No habiendo celebrado sesión el Congreso el 10 de diciembre de 1816, completaremos la crónica, iniciada ayer, de la secreta del día 9. Como se recordará, el Director Supremo, brigadier Juan Martín de Pueyrredón, había formulado duras afirmaciones sobre el diputado por Salta -electo pero no incorporado- José Moldes. En la reunión secreta, se abrió el pliego respectivo.
Según el acta, ese pliego contenía una queja de Pueyrredón “contra el nominado Moldes, por las detracciones más atroces e injuriosas (hechas) a su persona, a su autoridad, a la del Congreso y a todas las del país”. Había conocido estas imputaciones, expresaba, por una carta anónima que acompañaba en copia, “con indicaciones específicas y terminantes de las expresiones que ha vertido, y de las personas y concurrencias donde las ha producido”.
En esa misiva, Moldes calificaba al Director Supremo como el sujeto “más vicioso y corrompido del país”, imputándole “la sustracción de una carga de oro de los caudales del Estado, suplantándola (por) otra de plata”. Además, lo trataba “de pícaro, lo mismo que a los diputados del Congreso, entre los cuales una facción lo había elegido”, y esto junto a “otras aun más graves y criminosas imputaciones”.
El Director pedía al Congreso que precediera a la más exacta averiguación de tales acusaciones. Expresaba que luego correspondía a Moldes producir la prueba, “debiendo recaer a su mérito, o por su defecto, un juicio riguroso que, o castigue al Director sin piedad ni consideración en el primer caso, o un ejemplar castigo que escarmiente al calumniador en el segundo, y haga conocer este hombre audaz, turbulento y peligroso a las provincias”.
El Congreso acordó nombrar una comisión para las consecuentes averiguaciones. Se acordó que el presidente, Pedro Miguel Aráoz y el vice Juan Agustín Maza levantaría el sumario respectivo.
Según el acta, ese pliego contenía una queja de Pueyrredón “contra el nominado Moldes, por las detracciones más atroces e injuriosas (hechas) a su persona, a su autoridad, a la del Congreso y a todas las del país”. Había conocido estas imputaciones, expresaba, por una carta anónima que acompañaba en copia, “con indicaciones específicas y terminantes de las expresiones que ha vertido, y de las personas y concurrencias donde las ha producido”.
En esa misiva, Moldes calificaba al Director Supremo como el sujeto “más vicioso y corrompido del país”, imputándole “la sustracción de una carga de oro de los caudales del Estado, suplantándola (por) otra de plata”. Además, lo trataba “de pícaro, lo mismo que a los diputados del Congreso, entre los cuales una facción lo había elegido”, y esto junto a “otras aun más graves y criminosas imputaciones”.
El Director pedía al Congreso que precediera a la más exacta averiguación de tales acusaciones. Expresaba que luego correspondía a Moldes producir la prueba, “debiendo recaer a su mérito, o por su defecto, un juicio riguroso que, o castigue al Director sin piedad ni consideración en el primer caso, o un ejemplar castigo que escarmiente al calumniador en el segundo, y haga conocer este hombre audaz, turbulento y peligroso a las provincias”.
El Congreso acordó nombrar una comisión para las consecuentes averiguaciones. Se acordó que el presidente, Pedro Miguel Aráoz y el vice Juan Agustín Maza levantaría el sumario respectivo.
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