntaron los discípulos de aquel que dedicó toda su misión a preparar la venida del Mesías, los discípulos de aquel que “amó y preparó la venida del Señor” hasta la cárcel y hasta la muerte. Ahora sabemos que, cuando los discípulos presentan esta pregunta a Jesús, Juan Bautista se encuentra ya en la cárcel, de la que no podrá salir más.

Y Jesús responde remitiéndose a sus obras y a sus palabras y, a la vez, a la profecía mesiánica de Isaías: “Jesús les respondió: ‘Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva’” (Mt 11,4-5).

En el centro mismo de la liturgia del Adviento nos encontramos, pues, esta pregunta dirigida a Cristo y su respuesta mesiánica. Aunque esta pregunta se haya hecho una sola vez, sin embargo nosotros la podemos hacer siempre de nuevo. Debe ser hecha. ¡Y en realidad se hace!

El hombre plantea la pregunta en torno a Cristo. Diversos hombres, desde diversas partes del mundo, desde países y continentes, desde diversas culturas y civilizaciones, plantean la pregunta en torno de Cristo. En este mundo, en el que tanto se ha hecho y se hace siempre para cercar a Cristo con la conjura del silencio, para negar su existencia y misión, o para disminuirlas y deformarlas, retorna siempre de nuevo la pregunta en torno de Cristo. Retorna también cuando puede parecer que ya se ha extirpado esencialmente.

El hombre pregunta: ¿Eres tú, Cristo, el que ha de venir? ¿Eres tú el que me explicará el sentido definitivo de mi humanidad? ¿El sentido de mi existencia? ¿Eres tú el que me ayudará a plantear y a construir mi vida de hombre desde sus fundamentos?

Así preguntan los hombres, y Cristo constantemente responde. Responde como respondió ya a los discípulos de Juan Bautista. Esta pregunta en torno a Cristo es la pregunta de Adviento, y es necesario que nosotros la hagamos dentro de nuestra comunidad cristiana. Hela aquí:

¿Quién es para mí Jesucristo?

¿Quién es realmente para mis pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que soy cristiano y creo en Él, y cómo trato de conocer al que confieso? ¿Hablo de Él a los otros? ¿Doy testimonio de Él, al menos ante los que están más cercanos a mí: en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta?

Esta es precisamente la pregunta de Adviento, y es preciso que, basándonos en ella, nos hagamos las referidas, ulteriores preguntas, para que profundicen en nuestra conciencia cristiana y nos preparen así a la venida del Señor. (San Juan Pablo II)

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